Poesía de guerra

A partir de mayo de 1938 comenzó a circular entre las trincheras un librito de tapas rojas, a la manera de un carné o un pasaporte, con quince poemas escritos por Agustín S. Puértolas titulado Todos los aires. Eran poemas fechados entre 1933 y 1938. Entre los anteriores a la guerra, alguno referido a Harlem y Louisiana. Uno de ellos, además, dedicado al escritor Sherwood Anderson.

Agustín Puértolas, 1939

Agustín Puértolas Sanjuán había nacido en Bilbao el 25 de diciembre de 1910, aunque su origen, por lo que me dicen, podría ser oscense. Era técnico de sonido y antes de la guerra había escrito en la prensa algunos artículos sobre cine. Parece que ya conocía Estados Unidos antes de que se instalara en Nueva York en los años 40, por lo que es posible que fuera alguno de los españoles que anduvo por Hollywood cuando Neville y tantos otros recalaron en los estudios norteamericanos. Quién sabe. Sí sabemos que era comunista, aunque también estuvo afiliado al P.O.U.M., que tuvo cargos en el partido y que tras la guerra se exilió en México, adonde llegó en julio del 39 a bordo del Ipanema. Debió de ser por entonces cuando una experiencia mística lo cambió por completo. Vio a Jesucristo, se hizo católico y se pasó a la Falange. Así se lo expuso a los dirigentes del P.C.E., sincero y claro.

Agustín Puértolas, 1944

En México anduvo enredado con la creación del Instituto de Cultura Hispánica en el país, y publicaba artículos para el madrileño La Hora y para algunas revistas literarias españolas. Publicó algún libro y en algún momento marchó a EE.UU. con su mujer, una antigua enfermera de la División Azul, aunque viajaba continuamente a México y a España. Fue amigo de Salvador Vallina y de Enrique Castro Delgado, a quien convenció para que regresara a su país.

Todos los aires fue brevemente reseñado en algún periódico durante la guerra, y años más tarde lo recordaría un amigo de entonces de Puértolas, el poeta Volga Marcos, que al parecer no se había enterado de la militancia de Agustín en el falangismo.

Los poemas del libro son breves. Alguno parece incluso un apunte, como este titulado 1936:

oscurecían el aire
nubes de vidrio y metal,
temblor de brújulas muertas,
látigos de tempestad.

En sus versos aparecen el whisky, las putas, ratas y cloacas. Los dedicados a la guerra hablan de soldados y de obreros, fascistas asesinos y ciudades devastadas, hornos, trincheras y ametralladoras.

La vida de Puértolas tiene algunos capítulos que no se explican bien. Su interés por la literatura —llegó a fundar una editorial en México que no sé si llegó a tener catálogo— y su trabajo como comercial, que le había de llevar a países sudamericanos aunque terminaba quedándose en México; sus idas y venidas continuas; su militancia en el P.C.E. y en el P.O.U.M.

De su suerte final no sé nada, su rastro se me pierde en los años 40.

 

 

 

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2 Comentarios

  1. Emilio Quintana Pareja

    Estimado amigo. Tiene uted una copia para compartir de "Todos los aires"?

  2. Sergio Campos

    Estoy tratando de hacerme con uno. Hay un ejemplar en la BNE.

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