El hombre libre

 

 

Abundando en los breviarios, abro de vez en cuando y al azar alguna página de este Emanaciones: 2008-2011, los diarios de Juan Abreu, que me regaló hace unas semanas en Barcelona, cuando se acercó a mi puesto en el Mercado de San Antonio a comprar unos libros.

Abreu huyó de la dictadura cubana en 1980 partiendo en un barco desde el puerto Mariel. Aquí está su ficha en la base de datos que creó el Miami Herald con todos los cubanos que partieron esos meses. Su vida hasta aquella partida la contó en un libro emocionante gracias al equilibrio que mantienen en sus páginas la intensidad de lo vivido con la sencillez de su estilo. El breve capítulo dedicado a la liberación de los pájaros que tenían en la casa familiar es inolvidable.

Desde hace ya un tiempo, Abreu publica sus Emanaciones en internet. Hay dos cualidades que distinguen estos diarios de otros que se publican hoy en día en España: el tono y la libertad. No hay en la escritura de Abreu ni la intención de  trascendencia cursi ni el sometimiento a los juicios ajenos. Abreu vive en su escritura, y vive en libertad y escribe con libertad absoluta.

El libro contiene algunas fotografías. En una de ellas aparece desnudo y empalmado, creo que sobre la cama de un hotel. Alguien me dijo: «no era necesario», y pensé que precisamente en los detalles innecesarios se muestra con mayor fuerza la capacidad  de ser libre.

Pero quizá me equivocaba, porque Abreu opina sin atadura alguna, ni ideológica ni verbal. Atiende a lo que es necesario. Y quizá sea en lo necesario donde la libertad se expande con mayor virulencia. Para bien, claro.

Me duele decir que no es fácil. No, no es fácil ser libre, opinar abiertamente con el lenguaje en el que uno se siente más cómodo y eficaz. De alguna manera, nos pasamos la puta vida sacudiéndonos los yugos que nos imponen por todas partes, y en algún momento cedemos, haciéndonos creer que lo hacemos por evitar males mayores, cuando en verdad es por una mezcla de cansancio, inseguridad y miedo.

Abreu nos recibe en el dintel de su diario con una frase de Léautaud: «¡Cuánto tiempo antes de atreverse a ser uno mismo!» Le doy muchas vueltas a todo esto ahora que estoy escribiendo, y por tanto pensando, de qué manera la libertad contagia el estilo.

***

El plato de pasta que hice ayer me elevó por encima de vosotros, pobres mortales. De la siesta no desperté: resucité.

Habrá que limpiar los cristales, o qué.

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5 Comentarios

  1. Las cesiones articulan nuestro carácter. No es un todo o nada, es un juego de equilibrios. Todos a veces sentimos que no somos lo suficientemente libres para opinar y decidimos «ceder», lo cual en sí mismo también es un ejercicio de libertad (¿qué es la libertad?).

    Me ha gustado mucho la reflexión. Gracias por compartir.

    (Y ya puestos, podía usted haber compartido el «innecesario» documento gráfico).

  2. Sergio

    Pues también es verdad, señorita...

  3. Juan Abreu

    Pues yo creo que lo que articula nuestro carácter (y lo hace y nos hace) es la cantidad de libertad que somos capaces de asumir (y soportar). La libertad es el bien supremo.

    Y la señorita tiene razón, si se habla del documento, hay que mostrar el documento.

  4. Sergio

    ¿El monumento, dices?

  5. Juan Abreu

    Exacto. El monumento.

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