Los presos de Madrid en 1936

Hay dos tipos de historiadores: los que trabajan y los que no pegan un palo al agua. Estos, que gozan de un gran prestigio en España, suplen su carencia orientando su obra a la propaganda, la visten con consignas y la parte del pico y la pala se la dejan a los becarios y a los subalternos.

Entre los historiadores que trabajan se encuentra Juan de Á. Gijón Granados, que ha publicado Los presos de Madrid en 1936 en la editorial Espuela de Plata. Tenedlo en cuenta este año de conmemoración del 85º aniversario del inicio de la Guerra Civil. Es un libro laberíntico tejido con cientos de historias recogidas en un sinfín de fuentes archivísticas y bibliográficas, de víctimas, verdugos y testigos, que se inicia con el asalto a la Cárcel modelo y termina con la política de venganza de Franco, que no tuvo ni piedad ni perdón con quienes fueron señalados culpables de la represión y el exterminio del enemigo en la retaguardia de Madrid.

Alguno os preguntaréis si hay algo nuevo que añadir a ese episodio, «el mayor caso de corrupción política de la historia de España». La respuesta es evidente: sí. Nunca esta de más repetir lo obvio: la responsabilidad última del exterminio en la retaguardia fue del gobierno republicano. Pero… desde esa alta cúspide podemos descender hasta lo más ancho de la base. De entre los espías, los fusileros, los pistoleros, chivatos y chequistas, siempre aparecerá alguien nuevo merecedor de nuestra atención.

Gijón se centra en los miembros de las checas que el PCE tenía en el barrio de Ventas, en especial en Alfonso García Altares, Faustino Villalobos y José Manzanero, pero deja sitio a otros, como León García Bernardo. García Bernardo fue aquel chiquilicuatre espiado por Castro en el Instituto de Reforma Agraria, ante quien se presentó vestido con mono y con pistola al cinto. Juan de Á. Gijón demuestra que su cañón echó humo con demasiada frecuencia. También aparecen en estas páginas otros personajes conocidos, como Pedro Luis de Gálvez, de quien vuelven a darse nuevas referencias. Se ve que nada está dicho del todo en estas historias.

Juan de Á. Gijón es especialista en la represión republicana en los pueblos de la provincia de Madrid, como ya se mostró en su anterior libro, Balas al sureste de Madrid (Círculo Rojo, 2012), y en este nuevo volumen vuelve a demostrarlo al exponer un conocimiento de los grupos que pululaban por los pueblos aledaños a la capital, en especial Paracuellos. Zona rural, zona que Gijón señala como dominada por el Ministerio de Agricultura, cuyos grupos de información «social-agraria» se dedicaban más a lo social (la represión) que al uso de la azada. De este capítulo, entre otras cosas, surge una nueva duda acerca de la identidad del famoso Tomás, encargado de los grupos de represión del 5º Regimiento.

Resulta apabullante el reguero de referencias archivísticas que nutre todo el libro. Gijón se ha leído a conciencia y con sistema miles de páginas. Es todo un festín para quienes seguimos interesados en las entretelas del siniestro espectáculo que tuvo lugar en Madrid durante la guerra y la inmediata posguerra, con la entrada de las tropas nacionales y la posterior represión franquista. Se agradece también la edición. El libro es voluminoso, 948 páginas, pero con una tipografía generosa, un recopilatorio biográfico de los personajes principales, bibliografía, fotografías y un índice onomástico.

Lujo y festín, amigos. ¡A por él!

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4 comentarios

  1. Miguel Carrillo Díaz

    Gracias Sergio, echaba de menos tu mención a este libro, y al anterior, de este mismo autor.
    Ambos me gustaron mucho y, desgraciadamente, se habla poco de ellos en los suplementos de libros de los periódicos. En fin, nada nuevo, cuando el canon lo establece Paul Preston.

  2. Demitrio

    OPINIÓN

    El relato de la transición y la legitimidad del franquismo

    19 JUNIO, 2021
    Por Matías Viotti Barbalato (*)

    Este texto fue presentado con el título "La transición española, la teoría de los dos demonios y la construcción de legitimidad del franquismo", junto a Manuel Ruiz, en el Congreso Internacional Digital y en Directo: Narrativas de la Transición a la democracia en España, el 3 de junio de 2021.

    La continuidad del franquismo en la jefatura del Estado queda muy bien resumida en lo que menciona el historiador Josep Fontana i Lázaro cuando dice que "la forma en que se realizó la transición..., permitió que se amnistiasen los crímenes cometidos en los cerca de cuarenta años de gobierno dictatorial –sin que a nadie se le ocurriese pedir su opinión a las «víctimas del terrorismo franquista», sistemáticamente marginadas– y, lo que es mucho más grave, hizo posible que siguieran administrando justicia los mismos que habían sancionado los abusos ahora perdonados. Lo peor fue, sin embargo, que no solo se acordó la amnistía, sino que se decretó el olvido" (en Jiménez Villarejo y Doñate Martín, 2012: 15).

    Al contrario de la visión positivista que han adoptado una diversidad de historiadores/as respecto a la denominada Transición sin tener en cuenta el punto de vista del poder, desde la perspectiva de Bourdieu es necesario tomar distancia del discurso hegemónico, cuestionando la doxa –esas «verdades» asumidas como absolutas– así como el sentido común construido, de producción de «verdad». Para decirlo en términos de Foucault, se trata de tener en cuenta que el franquismo se dotó de diferentes estrategias de legitimación, dispositivos –biopolíticos– de poder, donde especialmente a partir de mediados del siglo XX, desde la narrativa franquista se articuló un proceso de desmemoria eligiendo todo aquello que había que eliminar de la memoria colectiva (Bernecker, 2009: 60). En palabras de Jesús Izquierdo Martín, un proceso donde "las precondiciones identitarias del éxito colonizador del relato tardofranquista que… acabaría deviniendo democrático estaban creadas. La violencia genocida originaria y la obsesión consumista posterior operaron para construir subjetividades que se articulaban a través de un régimen de memoria arraigado en un presente, el de la Transición" (Izquierdo Martín, 2018: 927).

    Desde este punto de vista, no es posible entender la Transición desarticulada de la pretransición, derivada de un proceso de desfascitizacion que Javier Rodrigo (2013) caracteriza, entre otras cosas, por la construcción de un relato de "Paz Social": se abandona el saludo nazi, se habla de "guerra civil" en lugar de "guerra de España", se asocia este periodo a un mayor pluralismo, a un auge de la ideología "desarrollista", a la incorporación a las economías capitalistas avanzadas y al ingreso del Estado español en la OMS, la UNESCO y la OIT en 1953, así como en la ONU en 1955 (de Miguel, 1975:63; Towson, 2009).

    Una vez derrotado el fascismo en Europa, el franquismo se reinventa a sí mismo dando lugar a un discurso reconciliador que será uno de los baluartes del régimen, tras el cual esconder la continuidad del relato de la "Cruzada", articulado a la perfección con la narrativa de la Transición entendida como un "consenso entre dos bandos" (Pérez Garzón sobre Rodrigo, 2014: 458). Un relato que podríamos considerar en el sentido de lo que en Argentina se denominó como la teoría de los dos demonios: equiparar la violencia de los opuestos a la ejercida por el Estado durante el largo proceso de la dictadura. Sin embargo, los cambios políticos que sucedieron en el régimen a partir de la desfascitización, junto a las potencias internacionales y atravesado por el nacionalcatolicismo, significaron un rearme ideológico acompañado por un proceso de cooptación de diferentes cuadros políticos de la izquierda tradicional, para asegurar una salida a través de la democracia liberal (Garcés, 2000; Preston, 2019). La teoría de los dos demonios permitió, por un lado, legitimar el régimen y sostener su legalidad e impunidad en la Transición, mientras que, por otro, el imperialismo se aseguraba el desarrollo del plan neoliberal, funcional al mercado común. El ex militar franquista Manuel Fernández Mozón Altolaguirre reafirma esta perspectiva en su obra "El sueño de la Transición" (2014) donde describe la participación del SECED (antiguo CESID) en este proceso, bajo la supervisión de Estados Unidos, para poner en marcha una salida no rupturista del régimen (1). Como cuenta Joan Garcés, el mismo rey afirmó que "no quería, a ningún precio, hacer de los vencedores de la guerra civil los vencidos de la democracia" (2000 : 172).

    Antes que asumir la ficción de una "reconciliación" sin Memoria, Verdad, Justicia y Garantías de no repetición es imprescindible analizar los dispositivos de dominación que funcionaron en cada momento político del franquismo, así como el modo en que estos se reconfiguraron y adaptaron al nuevo orden mundial. Puesto que al asumir el discurso hegemónico de la Transición se corre el riesgo de alimentar un relato ahistórico, es necesario incorporar la historia. Si la memoria es quien incorpora la historia, la idea de la "reconciliación" nos deja sin memoria. Incorporar la historia no es solamente una cuestión de datos, de lo «visible», sino precisamente añadir el análisis de lo que queda invisibilizado. Revisar los elementos que fueron dando sentido a los significados de la Transición en función de unos intereses determinados de poder. En palabras de Bernecker se trata de tener en cuenta que estos fenómenos de ausencia analítica respecto al pasado se deben al espíritu de consenso de la Transición (Bernecker,2009 : 66).

    En definitiva, la audacia del franquismo para sobrevivir al nuevo contexto internacional de postguerra estuvo en haber logrado nuevas estrategias de legitimación que desembocaron en una articulación con el modelo del Estado moderno. Motivo por el cual, frente a la idea naturalizada de que por votar cada cuatro años vivimos en una "democracia plena", es necesario tener presente que, a pesar de las escasas reformas al interior del Estado, no existió ruptura con el franquismo (Garcés, 2000 : 181). La ficción de un pacto de "paz" sirvió para mantener la legalidad del régimen articulada con la idea del Welfar State, –entendida como "imposición de los Estados Unidos como parte de su estrategia de contención del comunismo" (Cayuela Sánchez, 2014: 305)–. Tras el relato de la "teoría de los dos demonios", la Transición española pasó a la historia como un éxito político exportándose incluso a otros países. Sin embargo, este hecho queda absolutamente desmitificado si observamos las muertes violentas que se produjeron y el número total de víctimas en las manifestaciones que tuvieron lugar en dicho período . Por este motivo, interpelamos a revisar, cuestionar y repensar el relato de la Transición, donde sin una sola condena al franquismo, el modelo español es más bien un ejemplo de desmemoria, del mandato de una racionalidad política occidental que nos obnubila tras la ideología de una democracia donde todo «derecho» vale, también el de olvidar la dictadura y los delitos de lesa humanidad.

    Bibliografía
    Aguilar, P. (2001). Justicia, política y memoria : los legados del franquismo en la transición española. Estudios = Working papers / Instituto Juan March de Estudios e Investigaciones, Centro de Estudios Avanzados en Ciencias Sociales 2001/163.
    Bernecker, W. (2009).Democracia superación del pasado: sobre el retorno de la memoria histórica reprimida en España. En Olmos, Ignacio (edt.); Keilholz-Rühe, Nikky (edt.) "La cultura de la memoria. La memoria histórica en España y en Alemania". Madrid / Frankfurt am Main. Iberoamericana / Vervuert.
    Cayuela Sánchez, S. (2014). "Por la grandeza de la patria. La biopolítica en la España de Franco (1939-1975)". Madrid: Fondo de Cultura Económica.
    de Miguel, A. (1975). "Sociología del franquismo". Barcelona: Euros.
    Fernández-Monzón Altolaguirre, M. (2014). "El sueño de la transición". Madrid: La esfera de los libros.
    Garcés, J. E. (2000). "Soberanos e intervenidos, estrategias globales, americanos y españoles. Madrid: Siglo XXI.
    Izquierdo Martín, J. (2018). Colonización antiutópica. Normalización y desarraigo de lo indeseable. (Reflexiones poscoloniales en torno a la Transición española). Política y Sociedad 55(3)2018:913-936
    Jiménez Villarejo, C. y A. Doñate Martín. (2012). "Jueces, pero parciales: la pervivencia del franquismo en el poder judicial". Barcelona: Pasado Presente.
    Pérez Garzón, J. S. (2014).Javier Rodrigo, Cruzada, paz, memoria. La guerra civil y sus relatos, Granada, Editorial Comares, 2013. 165 pp. ISBN: 978-84-9045-061-1. Vínculos de Historia, núm. 3 (2014) | pp. 457-459.
    Rodrigo, J. (2013). "Cruzada, Paz, Memoria: la guerra civil en sus relatos". Granada: Comares S.L.
    Towson, N (2009). "España en el segundo franquismo, 1959-1975". Madrid: Siglo XXI

    (*) Matías Viotti Barbalato es Profesor/tutor de Antropología Social en la UNED de A Coruña e investigador/colaborador en diferentes asociaciones de Memoria Histórica.

    Nota

    Según Fernández-Monzón los oficiales del SECED comenzaron la ardua tarea de tratar de convencer a los diferentes sectores del escenario político, para que aceptaran el reformismo; estos sectores eran principalmente el sector duro del bunker, la derecha liberal monárquica y lo que consideraban como la "nueva oposición" de izquierdas donde se encontraban personajes de la política como Paco Ordoñez o Felipe González (2014:65).

  3. viejecita

    Ya me he comprado el libro. No lo he comprado en Renacimiento, aunque lo he intentado, ( soy bastante inutil para esas cosas ) sino en Amazon, y me lo traen el jueves.
    Gracias por la reseña.

  4. ¿"El mayor caso de corrupción política de la historia de España"? Llamar "corrupción política" a uno más (ni siquiera el "mayor") de los sórdidos y criminales episodios de lo que constituye el INFRAESTADO de la represión
    política (en este caso presos políticos asesinados al margen de toda forma
    de legalidad por los propios representantes teóricos de esa legalidad) no
    me parece una buena definición histórica. Porque no se trata de "corrupción", sino de infrarrealidades políticas que están siempre ahí, latentes en toda forma de poder organizado y virtualizadas siempre que el Estado se salta o busca atajos a sus propios mecanismos legales de represión. Porque la legalidad es siempre teórica y abstracta, pero las actuaciones y actividades individuales de esa represión infra-legem nunca lo son: son reales y criminales hasta los mayores extremos de degeneración y sordidez humana (el término "corrupción" se queda muy corto). Siempre es
    igual en líneas generales, ya sea el Terror en la Revolución Francesa, las
    acciones de la Cheka y de la NKVD en la Revolución Soviética, las torturas y desapariciones en las dictaduras suramericanas, o las matanzas de presos en el '36 en Madrid y otras poblaciones de la retaguardia republicana.

    En todos los casos lo que fascina no es el episodio en sí, sino los propios
    casos individuales de víctimas y verdugos, su intrahistoria, su casuística, sus casos concretos, las historias particulares. Porque son casos de reconstrucción (sobre todo judicial a posteriori) particularmente difíciles, con muchos flecos, muchos detalles desconocidos, pues en pocos casos la "verdad" judicial refleja más que una parte mínima de su realidad total. Su atractivo es llegar más allá de lo que pudo llegar en su día una investigación
    judicial viciada y defectuosa. Se trata, en definitiva, de reabrir casos, pero
    con pocas posibilidades de cerrarlos definitivamente. De ahí su eterno
    atractivo. Son, por así decirlo, novela policiaca en estado puro: novela real,
    historias reales.

    No voy a leer ese libro, sobre todo porque no creo que esos historiadores
    "de pico y pala" sean los más adecuados para cerrar o aportar líneas nuevas
    a la docena de casos particulares que me interesan en esa represión. No se
    trata de coleccionar datos, sino de encontrar conexiones entre ellos. Los
    índices sistemáticos están muy bien, y alguien tiene que hacerlos, pero los
    que los hacen no sirven de ordinario para investigar los casos concretos y necesariamente se pierden en su propia visión de conjunto (en este caso es
    el propio bosque el que impide ver con detalle los propios árboles).