El Tenebroso

el-caso-orlov-9788498925531Sigue sin saberse apenas nada sobre el OMS, el Departamento de Relaciones Internacionales, que en realidad era el servicio de inteligencia de la Komintern. Un libro relativamente reciente de David McNight resulta atractivo pero, en palabras de un crítico, pide a gritos más erudición (el autor apunta que los registros del OMS no están disponibles en el Centro Ruso para la Preservación y Estudio de Documentos de la Historia Reciente en Moscú).

No obstante, pese a la descorazonadora falta de fuentes primarias y secundarias y un nuevo problema de acceso a los archivos rusos, en la actualidad resulta mucho más fácil presentar una visión coherente de las organizaciones soviéticas a cargo de la inteligencia y la seguridad, tanto del Comisariado del Pueblo para la Defensa (NKO) como del Comisariado del Pueblo de Asuntos Internos (NKVD), así como de la Komintern, sus funciones, capacidades, organización y personal en el período anterior a la segunda guerra mundial. Sería una tarea mucho más ardua escribir sobre sus homólogos republicanos durante la guerra civil española (1936-1939) […]

En verano de 1936, el OMS fue rebautizado y se convirtió en el Servicio de Comunicación (Sluzhba Sviazi o SS) del ECCI, pero por razones de conveniencia y para evitar cualquier posible confusión con las SS alemanas (Schutzstaffel) seguiremos llamándolo el OMS. Muchos cuadros del OMS, tanto rusos como extranjeros, antes o después de trabajar para el ECCI estuvieron empleados por el NKVD o el RU. Como ya hemos mencionado, la supervisión general del trabajo secreto se confió a Moskvin/Trilisser, antiguo jefe del INO, mientras que las tareas diarias del Departamento de Organización y el OMS eran controladas por Osip Piátnitsky, miembro de la presidencia del ECCI y secretario de la delegación del PCUS en el ECCI. Cabe destacar que el OMS era el único servicio del ECCI que contaba con un departamento de personal propio, dirigido por el alemán Gustav Golke, agente del NKVD.

Boris Volodarsky. El caso Orlov.

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castro2La Komintern no es un fantasma. La Komintern no es un gran edificio a las afueras de Moscú con dos mil o dos mil quinientos funcionarios que vegetan en espera de que nuevos aires en el mundo de la política puedan devolverlos a sus países de origen. La Komintern es algo más. Algo más, aunque los que trabajemos en ella no seamos nada. La Komintern es un instrumento poderosísimo integrado por hombres de todos los países en representación de todos los partidos comunistas del mundo, manejado por el Comité Central del Partido Comunista (b[olchevique]) de la U.R.S.S. y al servicio del Estado Soviético, al que todavía millones de hombres que no lo conocen por dentro acostumbran llamar el «primer país socialista». Su estructura interior no es muy complicada: un Comité Ejecutivo integrado por representantes de los partidos comunistas de todo el mundo; un Secretariado integrado por los representantes de los principales partidos comunistas y, luego, un importante aparato que se divide en dos partes: la que todos conocemos, y la que sólo una pequeña parte conoce.

El aparato que todos conocemos no tiene nada de particular: una sección de cuadros encargada de recopilar los datos de todos los dirigentes y cuadros principales del movimiento comunista; una sección de información y Prensa, con la misión de recopilar toda información extranjera y hacer síntesis de ella para tenernos al corriente de lo que pasa en el mundo; una sección de escuelas, con la misión de organizar los cursos para la educación política e ideológica de los cuadros de los partidos comunistas ex-tranjeros; un archivo; una biblioteca con su departamento secreto en el que están los libros cuya circulación está prohibida en la U.R.S.S., y la sección técnica, que aparentemente está encargada tan sólo de la organización de los viajes al extranjero. Esto es lo que todos conocemos. Lo que es menos conocido se compone de lo siguiente: de un control exacto de la sección de cuadros, control que se lleva a cabo por funcionarios de la N.K.V.D.; una pequeña sección, dentro de la sección de información y Prensa, que se encarga, utilizando toda una serie de agencias fantasmas, de lanzar noticias sensacionales para provocar determinadas situaciones que no podrían lograrse dándolas desde la misma Unión Soviética, y un aparato secreto, al que muchos creen tan sólo una agencia de viajes, integrado por ciudadanos soviéticos, miembros todos de la N.K.V.D., que es el encargado de mantener, por medio de los procedimientos más modernos, el contacto con todos los países o con los delegados de la Komintern en dichos países. En sus funciones entra, también, el recibo o envío de materiales secretos, el envío al extranjero o el traslado a la Unión Soviética de los agentes secretos de la Komintern, del envío de dinero a los diferentes partidos, del contacto con gentes que, sin figurar abiertamente dentro del movimiento comunista internacional, le sirven. Este aparato lo dirige Shorkin, que depende directamente de la N.K.V.D. y, aparentemente, lo dirige Dimitrov.

Enrique Castro Delgado. Mi fe se perdió en Moscú.

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Asimismo, Huber se equivoca con el nombre del sempiterno adjunto del OMS y lo llama «G.T. Zorkin». En realidad era Grigori Zajárovich Sorkin (1899-1987), miembro del PC desde 1918, que trabajó durante toda su vida para el OMS-SSOMI (Instituto n.º 100).

Boris Volodarsky. El caso Orlov.

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tagueñaMe retrataron en un taller fotográfico que había en una sección aislada del hotel Lux, y me pidieron que yo mismo escogiera el nombre “conspirativo”: elegí “José Sandoval Fernández”. El día 10 de junio me despedí de Carmen y de Claudín, y se hizo cargo de mí el “aparato secreto” de la Komintern. Empezaba el misterio. Me tuvieron todo el día en un cuartito del famoso Lux. En la habitación vecina había otras dos personas, que al parecer iban a ser mis compañeros de viaje. Al anochecer nos vino a buscar el jefe del “aparato” Shorkin, un judío de la NKVD al que le iba muy bien el apodo de “el Tenebroso” que más tarde le pusieron los españoles. Me recogió mi documento soviético de identidad y me entregó a cambio un pasaporte cubano, en el que lo único auténtico era mi fotografía, Me dio también doscientos cincuenta dólares advirtiéndome que era lo que me habían asignado mensualmente. El visa, para mi vuelta a la URSS, lo mandarían inmediatamente a la Embajada de París ya que mi viaje iba a ser corto. Shorkin nos llevó a la estación para tomar el tren de Odesa. Los otros dos viajeros resultaron ser un comunista valenciano llamado Palau [¿José Palau?], y un viejo alemán, alto y delgado, que no hablaba español y apenas se hacía entender en francés. Cuando entramos en nuestro vagón de primera clase encontramos dentro a Pedro. Checa y su esposa [Adelina Soler] que también iban a Francia. Él era secretario de organización del Partido Comunista Español y gozaba de grandes simpatías por su carácter afable y modestia. A ella la había conocido en Valencia en 1933, durante el Congreso de la UFEH, cuando Claudín y yo celebramos reuniones con los estudiantes comunistas de aquella ciudad. En dos días de viaje llegamos a Odesa, pasando por Kiev. Shorkin atendía todos nuestros deseos y pagaba nuestros gastos. Nos instaló en el mejor hotel y el 14 de julio, después de unos trámites aduaneros formales, nos acompañó al barco francés, engalanado con banderas en honor de la toma de la Bastilla, en el que íbamos a navegar hasta Marsella. Zarpamos casi inmediatamente. Checa y su mujer fueron alojados en un buen camarote del puente. Palau, el alemán y yo en la incómoda cámara de popa.

Manuel Tagüeña. Testimonio de dos guerras.

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Imagen de la portada: maqueta de la torre de Tatlin, edificio pensado para albergar a la Comintern en Leningrado.

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2 Comentarios

  1. marquesdecubaslibres

    Cada mañana, cuando salgo temprano para orearme un poco antes de ir al tajo, paso por delante del edificio sito en la Avenida del Tibidabo que albergó el consulado soviético durante la guerra civil, allí donde el cónsul general Antonov-Ovseyenko pasó el mejor año de su vida antes al verse forzado a volver al Moscú. Resulta cómico lo que relata Volodarsky sobre él. "Mas catalán que los catalanes" se quejaba Negrin, que añadía que podía "luchar contra vascos y catalanes, pero no iba a luchar contra la Unión soviética". El cónsul se enfrentaba a dos problemas en Cataluña: el separatismo y el "troskismo variado" encabezado por el POUM y por los anarquistas que tocaban bola en el Gobierno catalán. Lo del separatismo no parecía preocuparle, pues parece que hasta aprendió catalán. Dicen que no hay circunstancia en que se folle mas que durante la guerra. Antonov-Ovseyenko se debió poner las botas.

  2. Bremaneur

    Los catalanes somos muy esponjositos, Marqués. Nos encanta que los poderosos nos traten como a una tribu de pigmeos y nos chamullen cuatro palabras en nuestra lengua.

    El hijo de Antonov-Ovseenko escribió una biografía sobre Stalin tamaño ladrillo arrojadizo, por cierto.

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