La guerra civil empezó en 1930

En 1929, Antonio Espina, colaborador de La Gaceta Literaria, publicó un artículo que me impresionó: «Cita del 3 y el 0» o sea 1930 como año en que «había ya que definirse». La politización en la literatura comenzaba y el mismo Antonio Espina daría testimonio de ello cuando a primeros de ese año 1930, Ramón Gómez de la Serna me ofreció un banquete en «Pombo» con más de cien comensales y en el que a su final, mientras Rafael Alberti repartía un panfleto contra la Revista de Occidente en el que aparecía de «damo» Antonio Marichalar, acompañando siempre a las musas de Ortega, una Condesa y una Duquesa, el propio Espina se levantó para disentir de la presencia de un fascista como el comediógrafo Bragaglia entre los comensales, y atacar con ese motivo la Dictadura de Primo de Rivera auspiciando una España liberal y republicana. Frente a lo cual Ramiro Ledesma Ramos se alzó, no a defender a dictador alguno, sino a pedir un clima de heroísmo entre las juventudes. Y respondiendo a la pistolita simbólica, la de Larra, que sacara Antonio Espina, empuñó una de verdad. Con lo cual se armó un jaleo terrible en el viejo y plácido «Pombo», teniendo necesidad Ramón de utilizar su voz estentórea como un apagafuegos para dominar aquel choque. La guerra civil había comenzado en España. Y, una vez más, los poetas precedían a los políticos. Los poetas como nubes preñadas de tormenta.

Giménez Caballero, Ernesto. Memorias de un dictador. Barcelona: Planeta, 1981.

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12 Comentarios

  1. Mercutio

    (B)remaneur dijo... <>La guerra civil empezó en 1930 y los de izquierdas fueron los primeros en empuñar las armas.<><>Ramiro Ledesma Ramos (...) respondiendo a la pistolita simbólica, la de Larra, que sacara Antonio Espina, empuñó una de verdad.<>Vd. mismo, amigo.

  2. bremaneur

    Amigo Mercutio, veo que tiene poco ojo para detectar provocaciones. Además, eso lo he escrito en otro blog y no en éste. Puestos a comentar la coda, hagámoslo donde haya aparecido.

  3. Reinhard

    Memorias de un dictador, porque las dictaba a su secretaria. No obstante, yo estoy más con Moa, aquello empezó en el 34, o quizá en el 31, pero eso daría para muchos libros y no me pagan....

  4. Cayo Villar

    El origen de la guerra civil esta en Atapuerca, fijo.

  5. Adrede

    Hora es, llegando a cierta edad, de principiar a escribir unas memorias. Las mías, centradas y también agotadas en Granada pues soy de vida y prosa sedentarias, arrancan de la adolescencia, pues la niñez, la mía, constituye un período sin pena ni gloria, ni carne ni pescado, que no merece ser glosado. Pero, ay, la adolescencia, qué gloria y qué glosa, cuántos descubrimientos, pero a la vez, cuántas frustraciones. Las lecturas del Capitán Trueno despertaron en mí una primeriza vocación guerrera, militar y contra el infiel, lo que llevó a papá, hombre del Movimiento Nacional a intentar alistarme en el glorioso Tercio, todavía y por aquellos años de Extranjeros. Fue un veinte de septiembre, aniversario de la fundación de tan glorioso cuerpo, ay, los cuerpos gloriosos que decía el Maestro, cuando arribamos a Ceuta, qué cuerpos digo y rememoro, qué hombres, qué ardor guerrero, cuánto músculo embutido en el verde oliva, pechos abiertos de par en par sobre los que reposaba el oro macizo del Cristo de la Buena Muerte, tatuajes policromados en brazos de hierro y venas que daban fe de una vida plagada de peligros, de dolientes existencias que en la batalla se redimían, la muerte como leal compañera. Tras el desfile, vertiginoso y musical, papá me arrastró hasta el banderín de enganche donde jugueteaba una cabritilla, graciosa y disparatada a la vez, como las blancas cabritillas de Heidi, que me olisqueaba, que me gruñía y que hasta llegó a morderme mientras a punto estaba yo de estampar mi rúbrica en aquel documento de adhesión que en un hombre, de una pieza y para siempre, me habría convertido. Mas aquella cabrita lo que olía era la mierda que me caía por la pata abajo, la misma que me atenazaba la diestra y me impedía firmar lo que podría haber sido una tránsito hacia la gloria, una comunión con la hombría. Todavía hoy, muchos años después, me duelen los capones con los que papá me obsequió hasta el regreso a Granada. Pero de todo lo malo se aprende, y desde entonces vivo prendado de África, de su fulgor y también de aquellos moritos que por la plaza africana revoloteaban y que hoy, de tanto en tanto, meto en mi alcoba, esa dacha de pobre y escritor y humilde bachiller de provincias, y a los que pongo a cien, mientras me cabalgan, cantando aquello de encima del Gurugú una morita decía...vale más un legionario que toda la morería.

  6. Siempre me gustó en Neguev

    Hermano Bremaneur, no debería dejar que el hermano Adrede publique post como el que antecede, plagado de falsedades geográficas. Que el monte que corona Ceuta es el Hacho. Estándo el Gurugú mas cerca de Melilla.Pero claro. ¿ Qué puede importarle al hermano Adrede la geografía de esas dos ciudades españolas y africanas,mezcla de culturas y paradigma de buenas relaciones vecinales entre etnias que harían palidecer la entelequia Alianza de las civilizaciones, cuando se confieas uno, sin pudor, votante de ZP ?http://es.wikipedia.org/wiki/Monte_Gurug%C3%BA_(Marruecos)http://www.conoceceuta.com/0050-09%20fortaleza%20del%20monte%20hacho.htm

  7. Anonymous

    No creo que Adrede cometa ningún error: esa canción es mítica en La Legión y la cantan los legionarios de los cuatro tercios: Gran Capitán, Duque de Alba, Juan de Austria y Alejandro Farnesio.

  8. Siempre me gustó el Neguev

    La legión no se equivocaba, aunque no tuviera gugle: La canta dedicada a Melilla. No a Ceuta.<>cuando arribamos a Ceuta...<> Si lo sabré yo..

  9. el rufián melancólico

    Por seguir con la guerra y su desmemoria. Es penoso contemplar la sarta de errores y disparates que sin rubor largan Joaquin Leguina y Jorge Reverte. Lo que dice el primero sobre Agapito García Atadell es intolerable y más, cuando se presume en el texto de estar bien informado sobre el asunto. Confundir de entrada a la Brigada del Amanecer, dependiente de la Secretaría General Técnica de la Dirección General de Seguridad y dirigida por el inefable Raúl Bellido, con la Brigada Atadell, es para no seguir leyendo. No es éste el más pequeño de los errores. Ocultar la naturaleza institucional de la Checa de Atadell, nigunear su larga y bien conocida trayectoria socialista y comprar sin vergüenza la "mercancía"del rapto de Piedaiña es algo que no pienso perdonar.Tampoco a Reverte y sus balandronadas sobre Paracuellos, "Medina" y Amor Nuño, publicadas hoy en El País. En los próximos días ajustaremos las cuentas. Les anticipo el título:Desmemoria de Atadell, Paracuellos y Amor Nuño.

  10. Anonymous

    ¿ Alguien puede colgar el artículo de Leguina ?Gracias

  11. bremaneur

    Y el de Reverte en El país.TRIBUNA: JORGE M. REVERTESobre la inocenciaJORGE M. REVERTE 03/12/2008A cuenta de las responsabilidades exigidas o exigibles por crímenes cometidos durante la Guerra Civil, no está de más que se analicen en serio los comportamientos de los distintos actores que participaron en acciones de carácter genocida, que las hubo en todas las direcciones. Hay un amplio consenso entre los historiadores serios sobre el carácter esencialmente exterminador del movimiento rebelde. No sólo Franco, sino Queipo, Mola y bastantes militares y civiles más, coincidieron en dar a su actuación un decidido impulso asesino que fue bendecido por la Iglesia. El nacional catolicismo dio pie a la buena conciencia de aquellos asesinos sistemáticos. También es fácil coincidir en que no admite discusión la responsabilidad -investigada, pero también reconocida por muchos de sus protagonistas- de la Internacional Comunista en las decisiones que condujeron, por ejemplo, a la matanza de Paracuellos. Unas decisiones que fueron acompañadas por la colaboración personal y material necesaria de miembros de la dirección del PCE. Paracuellos, pero también Andreu Nin y otros numerosos casos.Sin embargo, permanece en el aire una opinión generalizada que atribuye inocencia en torno a las posiciones de otros grupos políticos que, a lo más, cargan con la culpa de haber practicado una violencia ciega, espontánea y de respuesta, pero nunca de haber desarrollado esa violencia de forma científica y genocida. Dirigentes anarquistas y del POUM son, por lo general, los beneficiarios de esa benévola opinión generalizada.Antonio Elorza es uno de los historiadores serios que adopta esta actitud compasiva, tanto hacia los comunistas españoles como hacia los anarquistas.Sin embargo, los hechos parecen ir por otro lado. Basta leer la prensa de la época para comprobar que desde Solidaridad Obrera o La Batalla se hacían llamamientos directos al exterminio de religiosos o de burgueses. Hay incluso testimonios que avalan que la FAI, la rama pistolera del anarquismo, tenía en Barcelona un plan sistemático de eliminación de personas antes de que se produjera la sublevación del 18 de julio de 1936.El caso extremo es el de Paracuellos. Porque si bien parece ser incontestable que la iniciativa partió de un agente de la Internacional Comunista como Vitorio Codovila, uno de los creadores del V Regimiento, la decisión se concretó por un acuerdo entre las cúpulas del Movimiento Libertario y las Juventudes Socialistas Unificadas en la Junta de Defensa de Madrid. Las sacas de noviembre y diciembre fueron ejecutadas por orden de Amor Nuño, un joven anarquista presente en la Junta y alguien no identificado de las JSU, organización ya de obediencia comunista, que sólo podía ser Santiago Carrillo o su segundo, José Cazorla. A Segundo Serrano Poncela le tocó obedecer y poner en marcha la matanza. Esta responsabilidad está comprobada en el acta de la reunión del Movimiento Libertario de Madrid celebrada el 8 de noviembre, que tuve la fortuna de encontrar en los archivos anarquistas hace tres años.Pero hay más: Melchor Rodríguez, el ángel de las prisiones, estuvo presente en esa reunión, y no figura su opinión al respecto. Lo que sí sabemos es que fue destituido oportunamente por su jefe, Juan García Oliver, ministro de Justicia del Gobierno de Largo Caballero, seguramente porque no mostraría su acuerdo con las matanzas proyectadas. Rodríguez fue repuesto en su cargo el día 6 de diciembre, cuando las sacas se terminaron. García Oliver estuvo, por tanto, informado de que se iba a proceder a la matanza, aunque en sus memorias, repletas de fantasías y tardías justificaciones, intentara echar toda la responsabilidad sobre dirigentes como Margarita Nelken.No hay ningún indicio serio, por el contrario, que avale que ni el Gobierno de la República ni la Junta de Defensa de Madrid conocieran esa voluntad de exterminio puesta en práctica por los comunistas y anarquistas madrileños. Como no hay nada que implique a Companys u otros dirigentes de Esquerra Republicana en las sistemáticas matanzas de curas, carlistas o militantes de la Lliga de Cambó, realizadas por la FAI y el POUM. Hubo voluntad y planificación, pero no del Estado republicano, sino de las direcciones de grupos políticos que lo apoyaban. Comunistas del PCE y del POUM, anarquistas de la FAI y, es posible, alguna fracción de los divididos socialistas, que fueron los actores del asalto a la cárcel Modelo en agosto de 1936.Esa distinción es importante. Y justifica que se pueda decir que la República era un régimen democrático entre cuyos apoyos había muchos asesinos. El movimiento salvador de la patria que encabezaba Franco, se puede definir como un sistema criminal al que también apoyaban personas decentes.La República, logró reimplantar un régimen legal de garantías, como evidenció el juicio contra los militantes del POUM en 1938. Aunque nadie se atrevió a investigar en serio los asesinatos de Andreu Nin o José Robles, porque eso podía comprometer las relaciones con la Unión Soviética de Stalin, único país que le suministraba armas.Mientras, el Estado franquista no hizo sino legalizar el asesinato mediante el uso de los tribunales militares y los juicios sumarios.Una diferencia básica que no nos puede llevar a repartir certificados vanos de inocencia. Lo que importa es la verdad.

  12. Reinhard

    Raro se me hace ver, o mejor leer, a Reverte sin que medien Gálvez y Euskadi. Lo de que la República reimplantó un régimen legal de garantías es de risa, pero esto suele ocurrir cuando un escritor se pone a ejercer de historiador.Que un régimen se adorne de una determinada liturigia procesal- el bando nacional lo hizo desde el inicio de la guerra- no implica que existan garantías, al menos las que son propias de un estado de derecho. Seguramente también dirá, o habrá dicho ya por ahí, que Franco ganó la guerra por contar con más ayuda extranjera. Esta película ya la he visto.

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