El gran tabú

por Sergio Campos

 

 

Este libro de Revel ha sido revelador. Ha ordenado y explicado con sencillez las ideas que tenía yo alborotadas en la cabeza y les ha dado un nombre: «el gran tabú».

Recordémoslo, el tabú es una prohibición ritual, que Roger Caillois en L’Homme et le sacré define muy justamente como un «imperativo categórico negativo». Añade que el tabú consiste siempre en una prohibición, nunca en una prescripción. Pero toda prohibición implica prescripción: prohibiros atravesar ese campo que está ante vosotros es prescribiros rodearlo. En las democracias, ¿cuál es el tabú más fuerte de nuestra época desde la segunda guerra mundial?

Sin duda, a mi juicio, es el que prohíbe a todo escritor, a todo periodista, a todo hombre político mencionar un atentado contra los derechos del hombre, un abuso de poder cualquiera, un trivial fracaso económico, en suma, dar una información sobre un hecho que se sitúa en una sociedad clasificada convencionalmente «de izquierdas» sin señalar inmediatamente una imperfección equivalente en una dictadura de derechas o en una sociedad capitalista democrática.

[…]

Las democracias en el siglo XX han sido amenazadas en su existencia por dos enemigos totalitarios, decididos, por doctrina y por interés, a hacerlas desaparecer: el nazismo y el comunismo. Han conseguido deshacerse del primero, al precio de una guerra mundial. El segundo subsiste. No cesa, desde 1945, de aumentar su poderío y de ampliar su imperio. Ahora bien, la izquierda no ha cesado de imponer el mito curioso de que los dos totalitarismos han sido y continúan siendo igualmente activos, igualmente presentes, igualmente peligrosos, y que es, pues, un deber no atacar o criticar nunca a uno sin atacar al otro. Aún más, esta igualdad de tratamiento y esta rigurosa equivalencia entre un totalitarismo que ya no existe y un totalitarismo que continúa existiendo representa una posición considerada ya como inclinada a la derecha. Es el límite que no se debe pasar en la hostilidad al comunismo, so pena de convertirse uno en sospechoso de fascismo, o de simpatizante de los «totalitarismos de derechas». En los países democráticos, los comunistas, por razones evidentes, pero también el grueso de los batallones de la izquierda no comunista, por razones más turbias, se niegan o se han negado durante mucho tiempo a ver en el comunismo un totalitarismo.

Este gran tabú se amplía en otros campos. Me vienen a la cabeza, ahora mismo dos ejemplos concretos que cualquiera puede comprobar.

El primero tiene que ver con el nacionalismo. Me ha ocurrido a menudo que a la hora de hablar del nacionalismo catalán o vasco se me ha cortado inmediatamente para meter a colación el nacionalismo español, aunque este no cuenta con los más de ochocientos muertos del nacionalismo vasco o con acciones antidemocráticas como las del nacionalismo catalán. La actitud sigue fil per randa la denunciada por Revel, con una añadidura: la inclusión de este segundo término no equilibra la conversación, puesto que su objeto es acallar el primero.

El segundo tiene que ver con el Muro de Berlín. En noviembre se celebraron los veinte años de su apertura con la instauración de un discurso propagandista que se acopla a la perfección a otro tabú: era muy complicado leer nada sobre la caída del Muro que no implicara la intromisión de otros muros: los interpersonales, el de Israel, el de Estados Unidos con México…

***

Comienzo a trabajar con ganas, aunque se me van a los diez minutos. En las ventanas al mundo comienzan a asomar los curas. Ya hay quienes afean a los demás que salgan a la calle aquí en Berlín cuando no hay prohibición alguna. Se llega a extremos grotescos: se abronca a quien pide direcciones para hacer pedidos por internet en los supermercados. Se alega que los repartidores no deben ponerse en peligro y se conmina a ir al supermercado, como si allí los reponedores y las cajeras fueran inmunes. Por otro lado, recibo un wasap delirante en el que un curilla infecto abronca a quienes salen a aplaudir a las enfermeras, porque… ¡no aplaudieron durante la expansión del sida en los 80! Contra este ruido de sotanas milenaristas… ¡zotal!

 

 

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1 Comentario

  1. mgaussage

    Un libro extraordinario. Tengo mi ejemplar completamente subrayado y anotado.

    "Pero debo responder a la pregunta que planteé al principio de este libro: ¿la suerte que tenemos de disponer de un número de conocimientos y de informaciones incomparablemente mayor que hace tres siglos, dos años, seis meses, nos conduce a tomar mejores decisiones? De momento, la respuesta es: no."

    Pues eso, que no.

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