González-Ruano, en busca y captura

En 1984, Mapfre Vida dedicó una exposición al escritor César González-Ruano titulada Retrato a medias. En el catálogo, el director, documentalista y montador de la exposición, Francisco Rivas, traza una cronología sencilla pero jugosa, y en la entrada correspondiente a 1942 escribe: «En el mes de junio es detenido por la Gestapo e internado en la cárcel de Cherche-Midi. Culmina aquí uno de los períodos más misteriosos y desconcertantes de su vida».

Treinta años después aparece El marqués y la esvástica… [Seguir leyendo en Revista de Libros]

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2 Comentarios

  1. Rocatallada

    Relación de carnés de Falange

    Todo lo que hizo Ruano fue entrevistar a José Antonio, inferir militancia de semejante cercanía es un delirio; hacerlo de su relación con GeCé, apartado de la organización a papirotazos por su jefe desde el minuto dos, una importante estupidez; deducirlo por proximidad ideológica (aquellos chiquitos desarbolados pronto querían nacionalizar la banca, entregar el campo al labriego y la empresa al obrero) es desconocer la doctrina de unos y el pragmatismo cínico del otro. ¿Intuición? sí, hombre: la de la tía Felisa con su risa, vaya mentecatez de línea investigadora por instinto. Visto eso, tiemble usted con lo demás. Pero que la tarea devastadora del dúo que firma sobre la figura del excelente articulista ha cuajado y era su intención a pesar de aclaraciones sobrevenidas, se manifiesta en la cagalera que le ha entrado a MAPFRE tras la publicación de eso. Por ejemplo. Que el libro es difamante por sucia insinuación continuada: sin duda. Si de verdad hubieran tirado de hilos resistentes, y la intuición les acompañara, la ruta habría llevado a los autores a las cercanías de la Plaza de Oriente en Madrid; vive allí todavía la nonagenaria viuda del impresor español que desde su taller hacía todo el trabajo de edición para los nazis, también la falsificación de moneda europea y americana que los alemanes decidieron expandir por los países no en conflicto, empezando por Portugal. Fue ese empresario español quien se valió de su influencia para sacar a Ruano de la cárcel de Cherche-Midi desde donde, atendiendo a la versión de la viuda, pasó a ser uno de los cambistas en la ruta falsificadora. Como su inclinación era la que era, César concluyó por hacerse una villa en Cuenca con parte de esa pasta, bastante, la que supo despistar. No sé si la historia que nos contó, y luego pasó por escrito a un reputado especialista en asuntos de la época y a mí, su modesto acompañante, el hijo de la anciana señora con la firma de su madre al pie, es verdad o milonga, pero que tiene cara y ojos y no sombras, deliquios, ectoplasmas, torceduras, purulencias, tramas, y rencor, mucho rencor, el rencor sólido que se mastica desde que se abre el libro de su replicante, señor Campos, y quien con ella rubrica, eso se lo aseguro.

    Por mi lado, puedo hacer esta vez algo más que patalear: Mapfre le quita el nombre de González Ruano al premio y Jiménez II sale en nombre de su Fundación justificando. Lo que se le ocurre a Jiménez II pasa a la historia como el Quite de la Estupidez, qué bárbaro, pobre muchacho. Servidor a renglón seguido se borra de Mapfre aseguradora, le quita las mayúsculas y pone una vela a San Pascasio por la memoria de Hernando de Larramendi cuyo chocar de huesos trepida que da gusto. Son tres pesetas, pero se las niego. Por flojos.

  2. Sergio Campos

    Me quito el sombrero, Rocatallada. Tendría que contar el número de páginas que le dedican al tema del dichoso carné, capítulo cuyo único fin es echar más mierda sobre Ruano, venga o no a cuento. ¡Ruano uno de los primeros falangistas! Qué pereza.

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