Las sendas

La he leído de un tirón en una mañana. Se nota que es la novela de un joven (la escribió Ros con diecinueve años) y que es una novela primeriza, pero eso sólo sirve para disculpar sus pequeños errores y para destacar aún más sus numerosos aciertos. Las sendas, el destino de cada cual, el abismo juvenil, el ambiente populachero de las grandes ciudades, la bohemia tardía y llamar «justipreciadas» a un par de putas.

 


sendas
Inscrita en el naturalismo tardío, esta primera obra de corte tradicional moralizante ya problematiza la posición social del escritor, representando la reflexión estética un fenómeno concomitante de la autorreflexión. Pepe, el protagonista, es un representante tardío, pero típico, de la “abulia” tematizada por los autores de la generación del 98. En lugar de prepararse para tomar el relevo de su padre, un rico campesino y cacique valenciano, el joven abúlico se dedica a la lectura de literatura erótica trivial -Joaquín Belda, Emilio Carrere, Antonio de Hoyos y Alberto Insúa- como el “único refugio de sus aburrimientos pueblerinos”. La literatura de evasión le distancia de la vida del campo, primitiva y animal, despertando en él el deseo de la bohemia y de la fama artística. Como un “nuevo don Quijote” con fe en sus ilusiones, abandona el camino seguro de la tradición familiar, entregándose al camino de la perdición. Irremisiblemente se hunde en los vicios, puesto que resulta ser demasiado débil para seguir el “pedregoso camino de las letras” y realizar su pretendida vocación. […] De la bohemia de opereta en Valencia a la existencia marginal e inestable en Madrid, donde desperdicia la herencia paterna, el fracaso del protagonista obedece a una razón edificante. Como paria de la metrópoli […] el escritor fracasado se pierde en la masa de los hombres de la gran ciudad, aquellos “muñecos irresponsables”. Cobarde y sin voluntad, no se atreve a suicidarse y encuentra finalmente la salvación al servicio de una teoría política redentora. […] En toda su banalidad, la historia del escritor abúlico y sin carácter que se adhiere a un partido como propagandista literario en busca de publicidad puede ser leída retrospectivamente como parábola de aquel “pacto con el diablo” que Ros y otros autores de su generación iban a sellar con el fascismo. Sin embargo, en la España de 1923 el literato joven y acomodado ve este peligro en las filas de la izquierda. Ros cierra su novela con una moral simplista y conservadora […] El destino le sorprende a través de dos policías, cuyas balas alcanzan al hijo pródigo del cacique de pueblo ante la vista del cementerio de su tierra, poco antes de llegar a la tumba paterna. En consecuencia […], la actividad artística del literato implica la negación de la tradición histórica y su garante, la familia, así como la suplantación de la realidad por ilusiones fatales o ideologías. El escritor representa una existencia marginal fracasada, sin voluntad ni carácter, bohemio y anarquista.

Mechthild Albert. Vanguardistas de camisa azul.

 

Samuel Ros. Las sendas. Prólogo de V. Calvo Acacio. Cubierta de F. Mellado. Valencia: Imp. La Gutemberg, [1923?]

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1 Comentario

  1. Me ha `parecido ver en el argumento algunas notas biográficas del propio Ros, desde el señoritismo provinciano a la bohemia subvencionada.
    Pero lo de encontrar la novela debe ser punto menos que imposoble, nada en Uniliber y de reedición ni hablemos.

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