Llevo un tiempo dándole vueltas a los motivos por los cuales las memorias de los comunistas son un tostonazo insoportable y por qué son trepidantes las de los renegados. Todos ellos compartieron en algún momento un espíritu revolucionario, pero los primeros abandonaron su rebeldía para convertirse en covachuelistas del partido, mientras que los segundos ahondaron en esa rebeldía, ahora también contra el partido. Poco tiene que ver el talento y mucho la libertad a la hora de dotar una autobiografía de cualidades literarias.

Valtin fue uno de los mejores escritores de la llamada «literatura del desencanto». Su autobiografía La noche quedó atras es un libro apasionante. Las dudas que todas memorias concitas sobre la verdad que ofrecen se ampliaron tras la lectura de Der Stalinismus und die Renegaten, de Michael Rohrwasser. En esta monografía se apuntan algunos errores e inexactitudes de Valtin, aunque en ningún momento Rohrwasser pretende deslegitimar ni a su autor ni su periplo biográfico.

Sí lo intentaron en su día las hordas propagandísticas de la Comintern, sobre todo a través de un tipejo llamado Sender Garlin. Un extraordinario artículo de Guillaume Bourgeois explica cómo se llevó a cabo la campaña de difamación y en qué condiciones escribió Valtin su libro.

Una de las obras más desconocidas de Valtin es esta, Las fronteras del miedo. Como libro solamente se publicó en español. Se trata de unos reportajes que el alemán escribió para Le Figaro y para The American Legion Magazine muy poco antes de morir. Documenta con la impecable mixtura de verdad y curiosidad, es decir, con emoción, la vida de los fugitivos que huían de la recién creada República Democrática Alemana. Fue tal la cantidad de refugiados que la única solución que encontraron los siniestros dirigentes del SED fue levantar el telón de acero.

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Un amigo se ha infectado. Hablo con él y se encuentra con ánimo. Me dice que en la carta en la que le comunican el positivo incluyen un número de teléfono al que llamar para recibir instrucciones.

— Oye, no te lo pierdas, resulta que llamo y después de varios intentos me lo coge una mujer, y después de hablar un rato me dice que no es médico.

— …

— Bueno, persona era, pero médico no.