Nacht und Nebel: sorianos en los campos de concentración nazis

Publicado en el número 5 del Boletín Informativo del Centro de Estudios de la Tierra de Ágreda y el Moncayo Soriano.

 

Quizá una de las fotografías más inquietantes de la Segunda Guerra Mundial sea la de Adolf Hitler con la Torre Eiffel al fondo, por el delicado simbolismo que nace de la confrontación entre civilización y barbarie. La ofensiva alemana sobre Francia fue vertiginosa y cogió por sorpresa a la población, que no concebía que su país fuera invadido por el eterno enemigo. En el estupendo documental Le chagrin et la pitié (La pena y la piedad), de Max Ophüls, se habla de la iniciativa de un grupo de mujeres que pretendía recaudar fondos con el fin de sembrar rosas a lo largo de la línea Maginot, la frontera con Alemania e Italia que Francia fortificó tras la Primera Guerra Mundial. Miguel Ángel Cárcano, embajador de Argentina en París, publicó en 1949 su libro Victoria sin alas (1949), donde incide en aquella peligrosa ingenuidad cuando narra, basándose en su diario de aquellos días, la entrada de las tropas nazis en París. La gente continuaba llenando bares y restaurantes pese a los bombardeos, convencida de que la aviación frenaría a los soldados alemanes. Cárcano escribió el 8 de junio de 1940:

«Es este el bar de una juventud increíble, francesa y extranjera. Una jovencita platinada, de prolijos rizos y bata roja, acaba de entrar y atrae la mirada de todos con un aire aristocrático y actitud satisfecha. La rodea un grupo de estudiantes que rechaza con indiferencia. Hablan, beben, ríen, entran y salen. De pie, en una esquina del mostrador, observo este cuadro típico de la vida que continúa, el mismo de hace veinte años, con iguales personajes e idéntico diálogo, pero con caras y trajes distintos. ¿Continuará veinte años más tarde?»

Los alemanes entraron en París el 13 de junio y sí, la vida continuó de la misma manera veinte años después, gracias a la victoria de los aliados y a la lucha de miles de hombres que dejaron su alma y su vida en el frente, en la retaguardia y en los campos de concentración nazis. Gentes de todas las nacionalidades y de todas las regiones, aun las más recónditas del mundo, no pudieron gozar de nuevo la vivífica normalidad de los bistrots ni la alegría dehiscente del bullicio parisino.

El final de la Guerra Civil española arrojó al país vecino a miles de refugiados que huían de la venganza de las tropas franquistas. Muchos de ellos, combatientes del ejército republicano, se integraron en la Resistencia francesa en cuanto estalló la guerra. Una de las medidas de los nazis en la Francia ocupada fue la organización de diversas operaciones destinadas a capturar a sus miembros. El 7 de diciembre de 1941 se decretaron las Directivas para la persecución de las infracciones cometidas contra el Reich o las Fuerzas de Ocupación en los Territorios Ocupados («Richtlinien für die Verfolgung von Straftaten gegen das Reich oder die Besatzungsmacht in den besetzten Gebieten»), más conocidas como Decreto Noche y Niebla («Nacht-und-Nebel-Erlass»), que dieron lugar a diferentes operaciones que llevaron a la detención de miles de enemigos políticos en diferentes prisiones francesas. Posteriormente serían deportados a campos de concentración alemanes. Tras la caída del régimen nazi, el Tribunal Internacional de Núremberg declaró el decreto como un crimen de guerra y condenó a la horca a uno de sus firmantes, el mariscal Wilhelm Keitel.

Entre los prisioneros víctimas del decreto «Noche y Niebla» hubo veintitrés sorianos, de los cuales doce murieron y siete fueron liberados. No hay información sobre el destino final de cuatro de ellos. El más joven tenía 22 años cuando murió en el campo de Mauthausen, donde había logrado sobrevivir diecisiete meses. Se llamaba Mariano Pastor García y era de Soria capital. El mayor de todos fue Vicente Borjabad Tarancón, de Matute de Almazán, que contaba con 56 años cuando fue liberado del campo de Neuengamme. Dos jóvenes sorianos apenas sobrevivieron cuatro meses la tortura de los campos: Alberto Martínez Manso, de El Burgo de Osma, que también había sido el primero en caer en manos de los nazis; y Damián Gañán Rejas, de Fuentecambrón. Ambos tenían 27 años en la fecha de su muerte.

mauthausen

Mauthausen

La mayoría, diecisiete en concreto, puso sus pies en el campo de concentración de Mauthausen, ubicado en el estado federado de la Alta Austria, muy cerca de la ciudad de Linz y a unos ciento sesenta kilómetros al este de Viena. El pueblo de Mauthausen cuenta hoy en día con algo más de cinco mil habitantes. A las afueras se erige la fortaleza del campo, hoy un inmenso memorial, por el que pasaron unos doscientos mil presos, incluyendo los que penaban en los cuarenta subcampos que formaban parte del sistema concentracionario de Mauthausen. Murieron unos cien mil, la mitad de ellos en los últimos meses antes de la liberación por las tropas norteamericanas, que tuvo lugar el 5 de mayo de 1945[1].

Mauthausen es especialmente conocido por la gran cantidad de españoles -en torno a siete mil- que fueron allí deportados. Al entrar en el campo fueron señalados con un triángulo azul invertido con la letra S en su interior. Los que se organizaron en torno a la agrupación del Partido Comunista tuvieron más oportunidades de sobrevivir, acostumbrados como estaban a las condiciones de vida clandestina, a una disciplina férrea y a la ayuda mutua que se prestaban. Fueron ellos los que recibieron a los soldados americanos que entraron en el campo con una pancarta que colgaron en la puerta de entrada. Rezaba en español: «Los españoles antifascistas saludan a las fuerzas liberadoras». De los siete mil sólo lograron sobrevivir dos mil ochocientos cincuenta y cuatro[2].

El fotógrafo Francisco Boix[3], un prisionero que trabajaba en el laboratorio fotográfico del campo, logró tomar numerosas instantáneas que demuestran las inhumanas condiciones de vida que sufrieron los hombres allí encerrados. Los prisioneros, mal alimentados, estaban condenados a trabajos forzados en las fábricas de los subcampos y en una cantera cercana, conocida por los ciento ochenta y seis escalones que habían de subir y bajar transportando piedra. A principios de 1941 el campo fue el único designado con la categoría III, la de condiciones más duras, que recibía el nombre de «Ausmerzungslager» (Campo de exterminio mediante el trabajo), destinado a «delincuentes habituales y elementos antisociales incapaces de rehabilitación». Técnicamente no era considerado un «Vernichtungslager», un campo de exterminio como el de Auschwitz-Birkenau o los de Treblinka, Sobibor o Belzec. Estos campos fueron creados específicamente para el exterminio de los judíos, y estaban situados todos en la parte oriental de Polonia. Los prisioneros de los trenes que llegaban allí provenientes de Francia, Alemania u otras regiones dominadas por los nazis, iban a parar en su mayoría a las cámaras de gas nada más entrar al campo. Pese a no ser un «Vernichtungslager», muchos prisioneros de Mauthausen fueron también gaseados, primero en una cámara situada en la población de Linz; luego, en un camión diseñado para asesinar con gas, y a partir de 1942 en una cámara en la que se estima que murieron en torno a tres mil quinientos presos, algunos de ellos españoles.

En Mauthausen, por ejemplo, murió Virginio Martínez Montes[4]. Hijo de Cirilo -de quien tomó su segundo nombre- y Hermenegilda, había nacido en Magaña en 1906. Cumplió con el servicio militar en Ceuta y Huesca, en el V Regimiento de Artillería a Pie. En julio de 1936 trabajaba como peón agrícola en Navarra. Fue denunciado en Soria por causas desconocidas y huyó a Barcelona, donde vivían Carmen y Matías, dos de sus cinco hermanos. Allí pasó la guerra hasta que en febrero de 1939 cruzó la frontera junto a su hermana. Ambos fueron internados en campos distintos; Virginio, posiblemente lo hiciera en Argelès. Al principiar la guerra mundial, los refugiados españoles fueron reclutados en las CTE, las Compañías de Trabajadores Extranjeros. Su labor consistía en reforzar las defensas de la línea Maginot.

Virginio fue detenido -posiblemente a finales de junio- en Saint-Dié-des-Vosges, a pocos kilómetros de la frontera con Alemania que define el Rin. Fue conducido al Stalag V-D de Estrasburgo. El 11 de diciembre de 1940 fue deportado a Mauthausen en un convoy que transportaba 847 españoles, de los que finalmente murieron 431. Junto a él viajaba otro soriano, del Cubo de la Sierra: Rufino Martínez Aylagas, nacido en 1915, hijo de Lucas y María. Ambos llegaron a Mauthausen el 13 de diciembre y recorrieron bajo el frío helador los casi cinco kilómetros que separan el campo de la estación de ferrocarril del pueblo[5].

La naturaleza de un Vernichtungslager, un campo de exterminio, impide que el escaso número de supervivientes desarrolle un relato sobre su vida bajo la tortura nazi. En 2007 inicié junto a cuatro amigos las pesquisas sobre la vida de Aly Herscovitz, una muchacha judía, novia del escritor Josep Pla. Aunque la investigación nos llevó dos años, tardamos sólo algunas semanas en descubrir su destino: había muerto en Auschwitz. La condición inhumana de la maquinaria nazi nos hurtó la información concreta de su final: cuándo y cómo fue asesinada. No obstante, disponíamos del dato concreto de su llegada al campo. Su convoy, el número 12 que partió desde Drancy en julio de 1942, lo integraban 1.001 judíos, de los que solamente sobrevivieron cinco[6]. Nos resultaba insuficiente paliar la falta de información y la inexistencia de testimonios con la reconstrucción de su llegada al campo y de sus condiciones de vida en él. Nuestro desconocimiento tenía un punto de angustia. Aquella ausencia de información sobre el final de Aly contrasta con el número de testimonios que se conservan del convoy de Estrasburgo en el que viajaban Virginio y Rufino. En el año 2003, el profesor David Pike hizo una reconstrucción factual, basada en diferentes testimonios que consiguió reunir, del viaje en los vagones del convoy, de la llegada a la estación del pueblo de Mauthausen, de la ascensión hasta el campo y de las primeras impresiones de los presos en aquel antro de la muerte. La brutalidad de los hechos –el frío, el dolor, la divertida incredulidad de los presos al encararse a la absurda escenificación de la violencia- es tal que por un instante se puede añorar la ignorancia; pero conviene reponerse de inmediato y recordar el lema del escritor soviético Isaak Babel: «hay que saberlo todo». El libro de Pike, Españoles en Mauthausen, se tradujo al español y existen varias ediciones[7].

Virginio Martínez Montes y Rufino Martínez Aylagas fueron trasladados al campo satélite de Gusen, conocido por ser especialmente aniquilador, ya que registró una mayor mortalidad que Mauthausen. Rufino murió el 2 de junio de 1941, con 26 años. Virginio fue trasladado allí el 29 de marzo y murió de bronconeumonía el 27 de septiembre de 1941, con 35 años.

Antes que ellos habían arribado a Mauthausen otros tres sorianos: Alberto Martínez Manso y Emeterio Vesperinas Íñigo, que fueron deportados juntos el 9 de agosto de 1940 procedentes del Stalag I-B de Hohenstein (en la actual Polonia, a unos ciento sesenta kilómetros al sur de Kaliningrado) y Balbino Rincón Peñalva, que fue deportado desde Angulema unos días después, el 24 de agosto. Alberto Martínez murió el 16 de diciembre de 1940 con 27 años, tres días después de la llegada de Virginio y Rufino. Emeterio Vesperinas murió el 23 de septiembre de 1941, cuatro días antes que Virginio, con 30 años. Balbino Rincón murió el 19 de diciembre de 1941 con 25 años.

Entre enero y diciembre de 1941 llegaron a Mauthausen otros doce sorianos: Miguel Martínez Fraile, Ciro Redondo Gómez, Emilio Serrano Giménez, Víctor Martínez Crespo, Jacinto de Miguel Mostajo, Paulino Sáez Aguilera, Santiago Romero Llorente, Damián Gañán Rejas, Mariano Pastor García, Domingo Riaguas Alonso, Antonio Rodrigálvarez Jodra y Julio Tomás Ortiz. Solamente sobrevivieron Ciro Redondo, Damián Gañán y Domingo Riaguas. El resto murió en Mauthausen, excepto el agredeño Emilio Serrano, que sufrió un periplo por varios campos, finalizando en Buchenwald[8].

Buchenwald ganchos

Buchenwald

Emilio Julián Serrano Giménez[9] había nacido en Ágreda en 1909. Su padre era el veterinario Manuel Serrano Zalabardo, natural de Yanguas, y su madre Ignacia Giménez, de Fuentes de Ágreda. De los veintitrés sorianos aquí reseñados, sólo he podido localizar a seis como militares del ejército republicano[10]. En el Diario Oficial del Ministerio de Defensa (nº 129 de 1938) aparece un Emilio Serrano Giménez, ascendido de cabo a sargento en el Cuerpo de Tren del Séptimo Batallón de Etapas. En algún momento de sus numerosos tránsitos por diferentes campos dio como profesión la de abogado. Fue detenido también en la zona de los Vosgos, como Virginio Martínez, aunque posiblemente más tarde. Pasó primero por el Frontstalag (campo de prisioneros de guerra en el frente) 140 de Belfort y posteriormente fue internado en el Stalag XI-B Fallingbostel. El 25 de enero de 1941 fue deportado a Mauthausen en un convoy que transportaba a 1.472 republicanos, de los cuales murieron 1.079. Llegó al campo el día 27 y permaneció en Mauthausen casi dos años. Fue trasladado el 8 de noviembre de 1942 a Dachau, el campo de las inmediaciones de Múnich en cuya puerta constaba el mismo lema que en Auschwitz: «Arbeit macht Frei» (El trabajo libera). Dos años después, el 14 de diciembre de 1944, fue trasladado a Buchenwald. El campo fue liberado pocos meses más tarde, en abril. No se ha encontrado aún un solo documento que informe sobre la suerte del agredeño Emilio Serrano. El hecho de haber sido movido varias veces y de que hubiera aguantado tanto tiempo en campos tan destructivos como Mauthausen y Dachau podría hacer pensar en un final propicio, pero los últimos días de Buchenwald fueron especialmente siniestros. En ese campo compartió destino con otros dos sorianos, Agustín García, de Matalebreras, y Agustín Gimeno, de la capital.

Agustín García-Troncón Ostriz[11] nació el 26 de mayo de 1894 en Matalebreras. En los documentos de archivo de los campos aparece la fecha del 27 de mayo, que fue la de su bautizo. Vivía con su mujer en Anglet, una pequeña ciudad de la Aquitania muy cercana a la frontera española. Fue detenido a finales de enero de 1943 en la operación «Meerschaum» (Espuma de mar), que se había iniciado el mes anterior y que se alargaría hasta finales de verano. Agustín García fue hecho prisionero e internado en Bayona primero, después en Burdeos y finalmente en el campo de Compiègne, situado en el norte de Francia, en la región de Picardía. El 17 de enero de 1944, casi un año después de su detención, fue deportado junto a Agustín Gimeno a Buchenwald en el convoy I.171., de 1.944 hombres: algo más de mil quinientos franceses, doscientos treinta españoles y el resto ciudadanos de otras veintiséis nacionalidades. Al final de la guerra habían muerto 679 y habían desaparecido 57. El convoy I.171 fue especialmente problemático. Hubo numerosos intentos de fuga, por lo que tuvo que parar en numerosas ocasiones. Como represalia, los alemanes ordenaron que se desnudara todo un vagón y transfirieron a otro a todos los prisioneros. Durante los tres días de viaje sólo tomaron una sopa como alimento, durante una parada en la ciudad de Tréveris. Agustín García fue uno de los supervivientes de aquel convoy. Pocos días después partiría también de Compiègne otro español, el escritor Jorge Semprún, que llegó a ser ministro de Cultura con el gobierno socialista de Felipe González y dejó constancia de su traslado en el libro El largo viaje.

Registrado como prisionero político español, con el triángulo rojo señalado con la letra S, Agustín permaneció un tiempo en el bloque 52 del llamado «Kleine Lager» (Campo pequeño), un conjunto de barracones destinados a la cuarentena situado al norte del campo. Posteriormente fue trasladado al bloque 45. A mediados de mayo de 1944 realizó trabajos forzados en la fábrica de armamento Gustloff Werk II, y a finales de diciembre fue trasladado a la cercana localidad de Weimar, a la fábrica Gustloff Werk I. Ante la llegada de las tropas norteamericanas, los prisioneros fueron llevados de nuevo a Buchenwald a primeros de abril. Allí, Agustín García vivió la liberación del campo. Contaba con 50 años y se desconoce cuál fue su suerte posterior.

Semprún ha hablado de cómo fue la liberación de Buchenwald[12]. Cómo bajó de Ettersberg, la colina donde se asienta el campo y el lugar donde Goethe solía acudir a pasear y a departir con sus amigos, antes de encontrarse con una patrulla de soldados norteamericanos. Quizá llegó a conocer a Serrano, García y Gimeno. En cualquier caso, es posible que rigiera sus destinos, ya que trabajaba en el edificio del «Arbeitsstatistik» (Trabajo estadístico), el archivo del campo donde se manejaban las fichas de los presos y donde se determinaba el lugar de trabajo de cada uno de ellos.

Agustín Gimeno Escalada[13], hijo de Ramona y nacido en 1909, no vivió la liberación del campo. Había sido detenido a finales de marzo de 1943 en territorio francés y fue encerrado en Compiègne, como García y Semprún. Llegó, como se ha dicho, en enero del 44 y también permaneció en cuarentena en el bloque 52 del «Kleine Lager». Fue trasladado al campo de concentración de Flossenburg, en Baviera, donde llegó el 23 de febrero. Gimeno era metalúrgico y carpintero, y cuando llegó al campo todas sus pertenencias se reducían a un abrigo, una chaqueta, dos pantalones, unos calzoncillos, un par de zapatos, dos pares de calcetines, una bufanda y un par de guantes. El 24 de julio fue trasladado en un grupo de cien presos al campo satélite de Janowitz (Vrchotovy Janovice). Era el único español. En enero de 1945 una epidemia de tifus medió la población reclusa. Los supervivientes fueron llevados a campos cercanos; la proximidad de las tropas que liberaron la zona obligó a los nazis a seguir alejando a los prisioneros en dirección a Praga. Se desconoce cuál fue el paradero de Agustín Gimeno.

tabla

Liberados y desaparecidos

Aquellos hombres que fueron detenidos tardíamente tuvieron más posibilidades de sobrevivir. Hemos visto el caso de Agustín García, de Matalebreras, que llegó en enero de 1944 a Buchenwald y fue liberado. También fue liberado Vicente Borjabad Tarancón, encerrado en Compiègne el 15 de julio de 1944 y trasladado tres días después al campo de concentración de Neuengamme, en las proximidades de Hamburgo. Y Cándido Cabrerizo, que el 29 de junio de 1944 fue detenido en Saint Paul, Lyon, y trasladado a Dachau el 2 de julio, donde debió de coincidir con el agredeño Emilio Serrano.

En cambio, de dos de ellos se desconoce el paradero. Es el caso de Ernesto Susagna, encerrado el 28 de julio del 44 en Compiègne, y que en enero de 1945 fue trasladado a Neuengamme. Consta como desaparecido. También el del olvegueño Martín Tello Isla. El 21 de mayo de 1944 fue llevado también a Compiègne, como tantos otros, y destinado tres días después a Neuengamme. De allí partió en una fecha desconocida a Sachsenhausen, el campo de concentración situado a las afueras de Oranienburg, en las proximidades de Berlín. El 6 de febrero de 1945 hizo su entrada en Buchenwald. El campo fue liberado menos de tres meses después, pero no se sabe nada acerca de su destino.

archivos

En memoria de aquellos hombres

Es posible que no se contemple de la misma manera un campo de concentración o de exterminio, un reducto del dolor del mundo, cuando hay una vinculación, sea intelectual o emocional, con alguno de los hombres que allí sufrieron o allí murieron. Miles de personas –hombres, mujeres y niños de decenas de nacionalidades, de diferentes religiones y credos- están representados por un puñado de nombres específicos que recordaremos con especial intensidad en el lugar de los hechos. La abstracción de la ignominia, el dolor, la indignación y la ira adquiere un carácter más concreto cuando vemos el barracón donde sobrevivió éste, el crematorio donde posiblemente ardieron los cadáveres de los otros. Para salvaguardar el recuerdo de todos, los campos se han convertido hoy en día en memoriales. Impresiona en la entrada de Mauthausen la gran cantidad de esculturas dedicadas a las víctimas de numerosas nacionalidades que sufrieron intramuros y en los lugares donde iban los comandos a sufrir los trabajos forzados: búlgaros, rusos, polacos, españoles… Una tapia atrapa decenas de placas dedicadas a individuos, a gentes de una misma región, de un mismo pueblo. Una vez pasados los barracones se llega a los cementerios donde descansan los restos de numerosos presos encontrados por las tropas norteamericanas. Es imposible saber si allí descansan algunos de nuestros conciudadanos. Girando la vista a la derecha se yergue la chimenea del crematorio. El humo esparció algunas cenizas de miles de cuerpos. Sobrecoge mirar la cámara de gas, la horca reconstruida al lado, en 1947. En la zona museística de los sótanos, una magnífica construcción recoge los nombres de los asesinados por los nazis. Junto a los crematorios volvemos a encontrarnos con nuevas placas, nuevos nombres, nuevas regiones, ciudades y pueblos que honran a sus hombres. Pero quizá el memorial más sobrecogedor sea el de Buchenwald. Por contraste con la ciudad más cercana, Weimar, una ciudad hermosa (reconstruida) y recoleta que albergó en sus casas a los grandes hombres de la cultura alemana: Goethe, Schiller, Kant… El memorial se construyó muy cerca de la entrada al campo, en la subida al Ettersberg. Fue obra de los alemanes comunistas, y su naturaleza megalomaníaca es bien palpable. Un arco de piedra, de piedra también los relieves que guardan las enormes escaleras, que bajan hasta los túmulos circulares donde algunos supervivientes enterraron las cenizas de centenares de muertos. Luego, un paseo gigantesco con bloques donde están tallados los nombres de algunos países de origen de los prisioneros. Dos nuevos túmulos circulares y otras escaleras inmensas que esta vez suben hasta la torre de homenaje y la escultura del artista Fritz Cremer. La abstracción del campo casi vacío (sólo quedan en pie la puerta, un edificio de mando, el pequeño zoo que en el exterior albergó a dos osos para escarnio de los internados y el crematorio) se concreta en el memorial. Lo que aún no alcanzamos a comprender en la visita al campo adquiere contornos más definidos allí. Paradójicamente, porque aquí todo es símbolo, aunque destinado a algo muy específico: honrar la memoria de los muertos.

 

Buchenwald_Crematorio

Crematorio de Buchenwald.

 

Notas

[1] La part visible des camps: les photograpies du camp de concentration de Mauthausen = Imágenes y memoria de Mauthausen: fotografías del campo de concentración de Mauthausen. Paris: Tirésias, 2005.

[2] Noche y niebla: españoles en Mauthausen = Nacht und Nebel: Spanier in Mauthausen. Eva Feenstra, ed. Graz: Karl-Franzens-Universität, 2015.

[3] Bermejo, Benito. Francisco Boix, el fotógrafo de Mauthausen. Barcelona: RBA, 2002.

[4] Las informaciones acerca de Virginio Martínez han sido obtenidas de: Virginio del Barrio Martínez. «Virginio Martínez Montes, un magañés en los campos de concentración nazis» EN Cascarita: revista de la ACR Amigos de la Villa de Magaña, n. 9 (2014), p. 15-18. URL: http://issuu.com/amigosdemagana/docs/revistacascarita_n9; certificado de nacimiento del archivo parroquial de Ágreda; ficha ofrecida por Amical de Mauthausen y otros campos. Todas las referencias del archivo parroquial las he obtenido gracias a Francisco Javier Palacios Moya.

[5] Los datos de todos los convoys han sido obtenidos de la Fondation pour la Mémoire de la Déportation (http://www.bddm.org/). Sobre Rufino Martínez, Boletín Oficial de la Provincia de Soria, 6 de diciembre de 1940.

[6] http://www.alyherscovitz.com

[7] La última edición es: Pike, David Wingeate. Españoles en el Holocausto: vida y muerte de los republicanos en Mauthausen. Trad. de Enrique Benito y David W. Pike. 4ª ed. rev. y amp. Barcelona: Debolsillo, 2015.

[8] Todas las informaciones básicas de los sorianos internados en campos nazis están extraídas de: Bermejo, Benito ; Checa, Sandra. Libro Memorial: españoles deportados a los campos nazis (1940-1945). Madrid: Ministerio de Cultura, 2006. Los datos son accesibles a través del Portal de Archivos Españoles: http://pares.mcu.es/Deportados/servlets/ServletController. No obstante, al profundizar en la investigación de cada uno de estos hombres se descubre que muchos de ellos pasaron por más campos.

[9] Las informaciones sobre Emilio Serrano están obtenidas del archivo parroquial de Ágreda y del Amical de Mauthausen y otros campos.

[10] En el Portal de Archivos Españoles (http://www.pares.mcu.es) es posible localizar los siguientes nombres, citados en el Diario Oficial del Ministerio de Defensa y en la Gaceta de la República: Rufino Martínez Aylagas, Miguel Martínez Fraile, Emilio Serrano Giménez, Víctor Martínez Crespo, Santiago Romero Llorente y José Antonio Rodrigálvarez Jodra. No obstante, habría que cruzar datos y comprobar que corresponden realmente a los tratados aquí y que no son personas llamadas igual.

[11] Las informaciones sobre Agustín García están obtenidas del archivo parroquial de Ágreda y del Archiv Stiftung Gedenkstätten Buchenwald und Mittelbau-Dora. Agradezco a Torsten Jugl que me facilitara la información de los prisioneros sorianos en Buchenwald. De lo ocurrido durante el transporte: Lecler, Philippe. «Histoire d’un homme (2): transport Compiègne-Buchenwald du 17 Janvier 1944, à propos de l’evasion d’Armel Guerne» EN Les cahiers du molin, n.15 (octubre 2009).

[12] Semprún ha contado su experiencia en Buchenwald en varios libros, entre ellos El largo viaje (sobre su transporte desde Compiègne) y La escritura o la vida.

[13] De Agustín Gimeno he conseguido información en el archivo de Buchenwald y en KZ-Gedenkstätte Flossenbürg, gracias al envío de documentación por parte de Jan Švimberský.

crematorio mauthausen

{ Descargar el artículo en pdf }

 

 

 

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

1 Comentario

  1. Eugenia Codina

    Impresionante artículo y labor de investigación sobre un grupo para mí desconocido hasta ahora. Este artículo tendría que ser lectura obligatoria en las facultades de Historia en España.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *