El director Iñaki Arteta ha terminado de montar su último documental. Se titula El infierno vasco y en su página web se presenta de la siguiente manera:

Desde hace aproximadamente cuarenta años, más de doscientos mil ciudadanos vascos han tenido que huir de su tierra por motivaciones de seguridad, escapando de la extorsión de los terroristas o de la presión del nacionalismo gobernante.

Las historias que recoge “El infierno vasco” son una representación de las miles de experiencias similares que se han vivido en estos últimos años.

Durante la década de los ochenta, en plena crisis económica e industrial, fueron cientos los asesinatos cometidos por la banda terrorista ETA, decenas los secuestros, miles los empresarios obligados a pagar ante la pasividad del nacionalismo gobernante y de una parte importante de la población. El temor a ser asesinado se extendió entre miles de ciudadanos no nacionalistas, entre el empresariado, profesores universitarios, periodistas, políticos locales, policías… El silencio se adueñó de los círculos familiares o de amigos. El aislamiento social de todo lo que no fuera filonacionalista empezó a funcionar con eficacia.
La ya pequeña población de Comunidad Autónoma del País Vasco dejó de aumentar a pesar de la propaganda nacionalista encaminada a dibujar un lugar idílico en el que la gastronomía es lo importante.

En todos estos años, hasta la actualidad, la vida para cada vez más ciudadanos se ha ido convirtiendo en un peligroso juego de supervivencia, la actividad política no nacionalista y la profesional en muchos ámbitos requieren de un alto grado de heroicidad. Pero es la inhibición, cuando no el desprecio, de gran parte de la población la que crea el ambiente propicio para el aislamiento que precede a la decisión de abandonar el lugar en el que se nació.

Con la palabra como única arma, los que tuvieron que abandonar su ciudad, sus negocios, su familia, sus paisajes, su cultura, descubren el injustificable desarreglo social que se ha vivido, y aún se vive, en una democracia como la española en la que la permisividad con el nacionalismo ha ido demasiado lejos en estas tierras del norte.

Desamparados en su seguridad personal, despojados de derechos básicos, todas estas personas han vivido con el miedo a ser asesinados, entre la impotencia y la indefensión, con el estigma de la exclusión social, la ausencia de solidaridad de sus conciudadanos y el desprecio de los gobernantes.

Es el infierno de los que se fueron y lo pueden contar, es el infierno de los que no se han ido optando por posturas silentes, no beligerantes, es el infierno de los que se han quedado para defender la libertad a contracorriente.

El equipo que ha hecho El infierno vasco se encuentra con problemas para distribuir la película, que “a partir del jueves día 23 de octubre, a dos días de la anunciada consulta del lehendakari, la película pueda ser vista al menos en Madrid, Barcelona, Bilbao, Vitoria y San Sebastián”.

El director solicita ayuda (info@leizeproducciones.com):

Necesitamos más ayuda aún para llevar la película a cuantas más lugares mejor. Para que esta realidad sea conocida por cuantos más ciudadanos mejor.

Para brindar un homenaje a los que no están, a los que se fueron, a los que se han quedado, a los que luchan desde cualquier lugar por que haya libertad en esta tierra. Cualquier tipo de colaboración será bienvenida. Y la de tipo económico no tiene por qué ser la más útil. Una ayuda importante para nosotros sería que se nos facilitaran contactos con exhibidores al menos en las ciudades en la que en esta primera fase queremos estrenar.

Otra de las maneras de cooperar más efectivas es, en una sociedad hipermediatizada como la actual, conseguir que se hable de la película, aunque sea bien.

La Biblioteca Fantasma alberga varios libros sobre nacionalismo y terrorismo y dedica especial atención al nacionalismo y al terrorismo vasco. He venido reuniendo estos libros (cerca de setenta) con la única idea de formarme una opinión sobre el tema, sobre el principal problema existente en España: la falta de libertad.

He ido tomando conciencia del problema con mucha lentitud. Soy tardo. Lo viví de forma muy licuada en Cataluña, donde me enfrentaba dialécticamente a mis compañeros independentistas, unos barbados de argumentación mazorral y exaltación impostada. Un tiempo después viví durante unos meses en Irlanda. Recuerdo ahora una discusión sobre Eta y el Ira con una vecina. No sé cómo fui capaz de explicarle el asco que me daba Eta. Allí conocí a un comunista sevillano de raíces políticas nacional-andalusíes con el que terminé discutiendo de forma un tanto cómica. Era un excelente poeta. Guardo como un tesoro el diario que le escribió a la casera y en el que me acusaba de latrocinio, drogadicción y tendencias demoníacas. Vivía en un pueblo catalán y abominaba de los independentistas. Fue la primera persona que me habló, con ligeros toques demenciales, de Arcadi Espada. Al regresar a Barcelona leí Contra Cataluña. No entendí nada. La segunda lectura, meses después, supuso algo completamente distinto. Aquello que yo observaba con atolondramiento y sobre lo que era incapaz de reflexionar, tomaba forma de manera magistral.

Una noche, años después, me preguntaron durante una cena qué opinaba del Plan Ibarretxe. Los trozos de rape se escurrían por mi boca y se lanzaron al asalto de la barbilla y el pecho. Me habría gustado ver mi expresión de congénito ceporro. A partir de ese día comencé a leer y tuve la fortuna, por aquello de las casualidades, de empezar con El bucle melancólico. Me fascinó de tal manera que empecé a reunir todas las obras que pude de Juaristi, y hoy en día tengo algunas muy curiosas, como la primera, bella y limitadísima edición de El chimbo expiatorio (dedicada, además) o un folleto escrito en colaboración y titulado “La Navidad en el Museo de Bellas Artes de Bilbao”. Continué con otros autores. Florencio Domínguez y Santiago González, grandísimos periodistas, han escrito libros imprescindibles para conocer los entresijos de Eta y los nacionalistas. Fernando Savater fue otro gran descubrimiento. Otros autores leídos con mucha atención han sido José María Calleja, Edurne Uriarte, Mario Onaindía, Kepa Aulestia, Aurelio Arteta, Mikel Azurmendi, José Ramón Recalde, Juan Pablo Fusi, Pedro Mari Baglietto, Antonio Elorza, Maite Pagazaurtundua o Patxo Unzueta.

Con el tiempo adquirí también algunos libros curiosos, como los escritos por proetarras, de lectura muy recomendable como ejemplo práctico de lo expuesto por los anteriormente citados. Entre los más peculiares, uno de Núria Cadenas, de retórica parecida a la de mis compañeros maulets del Instituto, y esa gran mentira encuadernada que es El cas Carod, de Víctor Alexandre.

También hay espacio para el coleccionismo en esta serie de libros sobre el infierno vasco. Uno de los que guardo con más cariño es un ejemplar de Operación Lobo, de Xavier Vinader, dedicado -no a mí- por Mikel Lejarza.