En todos los oficios rechinan los sables cuando las mezquindades humanas -la envidia, el anhelo de poder, el rencor, los complejos o las frustraciones- se imponen sobre el sentido común y la concordia. Sorprende que sea el ejercicio de la tecla y de la pluma, el de escritores y periodistas, uno de los más proclives a crearse enemigos acérrimos y recalcitrantes. Esta semana se ha podido comprobar, una vez más, en algunas entrevistas que ha concedido el escritor Andrés Trapiello con motivo de la publicación inminente de su última novela, Los confines. Sólo por ese título tan bello los navajeros podrían olvidarse de desempaquetar su rabia testicular y de lanzarla contra uno de los mejores escritores contemporáneos que ha dado este país. Vana esperanza.
El diario Público reprodujo una entrevista a Andrés Trapiello. Las respuestas de éste fueron mutiladas y tergiversadas. El escritor envió una carta al periódico explicando cuáles fueron realmente sus palabras y quejándose de la patraña creada por el entrevistador. Afortunadamente, otros diarios se han hecho eco de lo que realmente dijo Trapiello y podemos tener acceso a la verdad, sin las manipulaciones torticeras que han de aprovechar quienes, podridos por la envidia y el rencor, no dudan en esparcir calumnias e imposturas con las que ocultar su propia mezquindad y disfrazar sus propios fracasos.

La entrevista falsa en el diario Público.
La carta de Andrés Trapiello.
La entrevista en el diario Hoy.