Al salir, su padre le llamó, le dio una carta y un paquete. «Toma esto, lee esta carta y entrega todo en Palacio.» En la carta, con rebuscada impertinencia, Remigio devolvía al Rey su llave de gentilhombre. Juan rió a carcajadas y dejó sobre la mesa, sin explicación, la carta y el paquete. Al marchar, dijo: «Llévalo tú!». Y seguía riendo. Sin embargo, Remigio, con otra carta más cortés, envió la llave dorada, y al día siguiente le rogaron que pidiese también su baja en la Gran Peña. Entonces, se hizo francamente republicano, y se fue a vivir a una pensión barata de la calle de Jardines, justo frente a la redacción de La Tierra. Juan desapareció de Madrid; se supo que se había sublevado en Jaca y que estaba en Francia, refugiado. Volvió al proclamarse la República. Remigio figuraba entre los que esperaban, en la estación del Norte, su llegada y la de otros estudiantes, pero Juan no se dignó reconocerle.

Gonzalo Torrente Ballester. El señor llega.

Gonzalo Torrente Ballester comienza a escribir en el periódico La Tierra en 1930. Dos años antes se había instalado con su familia en Vigo, y desde allí hacía viajes esporádicos a Madrid, donde acudía por libre a las clases de la Facultad de Letras. En 1928, con diecisiete años, había escrito sus primeros artículos de prensa en Oviedo, en el periódico El Carbayón, dirigido entonces por su amigo Mariano Sánchez Roca. Fue éste quien le introdujo en la redacción de La Tierra, del que era subdirector.

La Tierra (16 de diciembre 1930/8 de junio 1935) era un periódico que se decía ideológicamente independiente. Estaba dirigido por el controvertido periodista y político Salvador Cánovas Cervantes. Contaba con el abogado Mariano Sánchez-Roca en la subdirección y con el conocido periodista Eduardo de Guzmán como redactor jefe. Este último era, junto con Cánovas, el alma del diario. Su tirada rondaba los 10.000 ejemplares y su difusión no se limitaba a Madrid y su provincia, sino que llegaba por unos u otros medios (distribución regular, intercambio de prensa obrera, etc.) a diversas regiones españolas y extranjeras. El periódico defendía una postura revolucionaria de extrema izquierda y filoanarquista. Estuvo marcado desde sus primeros pasos por la experiencia de Jaca y Cuatro Vientos y durante toda su trayectoria apoyó todos los movimientos insurreccionales contra la República. Defendió siempre un proyecto de República social que tendría su base en los hombres de la Confederación Nacional del Trabajo. Su relación con la CNT fue estrecha e intensa, hizo de portavoz de ésta en aquellos momentos en los que la censura impedía la actividad de la prensa orgánica. Sin embargo, el soporte ciego de La Tierra a las diversas candidaturas de extrema izquierda y su intento de movilizar electoralmente a las masas anarcosindicalistas, junto con el cambio en los puestos de coordinación y dirección en la Confederación, hizo que sus relaciones se enrarecieran considerablemente. Sobre el diario La Tierra, ver: FONTECHA, A.: «”La Tierra”, 1930-1935: Fuentes para el estudio de la cultura popular madrileña en los años treinta», en Prensa obrera en Madrid, Madrid, 1987. (María Losada Urigüen)

Salvador Cánovas Cervantes (primero sentado a la derecha de la fotografía), acompañado del subdirector del periódico Mariano Sánchez Roca (sentado a su lado). Detrás, de pie, Ezequiel Enderiz, redactor; Luis Rodríguez, administrador, y Eduardo Guzmán, redactor jefe del mismo diario, La tierra, en diciembre de 1930. (Fotografía obtenida del libro de Eduardo de Guzmán 1930: historia política de un año decisivo. Cortesía de Sexto Empírico.

La colaboración de Torrente en el periódico comenzó con la redacción de las notas de sucesos. Notas lacónicas relativas a robos y accidentes. Más adelante pasará a escribir crónicas y noticias sobre teatro y literatura, a veces firmadas con su nombre y otras sólo con las iniciales o con el seudónimo F. Freire de Cal. También tradujo dos cuentos muy breves de su amigo Rafael Dieste y un poema de Manuel Antonio. Escribió además un cuento propio, sin firma, titulado Cuento que no tiene título, que será el germen de una obra de teatro posterior, El pavoroso caso del señor Cualquiera, obra teatral de inspiración heideggeriana que editará en 1942 dentro del libro Siete ensayos y una farsa. En la introducción a éste hará mención a su origen: “fue publicada, sin mi nombre, en un diario madrileño que no quiero recordar ahora”.

Son tiempos de algaradas.

En 1929, Antonio Espina, colaborador de La Gaceta Literaria, publicó un artículo que me impresionó: “Cita del 3 y el 0” o sea 1930 como año en que “había ya que definirse”. La politización en la literatura comenzaba y el mismo Antonio Espina daría testimonio de ello cuando a primeros de ese año 1930, Ramón Gómez de la Serna me ofreció un banquete en «Pombo» con más de cien comensales y en el que a su final, mientras Rafael Alberti repartía un panfleto contra la Revista de Occidente en el que aparecía de «damo» Antonio Marichalar, acompañando siempre a las musas de Ortega, una Condesa y una Duquesa, el propio Espina se levantó para disentir de la presencia de un fascista como el comediógrafo Bragaglia entre los comensales, y atacar con ese motivo la Dictadura de Primo de Rivera auspiciando una España liberal y republicana. Frente a lo cual Ramiro Ledesma Ramos se alzó, no a defender a dictador alguno, sino a pedir un clima de heroísmo entre las juventudes. Y respondiendo a la pistolita simbólica, la de Larra, que sacara Antonio Espina, empuñó una de verdad. Con lo cual se armó un jaleo terrible en el viejo y plácido «Pombo», teniendo necesidad Ramón de utilizar su voz estentórea como un apagafuegos para dominar aquel choque. La guerra civil había comenzado en España. Y, una vez más, los poetas precedían a los políticos. Los poetas como nubes preñadas de tormenta.

Ernesto Giménez Caballero. Memorias de un dictador.

El joven Gonzalo se unirá a las manifestaciones juveniles antimonárquicas organizadas por un sujeto llamado Antonio María Sbert Massanet, fundador de la Federación Universitaria Escolar, una agrupación de asociaciones de estudiantes que había tenido éxito organizando una huelga en 1929. Sbert, según GTB, era “un mal tipo: alto, moreno, mostachudo, mal encarado, absolutamente tonto” y era quien daba las consignas e instigaba a las masas de jóvenes contra la policía. Sbert consiguió el escaño de diputado de Barcelona por ERC en las elecciones a las Cortes Constituyentes de 1931 y fue consejero de la Generalidad de Cataluña durante la guerra.

En el año 2007 La tierra seguía generando polémica. El diario El país publicó en febrero un artículo de Antonio Elorza titulado Guerra de palabras, que decía lo siguiente: “Otro tanto sucedía con el diario izquierdista La Tierra, en cuyas páginas colaboraban anarcosindicalistas y comunistas cargando un día tras otro contra el régimen, debidamente subvencionados por la derecha monárquica para tan santa labor”. Cuatro días después la viuda de Eduardo de Guzmán, Carmen Bueno, respondía con una carta al director:

Carmen Bueno Uribes. “Sobre el periódico republicano La Tierra” (El país, 25 de Febrero de 2007)

En el artículo “Guerra de palabras” firmado por Antonio Elorza, edición de su periódico del 21 de febrero, se afirma respecto al diario republicano La Tierra que los “anarcosindicalistas y comunistas” que colaboraban en él estaban “debidamente subvencionados por la derecha monárquica”.

Al respecto desearía aclarar:

1. En La Tierra trabajaban y colaboraban republicanos federales e intelectuales radicales como E. Barriobero, A. Samblancat, Mauro Bajatierra, Ricardo Baroja, Hildegart, Pi i Arsuaga, J.A. Balbotín hasta su alianza con el PCE, … así como dirigentes de CNT: Federica Montseny, Melchor Rodríguez, J. García Pradas… No colaboró ningún comunista.

2. La Tierra, con su director y propietario Santiago Canovas Cervantes, Sánchez Roca, subdirector y quien fuera mi marido, Eduardo de Guzmán, como redactor-jefe trabajaron por traer la II República y adoptaron una actitud crítica hacia sus primeros gobiernos, lo que les produjo no pocos problemas hasta que los radical-cedistas del derechista “bienio negro” cerraron el periódico a finales de 1935.

3. Las acusaciones contra La Tierra surgieron de manera particularmente calumniosa en 1937 y en el periódico Pravda, de Moscú, edición del 22 de marzo, con un ataque al órgano de la CNT catalana Solidaridad Obrera diciendo que “el verdadero redactor del periódico es Canovas Cervantes, ex-redactor del periódico fascista La Tierra”. La afirmación hacía daño a los oídos. La calumnia fue más o menos mantenida por el PCE-PSUC y los que siguieron o incluso siguen hoy, al parecer, su estela intelectual.

4. Los franquistas apreciaban La Tierra de muy diferente manera. El periodista franquista e historiador de la prensa, Pedro Gómez Aparicio en La Gaceta de la prensa del 15 de agosto de 1963 se refiere al periódico en cuestión así: “… La Tierra, propiedad ya en exclusiva de Cánovas Cervantes” fue “uno de los diarios más infames y que más contribuyeron al advenimiento de la II República”. No parece, pues, que sus colaboradores estuvieran pagados con el dinero monárquico.

5. Terminada la guerra, estos, “subvencionados por la derecha monárquica” acabaron así: Bajatierra, asesinado por las tropas franquistas a su entrada en Madrid; Barriobero, fusilado por los mismos a su entrada en Barcelona; mi marido Eduardo de Guzmán condenado a muerte; Canovas Cervantes exiliado en Venezuela donde murió en la más profunda pobreza; Melchor Rodríguez con muchos años de cárcel; y el resto en diversos paredones y exilios de todos conocidos. Además de Ángel de Guzmán hermano de Eduardo, prisionero del fascismo en el frente de Madrid y “desaparecido”.

6. Creo que la afirmación de A. Elorza, a quien no conozco, entra en el terreno de la calumnia contra los que como mi marido trabajaron en La Tierra y cuyos familiares sobreviven hoy.

La respuesta de Antonio Elorza fue contundente:

Antonio Elorza. “En torno a La Tierra” (El país, 27 de febrero de 2007)

En una carta firmada por la viuda de Eduardo de Guzmán, se me acusa de calumniar a quienes hicieron ese periódico. Por medio de Eduardo Haro llegué a conocer a Eduardo de Guzmán y a su compañera en su piso de Atocha, por los años 70. Era un hombre entrañable que nos dejó testimonios estremecedores sobre la represión en el fin de la guerra.

Pero 1933 no era 1939. Ser víctima de la represión de Franco en el 39 no implica haber sido antes republicano. El desprestigio del propietario de La Tierra, Cánovas Cervantes, periodista conservador pasado al anarquismo “racial”, era total entre quienes vivieron el período republicano. Le apodaron “Ni lo uno ni lo otro”. Ente otros testimonios orales que recibí al respecto está el del político derechista Pedro Sainz Rodríguez, quien me contó, en entrevista facilitada por la prof. López Kéller, que la derecha monárquica subvencionaba en un sentido y en otro, a José Antonio y a La Tierra“con tal de fastidiar a la República”. Lo precisa en su autobiografía Testimonio y recuerdos (Planeta, 1978, p.246), partiendo de la campaña sobre Casas Viejas: “Esta campaña -se sabe ahora porque yo creo conveniente revelarlo- fue impulsada por las derechas (…) El señor Cánovas Cervantes, director y propietario del periódico, se citaba conmigo precisamente en la rinconada que hace el callejón de Arenal ya mencionado, enfrente de la librería de los Bibliófilos (…). Allí recibía Cánovas Cervantes un sobre en el que iban las directrices de la campaña, textos redactados por nosotros y una muestra de nuestro agradecimiento por esta colaboración política”.