La caza ha sido buena

Clandestinos, entraban en la casa en grupos de tres, esperando veinte minutos entre uno y otro. Pese a las precauciones tomadas la policía los detuvo a todos excepto a los dos que estaban fuera, vigilando. La prensa dice que un guardia que pasaba en bicicleta sospechó de la entrada de gentes que no eran inquilinos del edificio, aunque tampoco cabe descartar, ahora, que todo se debiera a una delación. Era el 28 de agosto de 1932 y se reunían en el número 12 de la calle San Bartolomé los principales secretarios políticos del Partido Comunista, Sección Española de la III Internacional.

(Días después, detuvieron en un café a los dirigentes. Se habían reunido para comentar las detenciones y tomar algunas decisiones al respecto. Allí les esperaba Martín Báguenas con sus hombres; Báguenas, el comisario de policía que dejó impotente a Castro Delgado de una patada en los huevos).

Hubo que rendir cuentas en Moscú a causa de las detenciones. Los responsables soviéticos de la Comintern recelan de la dirección del partido español. Terminará por caer entera para ser sustituida por un grupo de fanáticos obedientes. Mientras tanto, los dirigentes -Bullejos, Adame, Vega y Trilla- se justifican. Sospechan que hay un provocador y no dudarán en señalarlo: uno de los tres hermanos Zapiráin -posiblemente Luis-; o Manuel Mateo, Secretario de Organización de Madrid. Eran los encargados de vigilar la entrada y ambos habían desaparecido en el momento de entrar la policía, para regresar de nuevo a la casa un cuarto de hora después de que se marchara.

La Época. 2/9/1932. Fuente: BNE

La Época. 2/9/1932. Fuente: BNE

Cayeron diecisiete comunistas, entre los que estaban Pedro Checa, Vicente Uribe, Luis Sendín, Juan Astigarrabía, Alejandro García Val y Pedro Martínez Cartón. Dos eran extranjeros: el argentino Victorio Codovilla -a quien la prensa llamaba Víctor Cordobilla- y el suizo Edward Fischer, posiblemente un pseudónimo bajo el que se ocultaba Siegfried Bamatter, el mismo “Wasmatter” del que habla Castro Delgado en sus memorias soviéticas. Codovilla y Fischer eran delegados de la Comintern en España. Maestros de revolucionarios.

(En las declaraciones de Bullejos y los demás aparecen otros emisarios que andaban esos días por allí, como Octave Rabaté, delegado del Profintern, o Philipp Dengel, alemán nacido en 1888. El 22 de junio de 1941, el día que Hitler inició su ataque contra la URSS haciendo trizas el ignominioso pacto germano-soviético, Dengel sufriría una apoplejía. Fue testigo de ello Castro Delgado, que estaba en todas las salsas, aunque no sabía que aquel alemán había sido uno de los instructores de la Comintern en España entre 1931 y 1932. También se cita en esos documentos a Rut, Ruth Kahn, conocida como Carmen la Gorda, una alemana delegada en España del KIM, la internacional de juventudes, a la que todos odiaban y que era la mujer de Pedro Martínez Cartón).

Bamatter, Dengel, Rabaté y Codovilla:

Se pregunta en Moscú por esas detenciones y por lo que parece ser una deriva chapucera del partido. Salen a aflorar sospechas de delación. El Partido Comunista, hasta la guerra una fuerza menor con pocos afiliados, aunque muy activa en sus actividades de agitación y terrorismo, estaba contra las cuerdas en esa época. Aquella detención no fue la única. Abundaban, y también la confiscación de sus archivos. En las mismas declaraciones de la dirección del partido español aparece un joven un tanto calamitoso. No parece manejarse en las estrictas técnicas de la clandestinidad: lleva un diario íntimo que han leído algunos camaradas y comenta a los cuatro vientos su rápido ascenso en los puestos del partido. Tiene dieciocho años, lee como un condenado y se llama Enrique Matorras Páez. No está a lo que está, como se suele decir, porque sufre una crisis espiritual que trata de curar casándose y teniendo hijos primero y luego dándose a la vida disoluta. Eso dijo él. Pero quienes se defienden de las acusaciones de la Comintern -duras: no se limitan a decirles que eran unos incapaces; Manuilski llamará a uno de ellos anarcofascista, toda una condena-, necesitan apuntar más alto para quedar libres de culpa. Hay alguien con más peso en el partido que Matorras: Manuel Hurtado. Tiene en su casa numerosa documentación y una agenda con las direcciones de numerosos camaradas. Sin cifrar. La culpa de ascender a Matorras y dejarle a cargo de los archivos confiscados por la policía será de Hurtado. Así lo dicen.

(A Matorras le detiene la policía en su casa. Y curiosamente sólo Zapiráin conocía la dirección. Pero vaya usted a saber. Las sospechas y las delaciones se suman sin aportar pruebas. El caos es formidable).

matorras

Declaración de Manuel Adame. Moscú, 29/09/1932

Declaración de Manuel Adame. Moscú, 29/09/1932

Quienes pagaron, pocos años después, fueron tres de los hombres aquí presentados: Santiago Martín Báguenas, Manuel Mateo Mateo y Enrique Matorras Páez. Murieron asesinados al poco de comenzar la guerra. Báguenas porque era comisario de policía y no tuvo piedad con sus detenidos. Ya he dicho lo que le hizo a Castro. Mateo y Matorras, por renegados. Por traidores, que dirían sus antiguos camaradas.

manuel mateoA Mateo le tenían muchas ganas. Se ve que era de Corella, de esa tierra ribereña que Baroja detesta, por jotera y brutal. Ya hemos visto que llegó a secretario de organización del PC en Madrid y al parecer –lo dijo Matorras y en los archivos de la Comintern hay un expediente a nombre de un Manuel Mateo- viajó a Moscú. Sobre su conversión y entrada en Falange apenas sé nada. Sí que fue amigo de José Antonio -Primo de Rivera, se entiende- y el fundador de las CONS, ni más ni menos. En septiembre de 1936 el periódico Mundo Obrero pedía su cabeza. Estaba en busca y captura. Wanted. Había libertad e impunidad para todo, también para la delación y el crimen. «El repugnante cabecilla fascista Manuel Mateo, que aún sigue en las sombras de la traición. Para ayudar a los milicianos a sacarle de ellas, publicamos la presente fotografía». Terminaron por cogerle y le encerraron en la checa de San Bernardo, adonde acudirían en peregrinaje algunos antiguos camaradas para ver al monstruo. Lo cuenta muy bien, con mucha saña y mucho comunismo, Luis Delage, que en su día compartió celda con él y le acusa de pegar la oreja en los corrillos para chivarse luego a las autoridades.

(En la celda estuvo Delage con Heredia, uno que se cubrió de gloria en el asalto al Cuartel de la Montaña y moriría poco después en el frente. Delage también cuenta con mucha gracia eso del Cuartel).

Detrás de José Antonio, con el pitillo ladeado, Manuel Mateo. Lleva sombrero bien calado, quizá para evitar ser reconocido. Andan por Cuatro Caminos y allí hay mucho anarquista y mucho comunista. Era el feudo de Castro. Fuente: http://hispaniarum.blogspot.de

Detrás de José Antonio, con el pitillo ladeado, Manuel Mateo. Lleva sombrero bien calado, quizá para evitar ser reconocido. Andan por Cuatro Caminos y allí hay mucho anarquista y mucho comunista. Era el feudo de Castro. Fuente: http://hispaniarum.blogspot.de

«En estos días visito con algún camarada del CP el convento de San Bernardo donde tenemos algunos fascistas bien conocidos. Queremos ver a Mateos [sic], verdadero perro fascista, enemigo jurado del P. y que en Madrid nos ha dado dolores de cabeza. […] Este gran cobarde ha cambiado de actitud. ¡Suplicaba! Diría todo… pero que le dejasen la vida, vida que nos hubiera arrancado a nosotros sin pestañear». Se lo cargaron, claro. También habían detenido a su novia, Paquita, de la que no sé su destino.

(Los falangistas y sus novias. María del Carmen Cabezuelo López Hernando, la joven novia de José María Alfaro, que murió asesinada por los chequistas de la Guindalera y que venían a ser los mismos de San Bernardo: iban y venían de un lado a otro; había mucho afán).

Agapito Escanilla

Agapito Escanilla

Clemente Paramio, un auxiliar de aviación que andaría por los dieciocho años cuando comenzó la guerra, conoció a dos tipos que se jactaban de haber participado en el asesinato de Mateo: uno era un tal Rafael Sánchez de las Matas Covarrubias. Otro, Vicente Díaz, por mal nombre «El Piedra». Paramio será el único que identifique a quien estaba detrás de ese remoquete y a quien habían citado muchos más testigos y detenidos. El Piedra era uno de los integrantes de las brigadas de ejecución del antiguo convento de San Bernardo, en la calle del mismo nombre y en Madrid. Allí tiraban de gatillo los de la brigada del Amanecer, los de la brigada del Popeye y los Leones Rojos, y al otro lado del fusil, por donde no salen las balas, estaban el Popeye, el Piedra, el Tomás, el Eloy y dicen que el Benito, el Lechuga, el Ladis y el conserje de la checa y su mujer, Edmundo y Resurrección, a quienes tras la guerra les detienen y les dan tantas hostias que dicen haberse cargado a más de seiscientos ellos solitos. Cómo debieron de ser las torturas para confesar semejante trola. Y además de todos esos, están el Santi, Álvaro Marasa, Manuel Tellado y Andrés Urresola. Polis. Los de Paracuellos. Aparte de cuartel, de checa, el otrora convento era también la sede del Radio Oeste del Partido Comunista, el Radio 8. Su secretario general era Agapito Escanilla de Simón. Su hermano Carlos, pianista, dirigía los interrogatorios de los prisioneros. El primero escapó con nombre falso tras la guerra y llegó a Rusia, donde alcanzó a ser alguien de la Radio España Independiente, alias la Pirenaica. Casaría allí con una rusa profesora de hindi. A Carlos le detuvieron nada más caer Madrid.

De aquella noche del verano de 1932 hemos llegado al verano del 36. Estamos ahora en Cuatro Caminos, entonces las afueras de Madrid. Se juntan militares, el pueblo y miembros de las vanguardias obreras que ven llegada la hora de la revolución, de darle la vuelta a la tortilla para que se tuesten curas, señoritos –y sus hembras– y caciques. La quema de iglesias nada más proclamarse la República fue una broma. Lo de Asturias en el 34, un calentamiento.

En coches, camiones y en tranvía bajan hasta la plaza de España. A medio camino, a la altura de la Iglesia de Montserrat en la calle de San Bernardo, enfrente del convento, alguien dispara a la muchedumbre. Castro Delgado, posterior comandante del 5º Regimiento, le dice a Manuel Carnero, periodista, revolucionario y hombre de confianza, que se ocupe de eso. Ramón Mendezona, otro que acabaría en La Pirenaica, dice en sus memorias que estuvo allí, que disparó a ciegas y que le sorprendió el retroceso del fusil.

(Ni Carnero ni Mendezona citarían a Castro en sus recuerdos de aquel momento).

Tanto la iglesia –cuyos sacerdotes morirían todos, aunque no esa mañana– como el convento quedaron requisados por los comunistas, y San Bernardo 72 sería una de las checas más activas de Madrid. Muchos juicios, mucha muerte.

¿Y esos nombres, y esos hombres de San Bernardo que estaban junto al Piedra? Pues el Lechuga -José Lechuga Soto- parece que marchó a Valencia, y tal vez sea el mismo que cita Carlos Sampelayo como posible asesino del hermano del Capitán Rexach. Dice Sampelayo que el hermano se enteró de que estaba en un bar, fue allí y le acribilló a tiros antes de huir de España y quedarse –presuntamente- con el dinero que le habían entregado para comprar armas para la República. No me creo eso del bar, pero sí cabe pensar que el Lechuga formara parte del grupo que mató a Rexach. El Tomás digo yo que sería el que montó la checa privada de Castro, al final de la calle Serrano, no tan lejos de su propia casa. Al Ladis, Ladislao Antón Sanz, también le cogieron tras la guerra, y dicen que tenía una novia, la Peque, a la que le gustaban mucho las pistolas.

 

El Eloy sería Eloy de la Figuera, que anduvo mucho por el Comité Oficial de Investigación Pública, más conocido como la checa de Bellas Artes o de Fomento, cuya historia aún no está escrita. Era un centro oficial, dependiente del gobierno, y allí se interrogó a mucha gente. Entraban y salían, entraban y salían, y muchos de los que salían sólo volverían a entrar en un hoyo, y tierra encima y se acabó. Pues allí estaba Eloy de la Figuera, que terminó fusilado tras la guerra sin que le sirviera de nada haber refugiado en su casa a varios sacerdotes a quienes salvó la vida. Lo que son las cosas. No había perdón para quienes fueron algo en Fomento. ¿Y el Popeye? Qué ganas le tenían. Nadie sabía su nombre, pero lo describieron con detalle. Todo apunta a Manuel Carnero Muñoz, el hombre de confianza de Castro, redactor de Pueblo y posteriormente periodista en Cuba. De los importantes. Director.

Y finalmente Santi. Los anarquistas se chivaron en la prensa: los comunistas, que les acusaban de ser unos “incontrolados” (de esos que tanto le gustan a Paul Preston para minimizar la responsabilidad de la República en las barbaridades cometidas en la retaguardia), tenían a un tipo que dirigía un grupo de saqueadores y asesinos que disfrutaban la mar fusilando gente. Santi. Era el jefe de la guardia que custodiaba la sede del Partido Comunista, en la calle Serrano. Las antiguas oficinas de Acción Popular, el partido de Gil Robles. También hacía de guardaespaldas de José Díaz Ramos, secretario general tras la caída del grupo de Bullejos, Vega, Adame y Trilla, aquellos que hemos visto al principio dando explicaciones ante los bolcheviques en Moscú. Azaña se reía de José Díaz porque decía «presonas», y el último biógrafo de Díaz tiene unas páginas muy esforzadas y meritorias sobre su acento andaluz.

(José Fernández Sánchez recuerda en sus memorias un «esclarecedor enunciado de José Díaz» sobre los niños de Rusia: «Preferimos a un campesino que diga “trujo” antes que a un intelectual que no sea fiel a su pueblo»).

Santi, Santiago Álvarez Santiago, terminaría también en Rusia, con su mujer Matilde. Se les murió allí un hijo; lo cuenta José Antonio Rico en un libro muy interesante sobre las desgracias de los españoles en el paraíso soviet. Como Escanilla, salió de España con nombre falso. Fue encargado de la sección española del Socorro Rojo Internacional y, de nuevo como Escanilla y también como Mendezona, anduvo enredado en la Pirenaica, no como periodista sino como contable y archivero. De él dicen que era un comunista fanático e insobornable. Luis Galán, uno de los trabajadores de la radio, le describe como un «berroqueño militante vasco». Cuando Galán defendió la resistencia de los checos ante la invasión soviética, Santi no dudó en decirle: «Siento no haberte conocido en la guerra civil. Te habría llevado al paredón». Galán no lo dudó. Dice de él: «El autor de la retrospectiva amenaza era persona de un complejo primitivismo: obcecado, violento y sentimental, se distinguía por una probidad intachable. Habría sido capaz de dejarse morir de hambre antes que tocar un céntimo de los fondos del partido». Jordi Solé Tura también le conoció: «vasco de piedra picada y palabra seca […] que combinaba la dureza de las formas y el dogmatismo político con un aire socarrón». En La biblioteca fantasma le vimos jugar a las cartas con la Pasionaria. La mujer de Santi, Matilde, le llevaba la casa y Galán dice de ella que era una mujer admirable en muchos sentidos, aunque no detalla cuáles. El nombre de Santi aparece en todos los libros y documentos que tratan de la masacre de Paracuellos. Era uno de los responsables oficiales –digo bien: oficiales- de las sacas. Pese a ello, el gobierno de Franco dejó que regresara en los años setenta. Su mujer había muerto en Bucarest. En España habían dejado un hijo, que fue quien hizo los trámites del retorno. Los motivos de la permisividad franquista quedan de momento custodiados por el Archivo Histórico Nacional. Nada podremos saber de ello hasta que transcurran cincuenta años después de su muerte.

Enrique Castro Delgado, en el centro, entre los guardias de asalto y delante del hombre alto y enjuto.

Enrique Castro Delgado, en el centro, entre los guardias de asalto y delante del hombre alto y enjuto.

Castro Delgado, que lo sabía todo de todos, habla también de Santi:

«En la puerta muchos hombres armados. Al frente de ellos, Santi, alto y delgado, con la cabeza calva, con la mirada clavándose en todo y en todos, con su cuerpo inclinado un poco hacia delante como un cuervo que hubiera encontrado su presa».

Y más adelante:

«La guardia le vio cruzar el dintel de la puerta del edificio del Comité Central, que antes ocupara Gil Robles y su Estado Mayor. Cuando cruzó por delante de Santi éste le saludó.
— ¿Muchos, Santi?
—Estoy todavía lejos de lo suficiente… ¡Pero llegaré. Castro!
Y le enseñó unos dientes largos y amarillos que hacían horrible la sonrisa de aquel hombre que sin fatiga mataba cada día».

Y un poco antes:

«Cuando llegó al zaguán vio las gentes andar de un lado para otro con cierta precipitación.
— ¿Qué pasa, camarada Santi?
—La caza ha sido buena esta noche… Mateo entre ellos… Y Matorras… Si quieres presenciar un gran espectáculo, quédate».

Mateo y Matorras. Castro parece equivocarse, porque según la Causa General y todo Cristo viviente, Matorras había sido asesinado cuando el asalto a la Cárcel Modelo, junto a Báguenas y tantos otros. Aquello fue en agosto, y ya hemos visto que a Mateo le buscaban aún en septiembre. Pero Castro no falla, aunque lo mezcle todo en ese párrafo, porque aunque Matorras estaba preso en la Modelo, lo asesinarían fuera los comunistas. Pero de esto ya hablaremos otro día.

* * *

Para escribir esta entrada he consultado numerosos libros y artículos. Aquí van los citados:

Manuel Carnero Muñoz. Recuerdos de un testigo: del Cuartel de la Montaña al Quinto Regimiento. En Tiempo de Historia.

Enrique Castro Delgado. Hombres made in Moscú.

Enrique Castro Delgado. Mi fe se perdió en Moscú.

José Fernández Sánchez. Mi infancia en Moscú.

Luis Galán. Después de todo: recuerdos de un periodista de la Pirenaica.

Lazar Jeifets, Víctor Jeifets, Peter Huber. La Internacional Comunista y América Latina, 1919-1943: diccionario biográfico.

Branco Lazitch. Biographical Dictionary of the Comintern.

Enrique Matorras. El comunismo en España.

Ramón Mendezona. La Pirenaica y otros episodios.

José Antonio Rico. En los dominios del Kremlin.

Luis Zaragoza Fernández. Radio Pirenaica: la voz de la esperanza antifranquista.

 

Archivos y hemerotecas:

Archivo Histórico Militar de Ávila.

Archivo Histórico Nacional. Fiscalía del Tribunal Supremo. Causa General.

Archivo PCE. Informe de Luis Delage sobre la situación en Madrid de mayo a nov. de 1936. Sofía, abril de 1963.

Biblioteca Nacional. Hemeroteca Digital.

Comintern. Perepiska oppozitsionnoi gruppirovki KP Ispanii. F. 495, op. 60, d. 200g.

Ministerio de Cultura. Prensa Histórica.

 

Y mi agradecimiento a los amigos que me han orientado e informado acerca de Mateo y Matorras, Castro, Santi y el mundo o submundo o averno de la guerra civil. Ellos saben quiénes son.

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9 Comentarios

  1. Yaiza Santos

    Portentoso. Qué ganas.

  2. Rocatallada

    Muy interesante. Mucho. La oscilación de José Antonio a la izquierda que se revela del todo en sus últimos documentos políticos, escritos en la cárcel, tiene que ver con los sindicalistas que le acompañaban. Del antiguo militante de la CNT Alvárez de Sotomayor, decía Manuel Mateo: “Sotomayor es un anarquista, un individualista desordenado que terminará llevando
    el caos a los sindicatos de la Falange”. Lo que pensaba el ex-cenetista de su compañero en la Pensión de Doña Germana, era lo mismo pero al revés: “Este Mateo es un marxista y siempre lo será. Los marxistas pueden cambiar de posición pero nunca de mentalidad”. Los dos se peleaban por encauzar la deriva de la organización. En la batalla por la influencia ganó Mateo, al que para su desgracia, entre el impresor Garriguez, Mariano García y su novia Paquita, impidieron que se tirara por el balcón cuando supo que había caído el Cuartel de la Montaña. El jaez de los conspiradores viene retratado por una de sus últimas frases: "Cuando vea a José Antonio le voy a decir que en Madrid no se ha levantado la Falange sino su bufete". Pero no le vio.

  3. Bremaneur

    Bienvenida, Yaiza.

    Rocatallada: bienhallado. De siempre me ha interesado ese «de izquierdas» que suele sumarse a cierto «falangismo». Como ignorante ciudadano nacido tras la muerte de Franco pensé desde siempre (desde que mamé en la tele que Carrillo y la Pasionaria eran unos héroes) que la Falange tenía un historial recto e impoluto, ajeno a disidencias y disputas. Cosas de la educación.

    ¿Sabe algo acerca de la conversión de Mateo? Me interesa ese vaivén entre los revolucionarios de la época. Parece que la dirección era, mayoritariamente, de CNT a PCE y de PCE a Falange. Rara vez los anarquistas se pasaban directamente a la Falange y dudo que haya más de uno o dos casos de comunistas que terminaran en el anarquismo o de falangistas que dieran el salto al comunismo o al anarquismo. Es un tema interesante. De tesis.

    Ahora, quien me tiene realmente fascinado es Matorras. Su sinceridad a pecho descubierto, sus ansias de vida y de cambio le hacen un personaje digno de novela de Baroja, siempre tan atento a los tipos pintorescos y de carácter. Eso de que llevara un diario íntimo. ¿Qué fue de ese diario?

    Santi es otro asunto. El jesuitismo.

  4. Bremaneur

    Otra cosa fascinante: la mayoría de los comunistas y anarquistas que murieron fusilados o por garrote y que anduvieron pimpampún por las checas de Madrid, por la puerta de atrás permitieron que mucha gente salvara la vida, sobre todo religiosos. Y sé de algún caso, según cuentan las familias, en que el chequista se vio delatado por las mismas personas a las que salvó la vida. No veo este blog sino como un gran microscopio destinado al estudio del ser humano.

  5. Rocatallada

    Saludos, que es salud a lo grande, Bremaneur.
    Así, directamente y sin intermediación, pasaron del anarcosindicalismo a la Falange elementos destacados en la Confederación como Sinforiano Moldes, que en el 33 es encarcelado por el asalto revolucionario al Cuartel de Maria Cristina, en julio del 34 va preso por última vez como libertario y en la cárcel, detenido junto a la redada falangista de esas fechas, sale ya como añadido a la organización que acaba de conocer por "dentro". El 13 de abril del 36 es detenido junto a Marcelo Durruti, hermano de Buenaventura, y en el acto le incautan parte del fichero de la Falange, lo que da idea de su rápido ascenso en la joven formación. Marcelo, que también provenía de la CNT, fue asesinado por los franquistas; era crítico con la presencia militar al frente del golpe y lo iba gritando por ahí: murió fusilado con su camisa azul. Leer los papeles de su "proceso" da dolor de estómago. El mismo 13 de abril atrapan a Matorras. Moldes y Matorras salieron juntos de la celda, pero como hemos visto a Matorras le hicieron esperar un poco en el chalet de al lado, el de la Moncloa. Tres días para no imaginarlos.

  6. Rocatallada

    Otros libertarios que fueron de un sitio a otro:
    Nicasio Alvárez de Sotomayor, secretario de la CNT de Madrid; Camilo Olcina, secretario de la CNT en el sector de la telegrafía de la Marina Mercante y Delegado de la Federación Internacional; Olalla, Guillén Salaya (autor intelectual de una frase que repetía como un latiguillo y que le encalomó al otro para su desdicha eterna: "la dialéctica de los puños y las pistolas"); Pascual Llorente, Gutiérrez Palma, Mechor Rocatallada, Valentín Medina, José Julio Fernández, Andrés Candial, Angel Inglés, Isaías R. Adalid y, en fin, una lista larga al lado de estos que tenían un papel destacado en la Confederación. Algunos de ellos participaron en las reuniones de Pestaña con José Antonio en Barcelona. Asunto para otro día.
    Y, efectivamente, empezando por Melchor Rodríguez que fue una de esas víctimas de la ingratitud de personas favorecidas en el peor momento, hay chequistas que salvaron y no fueron salvados. Ni siquiera reivindicados luego, es decir: asesinados con la colaboración de aquellos a los que protegieron y enviados a la zahurda de la Historia donde los delatores tranquilizaban su conciencia.

  7. Rocatallada

    De Mateo, mañana le cuento. Tremendo lo suyo.

  8. Genial -as usual- en la mejor línea LBF.
    Es que los aledaños de Castro Delgado parecen inextricables. Pero no lo son, ya lo vemos. Luz, más luz, Y más rocatallada.

  9. ignatius

    Rocatallada: muy interesantes los nombres que das sobre cenetistas que pasaron a la Falange. Isaías Ruiz Adalid me trae loco; militó en el PS de Pestaña y luchó en el frente. Imagino que se pasó durante la guerra, o en la inmediata posguerra. En los 60 fue alcalde de Vallanca.
    Si me pasas un email nos podemos intercambiar información. Saludos

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