Mi amigo Satur me envía esta crónica histórica que quiero compartir con todos vosotros.

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La violenta tradición

por Satur.

El 3 de mayo de 1927 se jugó en Madrid el contencioso de vuelta de los cuartos de final del Campeonato de España, actual copa del Rey o del expríncipe, habida cuenta de que hay quien todavía no se ha enterado del cambio de monarca. A ver si se enteran ya.

 

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Se jugó en el polideportivo del Real Madrid, entonces llamado secamente «Chamartín», y enfrentó a las escuadras del Barcelona y el Betis. La crónica de La Vanguardia que da cuenta del choque es un prodigio del que deberían aprender los narradores deportivos de los rotativos contemporáneos. Principia con una errata prodigiosa -«En Madril»- y habla de un contencioso mediocre salvado únicamente por cierta habilidad técnica de los azul y grana y por el ímpetu no exento de marrullería de los jugadores béticos. El Betis jugó con un «equipier» menos a causa de su juego violento, lo que llevará a algunos a establecer paralelismos con el Barcelona actual, tirando de estadísticas de forma un tanto falaz. Allá ellos, porque el verdadero protagonista del espectáculo jugado en el polideportivo del Madrid fue el público. Nada dice la crónica del ignominioso espectáculo de la merengue hinchada.

Hay que irse hasta el día siguiente para encontrar un resumen de prensa que agavilla las noticias sobre nuestra vergüenza nacional. Como me resulta bochornoso transcribirlo, lo dejo aquí en forma de imágenes, porque una imagen si no vale más que mil palabras, al menos puede contenerlas.

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Sí. La afición que el 15 de enero de 2015 aplaudió al equipier Hitchcock por esta entrada criminal sobre Gabi, tiene la violenta tradición de lo peor de España, hoy solidificada en el nuevo nacionalismo español: el morinyismo. Si alguien me acusara de un probable desconocimiento factual sobre los hechos, y adujera que quizá infiltrados entre los entusiastas merengues hubiera hinchas colchoneros, permítame silenciarle con la elegancia que imita a la que mostró en su día el Aleti.

Aleti

La Vanguardia, 8 de mayo de 1927

Para terminar, y enjuagándonos el mal sabor de boca que nos deja esta historia, siquiera para limpiarlo parcialmente, pues sólo con zotal y astropajo podríamos deshacernos de él, recordemos que en el mismo partido en que el andaluz Hitchcock quiso partirle la pierna a Gabi entre aplausos del así llamado paradójicamente «el respetable», Fernando Torres introdujo el esférico dos veces y las dos a pase de Griezmann en la meta contraria, contrariando tanto al cancerbero como a los zagueros como al equipo completo como a la merengue hinchada. Estoy convencido de la atlética victoria el sábado en la final de la Chançons Ligue, pero más convencido aún lo estoy de que Torres materializará sus ocasiones. Y si así no ocurre, mi felicidad seguirá intacta, porque no vendo mi alegría a una noche. Ha sido demasiada la que me ha procurado el Aleti a lo largo y ancho de la temporada, tanto en liga como en Chançons. Cuando los gusanillos empiecen a afilar los colmillos viendo que llega mi postrer hora y la película de mi vida se proyecte en las retinas circunvalares de mi celebro, entre heteróclitos recuerdos de carácter íntimo y un viaje que hice a la Laguna Negra, aparecerán escenas imborrables.