Racistas on the rocks

por Sergio Campos

 

 

Hace un par de días entregué, por fin, la reseña de varios libros sobre el prusés y el yudisi para la revista Claves. En mis hebdomadarios viajes a Barcelona he visitado algunas librerías para echar un ojo a lo que hay publicado sobre el tema. En una Abacus exponían en lugar de honor a los libros escritos por presos y adláteres varios; tuve que comprar el de Cristian Campos después de preguntar en qué plúteo estaba, porque lo habían ocultado a conciencia. En una sucursal de la Central tenían la colección completa de libros sobre el juicio, todos  excepto el de Arcadi.

Se ha escrito mucho, pero poco es bueno. Yo creo que la calidad se resiente por la urgencia de publicar en pleno fragor de la batalla. Un poco más de reposo habría dado a algunos periodistas la idea del enfoque exacto; de ahí, el tono adecuado saldría solo. Arcadi ha acertado al tratarlo con humor, aunque creo que su libro necesitará de una edición con notas dentro de diez años por el exceso de referencias cuyo significado se perderá con el tiempo. Ha sido un proceso tan grotesco y carnavalesco dentro de su vileza y de su abyección, que solo se puede conjurar la infamia con la carcajada. Lo ha logrado, gracias también a la coadyuvancia de ese misterioso genio que es Giovannini. Sus ilustraciones me parecen magistrales. Son divertidísimas.

Ahora, el libro que más me ha entretenido de todos es el de Javier Melero. Abogado de varios racistas, se declara no independentista y eso es algo que gusta mucho. El sí pero no, la equidistancia, el tercerismo, etc. Yo me adheriría con pasión y desvistiéndome de la serenidad de mi ánimo hasta alcanzar la violencia si esa pretendida objetividad fuera cierta. Pero no lo es, porque este libro es un remedo paleto de las novelas de Chandler y en sus páginas solo hay dos tipos de personajes: los buenos y los malos. Los buenos son los independentistas, una gente muy jatorra, como se dice en la Comunidad Autonómica Vasca, muy majetona y sensata. Los malos son los jueces y los fiscales, y por encima de todos el Rey.

Melero ha escrito un libro con referencias sobre el boxeo, que practica regularmente (quizá de aquí venga esa cara de sonado que ponía cuando Marchena le atizaba en el juicio), con títulos que hacen referencia a discos de rock, de pop, etc., y con un estilo pretendidamente planiano pero ampuloso, naïf hasta extremos tan exagerados que resulta ridículo. Melero tiene una obsesión alucinante con los ojos y las miradas. Cada vez que el lector tiene la desgracia de que Melero se cruce con alguien, éste se pone a describir los ojos o la mirada de su interlocutor con frases de escritorzuelo de tercera ganador del accésit de algún premio municipal otorgado por el ayuntamiento de alguna recóndita comarca («sus párpados pesados ocultaban una mirada azul y húmeda que reflejaba…», «la mirada de sus prominentes ojos oscuros era tranquila e imperturbable…», y así hasta casi ciento cincuenta referencias similares).

Melero es el típico sujeto secuestrado por los racistas que se pretende objetivo pero se niega a reconocer el racismo de sus colegas. Conozco a cientos como él. Son el escollo principal para que la verdad se imponga sobre la mentira.

***

Después de meses, quizá años, con problemas en la canalización del baño y la cocina, he concertado una cita con el casero para que solucionen el problema. Ayer me llegó el café. Lo quería por encima de cualquier cosa: de los huevos, de la harina, de las naranjas. Lo curioso es que prefiero el café malo al bueno, la achicoria al perfume, la gasolina al néctar.

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1 Comentario

  1. Rafa Sánchez

    Sicofante de los nacionalistas, bufones del poder.

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