Carrere, Emilio. La copa de Verlaine . Madrid: Fortanet , 1918. 174 p.
Emilio Carrere (1881-1947) es uno de los escritores que con mayor asiduidad aparecen en La novela de un literato, de Cansinos-Assens. Cronista de la vida de esa cohorte de bohemios que tomaron Madrid con la ilusión de alcanzar la gloria literaria. Así los define Carrere: “La picaresca clásica, erudita, aventurera y gallofa se funde con la bohemia literaria, pedigüeña, trotacalles y sentimental, y nace el tipo del ‘piruetista’ entre poeta y pícaro, filósofo y desarrapado”. Losada, Barrantes, Lozano, Dorio, Forondo, Pujana, Roldán, Bóveda, Santaló. Pobres hombres que mueren olvidados en los cuartos miserables de las pensiones madrileñas como la de Han de Islandia, personaje también retratado por Cansinos. Tampoco faltan aquí Villaespesa, Julio Camba o el terrible Pedro Luis de Gálvez.

Hay algo triste en este libro. Más que las sombras doloridas que pueblan esa bohemia, y que aquí se retratan con precisión, lo triste es el regodeo en la elegía de sus vidas fracasadas.

En el capítulo “Elegía de un hombre inverosímil”, Carrere habla de Forondo, “traductor calamitoso” de “espesa barba multicolor”. Nos refiere con crueldad algunas de sus traducciones: “El pobre pequeño niño sacó su muestrecita. Eran once horas sonadas”; “El desconocido llevaba un pantalón corto y una capa del mismo color”. Luego nos dice que Forondo ha muerto. “Yo le estimaba; estaba siempre triste, estaba siempre fracasado”. No obstante, “algo queda sobre mi conciencia como un peso muy grave”, dice. Forondo le confesó a Carrere que había seguido el camino de esa tropa desarrapada “encantado por la lectura de mis narraciones de la bohemia pintoresca”, nos cuenta. Su conciencia puede descansar tranquila, no obstante: “De todos modos, yo no tengo la culpa de que me hubiera leído mal. La bohemia es triste, desastrosa, absurda. Y más aún cuando no se tiene talento ni temperamento literario”.

Trapiello, en Las armas y las letras , nos cuenta de Carrere: “Ante el temor de ser paseado en Madrid, prefirió pasar por loco y consumir la espera en deprimentes establecimientos frenopáticos. Al término de la guerra, se despulgó el miedo, se sacudió las congojas en la puerta y apareció campante de nuevo en Madrid, cuyas calles reconocieron pronto su estampa de Bohemio.” Más adelante traeremos la crónica en la que cuenta sus días escondido en el manicomio.

A Carrere se le vuelve a publicar. Valdemar ha recuperado algunos títulos suyos. En las librerías de viejo se pueden encontrar con facilidad sus obras. La copa de Verlaine la compré hace pocos años y me costó veinticinco euros. La cubierta tiene una ilustración un tanto psicodélica. No reconozco la firma del autor. Parece algo así como J. Mira Gallardo. Si alguien tuviera a bien dar noticias de él se lo agradecería mucho.