Los chicos de San Bernardo (y 2)

A modo de vidas paralelas. De nuevo Mateo, un algo de Matorras y bastante de Santi. Lo de los dos primeros lo he sacado de un libro magnífico, escrito con garbo y con nervio, muy bien, tan bien que me lo he leído de un tirón y lo he comenzado de nuevo para no perder detalle. Difícil de encontrar, se titula El hombre al que Kipling dijo sí y es una desmitificación de José Antonio Primo de Rivera guiada por If, el poema de Rudyard Kipling, con muchos datos nuevos -como el de su romance con la princesa Elisabeth Bibesco- y algunas conjeturas ya resueltas. Lo he dicho muchas veces: para alguien nacido tras la muerte de Franco, como es mi caso, y que se empapó en la tele del culto a la Pasionaria y a Carrillo, fue un descubrimiento saber que enterrar a José Antonio Primo de Rivera junto a Franco fue una aberración. El autor del libro es José Antonio Martín Otín, de quien ya he leído otro libro suyo que es un monumento, La desesperación del té (27 veces Pepín Bello), y de una de las tres introducciones de los Cuentos gnómicos de Tomás Borrás. El hombre no se contenta con tener una escritura de maestro, sino que además le da por la erudición. Lo que sabe no lo sabe nadie, y entre una cosa y otra nosotros vamos aprendiendo. Sobre Matorras añado algo de Tomás Borrás, que lo escribió en su biografía de Ledesma Ramos. Un dato a tener en cuenta: Matorras tenía ganas de pistola. Venga ahora lo de Manuel Mateo.

El hombre al que Kipling dijo síUno de los escasos elementos de la Falange en quien José Antonio delegaba tareas de alta confianza, el antiguo marxista Manuel Mateo, hubiera podido contar la verdad de ese manifiesto [el supuesto manifiesto de adhesión de la Falange a la rebelión militar]. Pero a Manuel Mateo que había estado en Moscú cinco años antes como representante de las bases del Partido Comunista de España ante la Komitern, le asesinaron despacio sus antiguos compañeros, con el ensañamiento más atroz, al modo de Orlov, igual que a Nin en el siniestro chalet de Alcalá de Henares; como a Enrique Matorras, Secretario de las Juventudes Comunistas, miembro del Comité Central y redactor de Mundo Obrero hasta 1934, convertido al catolicismo y luego a la Falange, que con 21 años fue sacado de su celda en la Modelo para entregarlo a los chequistas del PCE. Enrique Castro Delgado, antiguo dirigente del partido, cuando recuerda esas dos muertes, la de Mateo y la de Matorras, se horroriza y huye del relato: “…muchos hombres y mucho tiempo para hacer de un vivo un muerto”. Aunque repetidamente se ha escrito que Matorras fue fusilado allí mismo, en una de las sacas de la Modelo junto a Sinforiano Moldes, antiguo líder cenetista y hombre de gran confianza para José Antonio, la verdad fue otra y más cruel. El cuerpo de Matorras apareció el 24 de febrero en el Palacio Viejo de la Moncloa, escenario de la tortura; el cadáver sólo fue reconocido por su mujer, hija de Navarro, destacado dirigente del PCE, diez días después. El de Manuel Mateo, nunca apareció. Este navarro de Corella, hijo de aragonés, secretario de la Central Obrera Nacional Sindicalista, llegó a Madrid en julio de 1936 procedente de Valladolid donde había discutido con el general Saliquet tan agriamente que el falangista fue invitado a abandonar la plaza en el siguiente cuarto de hora. Mateo portaba el mandato de José Antonio: un golpe rápido, con presencia momentánea de militares y entrega del poder a los pocos días. De natural receloso y desconfiado, lo visto en Castilla la Vieja le avisó del engaño. La sensación se acrecentó en la capital. Encargado personal y directamente por José Antonio para ajustar en Madrid la presencia de la Falange ante el golpe previsto, vio impotente como se rifaban las medallas los amiguetes del jefe en conciliábulos con los espadones de los que quedaba al margen. Ahí fue cuando pronunció la frase que resumía bien todo un comportamiento: “Cuando vea a José Antonio le voy a decir que en Madrid no se ha levantado la Falange sino su bufete”. Como todo lo relativo a Manuel Mateo que acabamos de leer, la siguiente página en la historia que explica la falsedad del último manifiesto viene entresacada de un inédito de Ceferino Maestu tan voluminoso como apasionante. Ceferino es el mayor estudioso del movimiento obrero falangista, nadie mejor que él conoce de Manuel Mateo y su novelesca vida y otro tanto de sus camaradas sindicalistas de la primera hora que en muchos casos pasaron de la persecución frentepopulista a la persecución del franquismo. De lo mejor de Maestu, fundador de Comisiones Obreras, es que sigue levantándose cada día para defender al trabajador de España, entregado a una revolución sindicalista por la que aquellos de los que escribe, dieron su vida. En la extraordinaria investigación que ojalá publique un día, se ciñe a Bravo y con la ayuda del impresor que les prestó cobijo, describe la escena que había contado con más detalle en la historia de la CONS:

«El cuarto número de No Importa, el periódico clandestino de la Falange debía salir en una imprenta de la calle de Ventura Rodríguez, pero la necesidad de editar un manifiesto de José Antonio ( ? ) impidió hacerlo. Allí estaban, para cuidar aquel trabajo, para colaborar en lo que fuera necesario, Mariano García, encargado de la Secretaría burocrática en la Jefatura Nacional de la Falange y hombre de confianza de Raimundo; el dueño de la imprenta, don Enrique Garrigues (ya fallecido) y su hijo, así como dos de los hijos del Sr. García.

“Quienes debían recoger los paquetes con el manifiesto -contó Mariano García a Francisco Bravo- no pudieron hacerlo. Logré ponerme en comunicación con Rafael Aznar, (Jefe Local de la Falange clandestina de Madrid) y éste me dijo que avisara a cuantos pudiese para presentarse en el Cuartel de la Montaña …”

Mateo llegó a Madrid en el momento cumbre y cuando, precisamente, los mandos de la Falange madrileña debían ponerse -según el propio Mateo contaba- a sus órdenes, para iniciar la acción subversiva. Sin embargo, nadie enlazó con él, a pesar de que estaba prevista la conexión en casa del dueño de la imprenta de la calle Ventura Rodríguez. Por otra parte, Mateo no podía salir a la calle sin correr el peligro de que, a los dos metros, le identificasen sus antiguos camaradas comunistas.

Desesperado ante su situación, el Jefe de la CONS gritaba que “querían dejarle fuera porque creían que todo iba a ser un paseo militar”. Se quejaba, con razón o sin ella, de Garcerán y de Sarrión “que quieren reservarse el éxito fácil”. Un día, espetó al Sr. Garrigues: “Cuando vea a José Antonio, le voy a decir que en Madrid no se sublevó la Falange, sino su bufete…”

Vertiginosamente, los acontecimientos fueron sucediéndose. Cuando Mateo, desde su refugio en los alrededores del Cuartel de la Montaña, comprende que el general Fanjul está acuartelando sus efectivos y los de la Falange, se paseaba por la casa como una fiera enjaulada, vociferando: “De cuándo acá las revoluciones se han hecho encerrándose en un cuartel. Hay que salir a la calle”. Estaba desesperado. En su aislamiento, no sabía que hacer.

Cuando cayó el cuartel y oía cantar “La Marsellesa” en la calle, intentó suicidarse, tirándose por el balcón. Tuvieron que sujetarle fuertemente, hasta que pudo calmarse… El 21 martes, como habíamos previsto -sigue diciendo Mariano García- se produjo el registro de la imprenta y del piso ocupado por el dueño en el mismo inmueble. Nuestro susto fue regular. Subieron cinco milicianos descamisados, armados hasta los dientes, acompañados del portero. Mateo (que iba vestido con un mono), cogió un cacharro de los utilizados para llevar leche y se dispuso a salir del piso. Uno de los milicianos esgrimiendo una escopeta de dos cañones se situó en el pasillo. El de la escopeta preguntó al portero si aquel “lechero” era de la casa, y el otro le contestó negativamente. Entonces ordenó a Mateo que bajara al portal, avisando a los miliciano que allí habían quedado para que lo vigilasen … El miliciano me preguntó a mi si era de la familia, y adelantándome al portero le contesté que primo carnal del dueño. Acto seguido comenzó el registro del piso, no encontrando nada comprometedor. Entonces le ordenaron al impresor que bajase con ellos al taller para registrarlo… Si descubrían el manifiesto de José Antonio nos fusilarían irremisiblemente. Pasamos como quince minutos que nos parecieron años. En esto vimos aparecer en la puerta del piso a Mateo, pálido y tembloroso por la emoción, que casi sin poder hablar me dijo: “Mariano, esos milicianos son unos incautos. No han visto el manifiesto ni me han llevado detenido. No me lo explico…”»

Todavía aterrados, Mateo, Mariano y el impresor quemaron todos los manifiestos y los hicieron desaparecer por la cisterna del aseo. A los pocos minutos subió el vecino del piso inferior. Habían anegado la tubería pero el pobre hombre subió rogando que no le denunciaran a los milicianos que rondaban el portal ¡pensaba que el atasco lo había producido él con unos cuantos ejemplares del ABC que había tirado por el mismo sitio!

José Antonio Martín Otín. El hombre al que Kipling dijo sí. Madrid: El Gallo de Marzo, 2005.

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Ramiro Ledesma RamosEnrique Matorras. Hijo de un cartero de Madrid, pequeño de estatura, recién desengañado también del comunismo. Casado, con un hijo. La lectura de las Confesiones, de San Agustín, contribuyen a su restauración espiritual. Obtuvo una plaza de barrendero del Ayuntamiento. Trabaja en su humilde oficio y escribe su libro El comunismo en España, descubridor de la falacia. ¿No es ésta una forma emocionante de heroísmo? El año 34 conoce a Ramiro siendo propagandista de la “Federación Española de Trabajadores”. Le daba tanto asco Álvarez del Vayo, el descarado agente de Moscú, que pensó en un atentado contra él. No lo llegó a realizar pero Matorras quedó “marcado”. En 1936 fue conducido desde Albacete a la Dirección General de Seguridad, el 14 de abril a la Modelo. En ella fue asesinado en la matanza del 22 de agosto. Le llamaron el primero para la inmolación. Tenía entonces 23 años y tres hijos.

Tomás Borrás. Ramiro Ledesma Ramos. Madrid: Editora Nacional, 1971.

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Todo miembro de la Comintern, la Internacional Comunista, el cuartel general de la revolución mundial, estaba obligado a escribir su autobiografía una vez llegado a Rusia. ¡Qué manera de abrirse las carnes y de confesar! Un estudio de las autobiografías escritas por los comunistas españoles llegados a la URSS sería un modo fabuloso y fiel de retratar la intrahistoria del comunismo español, pero al parecer cuarenta y siete departamentos de Historia Contemporánea, que son los que albergan nuestras universidades, no son suficientes para llevar esta tarea a cabo. Lástima.

Hablemos de Santi. Fue un pistolero del PCE y su testimonio es importante, sobre todo por sus silencios. Los trabajos secretos para el partido. Santi escribió al menos dos autobiografías, una en 1941 y otra en 1947. Por ambas sabemos que nació en el poblado minero de Setares, junto a Castro Urdiales, el día 22 de enero del año 1901, y que era hijo de obreros mineros. “Mi educación es la de todos los hijos de los mineros (escuela primaria) y a trabajar, ¡cuanto antes mejor!”. Cuando contaba con catorce años se trasladó junto a su familia a La Arboleda, en Vizcaya. Comenzó a trabajar en las minas (mintió sobre su edad y coló, gracias a su elevada estatura) y a integrarse en los sindicatos mineros. De ahí a las juventudes socialistas y, tras el revuelto de escisiones y adhesiones y partidos creados y partidos rotos, terminó en el PCE. A su enemigo natural, la patronal, unía ahora el de “esa jauría de socialeros”. Ya vimos en su día cómo se zumbaban y se mataban socialistas y comunistas en el norte. Pero había más: en 1920 sufrió un consejo de guerra por atentar contra una pareja de la guardia civil. No he podido encontrar nada al respecto. Posiblemente no mató a los guardias porque salió al poco de la cárcel. En cualquier caso, en 1922 ya se encontraba en Francia, ligado a las juventudes comunistas francesas y se unió a los “grupos de lengua” en París, los grupos de comunistas de extranjeros creados en 1923. En 1924 el comité ejecutivo del partido en Francia lo mandó a España a organizar el PCE en el norte. Fue detenido en la frontera, trasladado de cárcel en cárcel hasta que fue condenado en Burgos a siete años de servicio militar, “condena absurda sin base legal alguna y obra exclusiva del Director General del Policía de España (Báguenas)”. ¡Báguenas de nuevo! Las amnistías decretadas por el dictador Miguel Primo de Rivera dejaron la cosa en un año de cuartel. En 1926 regresa a Francia y vuelve a organizar a los trabajadores españoles del Midi y de París, dirigiendo también su semanario. Allí tuvo sus más y sus menos con sus inmediatos superiores, Julián Gorkin entre ellos. Tendré que revisar las memorias de Gorkin, que leí hace poco, por ver si se me traspapeló el nombre de Santi. Lo que vino después ya es el abandono de los trabajos organizativos: “Más tarde fui utilizado por el Partido para trabajos no públicos y en el año 1931 se me envió a la URSS [estuvo ocho meses] para practicar cursillo especial [sic], terminado éste regreso a Francia e inmediatamente a España donde ligado al Comité Central del Partido hago el trabajo que se me encomendó [el trabajo “anti”, dirá en 1947] hasta mi detención en el año 1932, ésta fue de 18 meses, siendo condenado a 11 [¿4?] meses y un día de prisión mayor en Madrid”. Esto sí que se puede contrastar. Basta echar un vistazo a la prensa. Nos vamos a noviembre de 1932. La época, Luz, La voz, El heraldo de Madrid o El sol dan la noticia.

Luz

(c) BNE

Se detiene a un hombre que llevaba una pistola ametralladora
Anoche, dos agentes que pasaban por la calle de Toledo se cruzaron con dos individuos, uno de los cuales llevaba un paquete debajo del brazo. Los agentes creyeron reconocerlos como conocidos extremistas, y les siguieron hasta la calle de San Millán. Ya en ésta, invitaron a los desconocidos a que los siguieran. Como se negaran e intentaran huir, se entabló una lucha, durante la cual uno de los individuos sacó un arma. Para intimidarlos, un agente disparó, sin que se sepa si uno de los desconocidos resultó herido, pues logró huir. Los agentes condujeron a la Dirección General de Seguridad al compañero del fugado, al qué se ocupó una pistola ametralladora, que era el contenido del paquete que; llevaba debajo del brazo. Dijo llamarse Santiago Alvarez Santiago. […] A primera hora de la tarde, la Policía puso a disposición del juez de guardia al detenido en la calle de San Millán, Santiago Álvarez Santiago, en unión de la pistola ametralladora que le fue encontrada. También llevaba otra pistola, de la cual se incautaron igualmente los agentes. Interrogado Santiago Álvarez Santiago, ha dicho que aquellas armas las adquirió en una trapería de la calle del Peñón. Añadió que no iba acompañado de nadie, negando que fuese con el otro individuo que se dio a la fuga. La Policía ha practicado un registro en la trapería indicada por Santiago y en la que se sospecha que pueda haber más armas. (La época, jueves 24 de noviembre de 1932)

El hombre de la pistola ametralladora
Han sido detenidos dos individuos que vendieron el arma
El Juzgado que instruye sumario por la detención de Santiago Álvarez Santiago, que al ser detenido por unos agentes le fué ocupada una pistola ametralladora, ha ampliado la declaración de esto individuo. .Parece ser que Santiago, en su última declaración, manifestó que durante dos años había estado en Francia trabajando en unas minas y pudo ahorrar 4.000 pesetas. Una vez terminado el contrato regresó a España y fue a residir a Barcelona; más tarde so trasladó a Sevilla, y, por último, vino a Madrid.
Añadió, según noticias que hemos podido adquirir extraoficialmente, que fué testigo de los sucesos ocurridos en Madrid el día 10 de agosto, y pudo observar que los elementos reaccionarios poseían armamento que él estimo pudiera ser un peligro para la República, y concibió la idea de comprar un arma de fuego do las más perfeccionadas, y a este fin se trasladó al Rastro, donde se puso al habla con Andrés Pérez López, a quien compró la pistola ametralladora en 200 pesetas. La entrega concertaron en efectuarla en la calle de Carlos Arniches por un individuo llamado Mejías, que asistió al acto de la compra. Este acudió al sitio y hora indicados y le entregó la pistola ametralladora y otro paquete, que contenía otra pistola, no tan perfeccionada. Como Pérez López y Mejías negaran la veracidad de las declaraciones de Santiago Álvarez, el juez ordenó que se efectuase un careo entre los tres. En el careo todo hace creer que Pérez López y Mejías dijeran que la declaración de Santiago ora cierta, puesto que el juez ordenó el ingreso do Pérez López y Mejías en la cárcel. (El heraldo de Madrid, 26 de noviembre de 1932)

Las lecciones de su cursillo especial en la URSS no le aprovecharon. Cumplió cárcel. Salió en abril de 1934 y entró en la Secretaría de Organización del PCE que dirigía Gregorio Antón. Tras el alzamiento revolucionario de octubre del 34 fue el secretario de organización del Radio Este hasta el inicio de la guerra. La secretaría de organización incluía el trabajo secreto y clandestino. El trabajo sucio. “Durante nuestra guerra he cumplido con la responsabilidad de los cargos que nuestro partido me encomendó y en estrecha ligazón con los órganos dirigentes”. Esto dice en 1941. En 1947 se expresaba de forma semejante: “Desde 1936 a 1939 que salimos de España para la Unión Soviética he estado al frente de distintos trabajos de carácter secreto ligados el C. C. del Partido, estuve al frente (como jefe) de la llamada Brigada “No Pasarán” especial del C. C. [chequistas; esa brigada tuvo sus más y sus menos con Atadell] Después pasé en calidad de Consejero del Consejero de Defensa [sic] (durante la Junta de Defensa 1935-1937) etc. etc. [Se debe de referir a la Consejería de Guerra dirigida por Mije, en la cual también tenía un puesto Castro Delgado] Del 37 al 39 en un trabajo especial dentro del C. C. ligado especialmente al secretario de organización c[amara]da Checa y cuadros”.

Lo que viene después ya lo sabemos por lo que hemos ido viendo desde La Biblioteca Fantasma. Su llegada a Rusia junto a su mujer. Ahora, la muerte de su padre en la URSS. Su entrada voluntaria en el trabajo manual, como tornero. Por Rico sabemos que se le murió allí un hijo. Finalmente, que se hizo cargo de la sección española del Socorro Rojo Internacional y su entrada como tesorero y archivero de la Pirenaica. Dejó dos hijos en España al cargo de una familia amiga. Todavía vive uno. Quizá él sepa cuáles fueron los hilos que tendió para que su padre regresara a España en pleno franquismo.

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4 Comentarios

  1. Sexto Empírico

    Querido Bremaneur:

    ¡Extraordinaria pieza de investigación! Como todas las que merecen la pena y contribuyen al conocimiento histórico, estas dos últimas entradas suyas, a la vez que responden a dudas e incógnitas, añaden nuevas preguntas. Con total seguridad, serán fusiladas. No se reconocerá su procedencia ni al autor y algún autor académico (p. ej. de la London School o algún discípulo o amigo) las hará pasar como propias. Ya lo decía Schopenhauer: "Entre los catedráticos y los eruditos independientes ha existido desde siempre un cierto antagonismo... Y es que, hablando en general, el pienso de las cátedras es más adecuado para los rumiantes. En cambio, quienes toman sus presas de manos de la naturaleza, se encuentran mejor al aire libre."

    Los datos sobre la muerte de Enrique Matorras, Sinforiano Moldes y Manuel Mateo, entre otros, son determinantes para la aclaración-explicación de los sucesos de la Cárcel Modelo en los días 22 y 23 de Agosto de 1936 y acabar de una vez por todas con la falsa explicación oficial de los mismos, inducida por el Gobierno de la República a través de su portavoz oficioso en aquel momento, el diario 'Política' y repetido por Azaña en sus diarios. Hubo muchos implicados en los asesinatos, que la historiografía "oficial" desea ocultar, porque de no hacerlo así se les revientan todas las costuras de sus conjeturas. Tampoco hay que descartar su ignorancia y vagancia. Trabajar en los archivos requiere mucho esfuerzo, dedicación y, también, tiene coste económico personal. Bremaneur, esto lo sabrá usted bien.

    Con respecto a la muerte de Matorras, además de felicitarle nuevamente (¡He tenido la denuncia de su mujer en mis manos y no reparé en que era la hermana de Navarro Ballesteros!), como decía antes, abre nuevos interrogantes. El primero de ellos se refiere al Palacete de La Moncloa, que era, en el día de autos, el Cuartel del Batallón de Milicias del PSOE 'El Socialista'. No era un cuartel o checa comunista. Tenían hasta papel oficial y sello propio. Esto hace que la primera pregunta sea ¿Hubo connivencia entre el PCE ('Santi') y las Milicias del PSOE alojadas en el Palacete de la Moncloa? Si la tortura a Matorras se produjo en el Palacete, la respuesta es que sí. Además, debe tenerse presente que era la Brigada Motorizada del PSOE, comandada por Enrique Puente (a las órdenes de Indalecio Prieto) , la que tenía tomada la Modelo junto con las milicias del Batallón 14 de Izquierda Republicana.

    Además de recordar a las milicias del PSOE, también debe recordarse que el día 22 por la tarde se constituyó un comité de milicias en la Modelo, dirigido por el capitán Cruz y el teniente Boato, ambos del PCE.

    Por último, una duda relevante es esta. ¿Por qué 'Santi' llevó a Matorras al Palacete de las milicias del PSOE cuando tenía en la espalda de la Cárcel Modelo el Cuartel de Milicias dirigido por el Coronel Barceló con quien le unían más afinidades político-ideológicas? El cuartel de la calle de Moret estaba a doscientos metros de la puerta principal de la carcel y a un par de docenas de metros de la salida de la quinta galeria.

    Mis felicitaciones de nuevo por su apasionante contribución y su generosidad. Como sugerencia, para que el pirateo de sus fotos y reproduciones sea un poco más dificil, quizás le convendría incorporarles alguna 'mancheta' o 'marca de agua' que haga referencia a la BF y su creador.

  2. Rocatallada

    Convendría reparar en la ruta de algunas víctimas de las checas para advertir si no había una selección ideológica, venganzas esperadas desde atrás, una división del horror: este para mi, ese para ti, conexión entre verdugos para repartir la muerte. Enrique Puente, del que hablamos, también se ocupaba con La Motorizada de la checa del Palacio de Medinaceli (sobre la que se levanta hoy el Centro Colón, que guarda algún secreto escatológico del que me hablaron los más veteranos trabajadores del lugar); allí llevaron al, extraordinario, pintor Alfonso Ponce de León, vanguardista, censurado luego por el franquismo, casado con Margarita Manso, la amiga en verso de Federico García Lorca; a casa de la madre de ésta iba silbando desafiante el Cara al Sol según escribió su amigo Ridruejo. Cada cual palma como quiere, por lo visto. Tenía deudas pendientes con los comunistas desde los tiempos de La Barraca. ¿Y se lo cargan en la checa socialista? No, termina en la del Castillo, del Partido y "hermanastrada" con la de San Bernardo; su cadáver aparece convenientemente martirizado entre Vicalcálvaro y Rivas.

  3. Rocatallada

    Por cierto, ya que citada, guarda La Barraca en su etapa final misterios que son definitivos en el final de Federico. Incluso habría que casar fechas para ver hasta que punto el abandono de su amante Rafael Rodríguez Rapún tiene que ver con las nuevas y dudosas amistades políticas del poeta y de las que nos hablaba casi en susurro el desaparecido crítico de El País, Jorge Campos. También en susurro lo escribió.

  4. Sergio Campos

    Amigos, lamento el retraso en contestar, pero he tenido un fin de semana complicado y además el puñetero wordpress no me avisó en principio del primer mensaje de Sexto. Si no llega a avisarme, ni me entero. Y muchas gracias por comentar estas entradas. Como bien dice, Sexto, "trabajar en los archivos requiere mucho esfuerzo, dedicación y, también, tiene coste económico personal". Así que se agradece el interés. Tomo nota de eso que dice las fotografías. Ya sabemos que ha habido mucho aprovechado por estos lares.

    Al tajo. Lo primero será traer el sello de la agrupación socialista del Palacete de Moncloa.

    http://farm6.staticflickr.com/5466/10254148115_8db471162a.jpg
    (c) PARES

    Dudo mucho que a Matorras lo tuvieran en ese palacete. No tendría sentido dejar el cadáver prácticamente en la puerta, aunque es cierto que allí aparecieron varios en días anteriores. Además: ¿por qué habrían de retener allí a Matorras y no, por ejemplo, a Báguenas? Estoy de acuerdo con Rocatallada. Si no fueron los mismos comunistas que eran algo en la Modelo los que separaron a Matorras desde el principio, se lo entregaron a ellos los mismos que se hicieron con Fanjul, Báguenas, etc.

    Se me hace casi imposible responder dónde lo tuvieron tanto tiempo y por qué lo tiraron al arroyo de Cantarranas. El procedimiento no fue el mismo que el seguido con los otros presos de la Modelo. Lamentablemente, tres días dieron para mucho. Son los que tuvieron apresado a Matorras antes de asesinarlo. No apareció el día 23 junto a los otros presos de la Modelo sino el 26. Hasta podrían habérselo llevado a San Bernardo, un sitio seguro, propio y que funcionaba a pleno rendimiento. Ya sabemos cómo tuvieron allí a Manuel Mateo y cómo iban a verlo en procesión.

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