La única fotografía conocida de Regina García, la autora de Yo he sido marxista, es la que presentaba la Fundación Pablo Iglesias en su web. He encontrado la fuente original y he podido copiarla con una mayor resolución. La fotografía proviene de la revista Lecturas de enero de 1932.

Además, Regina García se describe a sí misma:

 

¿COMO SOY YO? Original es la preguntita y no ciertamente muy fácil de contestar. En seguida se me ocurre preguntar a mi vez: ¿Vista por dentro, o vista por fuera? De las dos maneras creemos todos los mortales conocernos bien, y siempre sucede que son los demás los que mejor nos conocen. El paisaje no puede contemplarse a sí mismo; pero vamos a hacer un esfuerzo de desplazamiento íntimo, y ver de contemplarnos y retratarnos, cediendo al amable requerimiento del director de LECTURAS, que no cesa ni descansa en la labor bien lograda de dar a esta revista la máxima animación. 

Externamente, ahí va esa foto a la que poco he de añadir: un metro cincuenta y seis de estatura; cincuenta y cinco quilos de peso; cabellos rubiorrojizos, ojos negros, y tez demodé; esto es, excesivamente blanca. 

Interiormente, una sempiterna soñadora que no han logrado despertar las agrias realidades de una vida de lucha sin descanso; un ferviente anhelo de una vida mejor, pero no al estilo de los místicos, sino al de los maestros Marx y Engels: una vida mejor dentro de este planeta, y conseguida por el esfuerzo colectivo de la humanidad en pleno. Un temperamento en exceso afectivo y apasionado. Un carácter vivaz y un genio pronto y variable, a veces suave y a veces violento. Una ambición sin límites y una generosidad igual a la ambición. ¡Ah, y una sensibilidad casi enfermiza, vibrante a todo choque estético y a toda conmoción moral! 

Además, sencilla y orgullosa a un tiempo, presumida, amiga de compostura y adorno y con una falta de sentido práctico realmente espantosa. 

¿Datos biográficos? Ahí van algunos. 

De origen modesto, huérfana desde la primera infancia, obligada a ganarme la vida desde los diez y siete años, y viviendo sola y emancipada de toda tutela desde esa temprana edad. Estudios un poco de aluvión, luego en una normal de maestras, después lecturas y más lecturas, y ahora emborronar cuartillas y hablar en público, cuando hay quien escuche discursos y conferencias. 

Y a todo esto, encantada de la vida, y con un excelente concepto de los hombres, a los que considero la parte mejor, la mitad más noble de la Humanidad.