Los españoles

Tomás Borrás

Tomás Borrás

Andaba buscando no sé qué y he dado con este cuento gnómico de Tomás Borrás que me ha maravillado, como tantas cosas suyas. No tuvo suerte Borrás, porque fue olvidado muy pronto, cuando todavía publicaba. Y publicó con una fuerza torrencial hasta su muerte. Una antología de sus cuentos gnómicos salió no hace mucho, en 2013, gracias a la editorial Anthropos. En una entrevista que le hicieron en el periódico La Hora, definió el cuento de la siguiente manera: «Tiene indudablemente unas fronteras: al Norte, limita con el poema; al Sur, con el suceso; al Este, con el cuadro de costumbres; al Oeste, con el relato. Dentro de estos límites, está el cuento, que, sin embargo, no es nada de eso».

Tomás Borrás

Tomás Borrás

Yo recomiendo que se compre el libro, que es barato y está muy bien editado, y se  lean sus cuentos, aunque a Borrás ya no lo lea nadie (qué mal lo trata Torrente Ballester en su panorama de la literatura española; y tiene razón y no la tiene). Además, el libro de Anthropos incluye tres introducciones que son de lo mejor que he leído en mucho tiempo. Javier Barreiro, responsable  de la edición, abre la puerta a la obra de Borrás, caudalosa, inacabable. Yo no paro de comprar sus libros —el último, Seis mil mujeres, extraordinario— y siempre hay más. José Antonio Martín Otín hace un esbozo biográfico que es un primor por los datos que ofrece y por la manera que tiene de hacerlo; las últimas líneas dedicadas a la chica que acompañó y no acompañó a Borrás sus últimos días son emoción pura, como una corrida de toros o un partido del Atleti. Finalmente, Miguel Pardeza, creo que uno de los jugadores de fútbol que más he respetado gracias a la devoción que le tenía mi padre, seguidor del Zaragoza, pone el punto erudito hablando de los cuentos en sí.

A Borrás se le recuerda sobre todo por sus libros sobre las checas de Madrid y se le reprocha su tremendismo. Hombre, yo creo que se debe perdonar que un escritor cargue las tintas cuando huyó de su casa porque lo iban a matar y que salvó el pellejo por un pelo. Esa historia de Borrás saltando por el balcón para escapar de sus verdugos es algo que me gustaría contar con detalle un día. Veremos.

El cuento que me ha llamado la atención y por el que escribo esta entrada es el que transcribo a continuación. Se llama

LOS ESPAÑOLES

Todas las tardes se reunían ante el ajedrez, de salida a mate. Eran dos, y los dos en competencia hablaban mal, entre jugada y jugada, caballo, alfil, al aire, de su país: «Ya lo dijo Cánovas: “Es español el que no puede ser otra cosa”». «Esto no tiene arreglo». «Ni hay gobernantes ni gobernados». «España es el rabo de
Europa: bien sentenciaron los franceses».

Así una semana, otra semana. Cuando terminaban su partidita, incorporados a la reunión general de socios, los ajedrecistas continuaban su roer, roer: «¿Ha visto usted la comedia de López? Ya no hay dramaturgos». «Ni toros». «Pandereta». «País sin horizonte» «¡Que nos colonicen!»

Aquella tarde, alineados blancos y negros en las casillas, comenzó la murmuración habitual: «iQué país! La educación…» «¡Si aquí todo es cuento!» «Me atropelló el tropel de chicos que salía de la escuela. Les regañé y se me burlaron. Son los amos de la calle». «Tiene usted razón: en mi patria eso no se consentiría».

Alzó el de las fichas blancas el rostro asombrado:
— Pero ¡cómo…! ¿Usted no es español?
— No, señor.
— ¿Y se permite usted…?

Le daba las bofetadas, ¡zas!, en un carrillo; ¡zas!, en el otro, inclinándole de lado a lado, como el tentetieso.

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2 Comentarios

  1. Alfaraz

    Lo bueno de Borrás es que como hace 50 o 60 años era el que más vendía, ahora se encuentra casi todo de lance. Además de estos interesante cuentos gnómicos yo recomiendo "La pared de tela de araña" novelando su vida de soldado en Rif, a la altura de Barea o Sender.

  2. Sergio Campos

    Gracias, Alfaraz. Tengo el libro y aún no lo he leído. Caerá pronto.

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