Tirar de la cadena

¿Qué voy a hacer?. ¿Ordenar los paisajes?
¿Ordenar los amores que luego son fotografías,
que luego son pedazos de madera
y bocanadas de sangre?
Federico García Lorca

Me toca ir a los barrios rojos de Berlín, en los que antaño se arrumbaban a las masas obreras. Ahora no se ven más que emigrantes, borrachos y yonquis. Hay más, lo sé, pero es lo que veo; lo que se ve. Suben al vagón del metro cuatro macarras, dos o tres de ellos turcos o árabes o así, que diría Umbral. El otro es un ario, cachas como sus colegas, tostado en un solarium de dos perras gordas y tatuado en la mano como un kíe. Con nosotros suben dos mozas, una con pañuelo y otra no sé si con yihad, o con kebab, o como diablos se llame la tela que le cubre toda la cabeza excepto los ojos. En el vagón hay un paisano, que diría un astur, con su bici soldada por él, con sus calcetines soldados por él, con su riñonera cosida con tela vegetal, con su ausencia de ducha. Un alternativo militante. Un zumbao. Le dice a la chica del kebab que va demasiado tapada, y uno de los quídams se le encara. Que respete las creencias (como una vez me dijeron en twitter un navarro y una catequista, además de su coro de chirliders), que como siga abriendo la boca se la parten, que de qué va, que le meten, que se calle. El otro, como es tonto y así lo ha demostrado, insiste. Y los quídams se encabronan. La cosa no llega a mayores. Silencio en el vagón, la chica del kebab se baja una parada antes, nosotros todos en la misma. Amago de acoso y al lío, vayan donde vayan. Yo, a mi casa, a fregotear.

***

Al final de semana, y principio de la que viene, se cumplirá un año de mi ruta gastronómica por Berlín. Lo dulce y lo amargo. Hora de tirar de la cadena, que ya huele.

***

Lecturas dispersas, escritos a matacaballo, empecinado en el error de siempre.

***

Qué peste, la del verdulerismo. Esas mujeres que escupen rulos, que están de vuelta de todo, que usan y abusan del lenguaje maternomarujo. Desconocen el hieratismo castellano, igualmente hipócrita pero impasible. No saben de esto ni en los madriles ni en Levante. Chauchau, teatro grotesco. Tirar de la cadena. Cuantas veces haga falta. Cuantas heces haga falta.

***

Parece que tenemos que envidiar a los cristianos, que ante la muerte sufren menos porque saben que se convertirán en centellas vibrátiles y en amor, como espermatozoides locos. Envidiemos también a los que imponen a sus propios diosecillos. La imposición, la guerra. Elogio del desertor.

***

Pelirrojas.

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

1 Comentario

  1. Leopardaaaaaaaaaaaaaaaaaaaa

    Qué bien que siga adelante esta Carta de Batalla, vale mucho la pena.
    Del Metro de Berlín, en su antigua parte roja y pioja, puedo decir que apesta a orines y los vándalos campan a sus anchas, cristales soplados en mano, lleno de un líquido tan rojo como ellos. Y es que para rojo, el único que me gusta y no quiere imponérseme, el vino, sea de Rioja o de Borja.
    Bajar a una estación subterránea de la antigua filial de la URSS intranquiliza al más pintado. Llamense "antisistemas", punkis, ultras, musulmoñas o neonenazas, las ratas deambulan por doquier, entre los raíles y por encima de los andenes. Experiencia sórdida, triste y digna de irse por el sumidero del retrete, al que usted alude.
    Encima, los sorianos más infernales viajan por él sin pagar. ¡Intolerable!

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *