El gallo y el arlequín

por

Jean Cocteau

[1918]

III

* Satie contra Satie. — El culto a Satie es difícil, porque uno de sus encantos es precisamente la lentitud con la que se lleva a cabo esa deificación.

* A menudo hay quien se pregunta por qué Satie estropea sus más bellas obras con títulos divertidos que desconciertan al público menos hostil. Además de proteger su obra de personas obsesionadas con lo «sublime» y mover a risa a quienes no se preocupan demasiado, su uso se debe al abuso debussista de títulos preciosistas. Sin duda, se trata de un gesto bonachón pero algo malhumorado, un alfilerazo contra las lunas que descienden sobre el templo que fue, las terrazas de las audiencias del Claro de Luna o las catedrales sumergidas.

* Al público le sorprende la encantadora ridiculez de los títulos y las anotaciones de Satie, pero respeta la formidable ridiculez del libreto de Parsifal.

* Ese mismo público acepta los títulos más cómicos de François Couperin: El tic-tac chac o Las Prensas, Las costaladas Ixcxbxnxs, Los cucús benévolos, Los beatos y las beatas, Los viejos galantes y las tesoreras caducadas.

* Los músicos impresionistas cortaron la pera en doce y dieron a cada uno de los trozos el título de un poema. Entonces, Satie compuso doce poemas y les puso por título Fragmentos en forma de pera.

* Satie experimentó el disgusto por Wagner en pleno wagnerianismo, en el mismo seno de los rosacruz. Previno a Debussy contra Wagner: «Atención —le dijo—, un árbol del decorado no se agita porque un personaje entre en escena». Tal es la estética del Pelléas.

* Debussy se ha desviado: tras la zancadilla alemana ha caído en la trampa rusa. De nuevo, el pedal disuelve el ritmo, crea una especie de clima impreciso, propicio a las orejas miopes. Satie permanece intacto. Escuche las Gimnopedias, de una línea y una melancolía tan límpidas. Debussy las orquesta, las enturbia, las rodea de una nube de arquitectura exquisita. Cada vez más, Debussy se aleja del punto de partida marcado por Satie y hace que todos le sigan. El rompimiento de gloria de Bayreuth se convierte en una ligera bruma irisada por el sol impresionista. Satie habla de Ingres; Debussy traduce a Claude Monet al ruso.

Ahora bien, mientras Debussy esparce delicadamente su gracia femenina al llevarse de paseo a Stéphane Mallarmé por el Jardín de la Infante, Satie prosigue su pequeña andadura clásica. Y así ha llegado hoy, joven entre los jóvenes, a encontrar su sitio al fin, tras veinte años de modesto trabajo.

* Cuando digo «la trampa rusa», «la influencia rusa», no quiero decir que desprecie la música rusa. La música rusa es admirable porque es… la música rusa. La música francesa rusa o la música francesa alemana es bastarda por naturaleza, aunque la inspire Mussorgski, Stravinski, Wagner o Schoenberg. Reivindico una música francesa para Francia.

* La obra pequeña. — HAY OBRAS CUYA IMPORTANCIA RADICA EN SU PROFUNDIDAD. — EL ORIFICIO POCO IMPORTA.

* En música, la línea es la melodía. El retorno al dibujo implicará necesariamente un retorno a la melodía.

* La profunda originalidad de un Satie depara a los jóvenes músicos un modelo que no implica el abandono de su propia originalidad. Wagner, Stravinski e incluso Debussy son bellos pulpos. Quien se les acerca corre el peligro de caer preso de sus tentáculos. Satie muestra un camino prístino en el que cada cual deja libremente sus huellas.

* Satie mira poco a los pintores y no lee a los poetas, pero desea vivir donde la vida bulle. Tiene instinto para los buenos hostales y aprovecha la temperatura.

* Debussy entroniza el clima Debussy de una vez por todas. Satie se transforma. Cada obra íntimamente ligada a la obra precedente se libera sin embargo de ella y vive una vida propia. Es de una pasta original, una sorpresa, una decepción para quienes quieren marcar el paso.

* Satie es todo lo contrario a un improvisador. Se diría que toda su obra ya estaba hecha y que él tan sólo la desentraña meticulosamente, nota a nota.

* Satie hace gala de la mayor audacia de nuestra época: ser sencillo. ¿Acaso no ha demostrado que podría ser más refinado que nadie? Ahora bien, despeja, desprende, desnuda el ritmo. ¿Se trata de nuevo de la música sobre la que, tal como dijo Nietzsche, «el espíritu baila», posterior a la música «en la que nada el espíritu»?

* Ni la música en la que se nada ni la música sobre la que se baila: LA MÚSICA SOBRE LA QUE SE AVANZA.

(Traducción de Gongren)