El caso Orlov (y II)

Boris Volodarsky es un grandísimo conocedor de las fuentes historiográficas sobre el espionaje soviético, lo que unido a su experiencia como capitán en los servicios de inteligencia militar del ejército ruso le convierte en un historiador de referencia -mal que les pese a los de siempre– para conocer los entresijos de la influencia de la URSS en España. Sobresale la extensa bibliografía numerada en el libro y la cantidad y variedad de archivos que Volodarsky ha podido consultar. Ahora, como él mismo dice respecto a la capacidad de Stalin de recabar información secreta de todos los gobiernos europeos, otra cosa es el uso que se haga de toda esa documentación (Stalin, nos dice, era incapaz de aprovecharla por su intromisión en su análisis y su tendencia a enfocarlo todo bajo la luz de la conspiración).

Volodarsky ofrece una ingente nómina de agentes e instituciones que metieron las manos en España, traza las jerarquías de unos y otras, establece sus conexiones y, en definitiva, dibuja un panorama completo y total de la participación de los servicios secretos rusos en nuestro país. El libro se convierte así en una fundamental obra de referencia.

Como soy un tiquismiquis hay algunos aspectos menores que no me convencen. En primer lugar, la escritura. Ya es hora de que los historiadores cambien su sistema de redacción y exposición. La presión de documentar cada hecho no se puede solventar únicamente con un sistema de notas, normalmente extenso e inútil plagado de siglas y signaturas que entorpecen la lectura de textos que quedan arrinconados en los baúles al final de todo libro. No sé si se debe al estilo de Volodarsky o a la ya de por sí deficiente traducción, pero la sucesión de “aventuras” de Orlov, Spiegelglass, Koltsov y compañía se tropieza de continuo con las minuciosas descripciones de asuntos que merecerían estar en otro plano de escritura.

Por otro lado, Volodarsky sostiene unas interpretaciones algo peculiares en ciertos casos concretos. Ya hablé en la última entrada de la fantasmagórica aparición de Luis Lacasa en el asesinato de Nin (no digo que sea inverosímil, sino que no explica el motivo de asignarle a él la inicial L. de un informe que confirmaba el crimen). También es sorprendente que diga de Gorev y de Kléber, viejos conocidos de La biblioteca fantasma, que eran especialistas en espionaje pero no tenían ni idea de aspectos militares. El caso de Gorev es especialmente llamativo, ya que recuerdo las palabras que le dedica Vicente Rojo en su Historia de la guerra civil española: era un militar “de pura cepa”. Y finalmente, y esto ya me toca la fibra sensible, influenciado por Paul Preston y Ángel Viñas desdeña la “literatura del desencanto” de los renegados del comunismo españoles por estar dirigida por la batuta de Julián Gorkin, poumista vendido a la CIA, ni más ni menos. Por supuesto, mete a Castro Delgado en la troika de los renegados, junto a Jesús Hernández y al Campesino. Ocurre que la influencia de Gorkin en la obra de Castro está ceñida únicamente a su primer libro, Mi fe se perdió en Moscú, y a labores puramente de distribución de la obra. Gorkin no tocó una sola palabra. En todo caso, pudo cercenar algún pasaje, aunque el libro salió completo en México y en España, de la mano del mismo Castro en México en 1951 y de Luis de Caralt en España en 1964. En fin, minucias si se quiere, pero suficientes para desconfiar de otras interpretaciones que pueda hacer el autor.

Volodarsky sostiene que Orlov fue un desastre en las primeras misiones que llevó a cabo en España, relacionadas con la obtención de información secreta, y que tuvo más éxito con la segunda parte de su cometido: llevar a cabo “tareas especiales”, eufemismo con el que entonces se disfrazaban los asesinatos. Sus víctimas no fueron muchas, como sostienen algunos, pero sí las suficientes como para desmantelar el trotskismo. Volodarsky afirma que, en todo caso, Orlov trabajaba para Stalin y en ningún caso en beneficio de la República, aunque esto contradiga el hecho de que una de sus misiones fuera ayudar a la creación de unos servicios de información eficientes durante la guerra. En cualquier caso, una de las tesis del libro es desmitificar la figura de Orlov, crecida y acrecentada por él mismo en los libros que publicó y en las informaciones que dio en su día, ya refugiado en los Estados Unidos.

2013061296espia-interior

Orlov con gorro de miliciano en el fotograma de una película. (c) www.elconfidencial.com

Esta tarea de desmitificación se extiende también a un personaje como Walter G. Krivitsky. Volodarsky insiste en que sus memorias no pueden ser tomadas como referencia historiográfica, al igual que ocurre con las de Koltsov, ya que está plagadas de datos falseados por su “escritor en la sombra”, Isaac Don Levine. No obstante, los testimonios de Krivitsky y de Orlov son fundamentales y Volodarsky no para de citarlos (especialmente la obra Deadly Illusions relativa a Orlov), lo que me hace pensar en la deficiente labor que las editoriales hacen con los libros de historia. ¿Por qué no publicar ediciones anotadas y comentadas de estas fuentes tan fundamentales como falseadas? ¡No es tan complicado, pardiez! Basta echar un ojo a las publicaciones de la serie Armas y letras de la editorial Amarú. Reeditar libros con un prólogo ad hoc no es suficiente.

Otra de las tesis de Volodarsky es que ya queda suficientemente comprobado, tras los últimos estudios llevados a cabo por historiadores competentes, de que Stalin no pretendía sovietizar España. Muy bien. Lo que no se explica a fondo es qué pretendía realmente Stalin. Las actividades de Orlov, como se sostiene en este libro, no estaban destinadas a ayudar a la República sino a la Unión Soviética. A esto cabe añadir algo más, relacionado con una de las tareas de Orlov: asegurar el envío del oro español a Rusia. Otro mito franquista derruido. Algunos historiadores, entre los que destaca Ángel Viñas, ya han hecho un estudio minucioso del envío del oro, pero sigue habiendo aspectos poco claros. En primer lugar, el trato a los españoles que acompañaron el oro. Por decirlo pronto y mal: las pasaron putas. En segundo lugar, todavía no está claro si fue justo el precio pagado por algunas armas, como por ejemplo la chatarra de la I Guerra Mundial que los milicianos tuvieron que sufrir los primeros meses de la guerra. Es magnífico derribar mitos siempre que no se sustituyan por otros. Rusia, al igual que Alemania, Italia, Francia o Inglaterra, abusó de los españoles. Nada que no hayan dicho ya los renegados del comunismo patrio.

Por otro lado, hay algo interesantísimo en este libro, y es un silencio muy vehemente. A raíz de las últimas teorías sobre los asesinatos de Paracuellos, en los que se apunta la responsabilidad del “vector ruso”, no deja de sorprender que no haya mención alguna en este libro. El motivo es muy claro: la implicación soviética en las masacres es marginal.

No quiero extenderme más y lamento haber escrito la entrada de una manera un tanto desordenada. Sé que hay bastantes lectores del blog a quienes la lectura del libro les habrán suscitado reflexiones mucho más trascendentes y tendrán muchos comentarios sobre él. El debate está abierto y es su turno.

 

(Fotografía de cabecera: Orlov a caballo con la cabeza rapada. Fuente: Deadly Illusions)

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

4 Comentarios

  1. El hombre de la derecha me recupera a Miguel Hernández...

  2. Fernando Narvaez

    Muchas gracias por lo que escribió de este libro, justo estoy haciendo mi Tesis sobre este tema que está relacionado al asunto del POUM y me crea desconfianza lo que dice el autor de este libro sobre la actuación de Orlov y el supuesto mito de que Stalin quiso sovietizar a España lo cual se contradice con las memorias de muchos combatientes y políticos republicanos que tengo sobre sus experiencias en la Guerra Civil Española. Increíblemente encontré una versión suya en pdf pero en inglés estoy leyéndola de a pocos pero decir que la intervención de la NKVD no fue tan importante como se creo no me la trago porque sé de la fuerte relación que tuvo con los miembros del SIM republicano participando conjuntamente en asaltos a consulados extranjeros.

  3. Sergio Campos

    Gracias, Fernando. ¿Se refiere a la participación de la NKVD con el SIM en el asalto a embajadas?

  4. Fernando Narvaez

    Sí exactamente, a eso me refiero porque hubo agentes del SIM infiltrados entre los miembros de la Quinta Columna que lograron desarticular a la importante red Golfin-Corujo y por lo que he leído del sumario del caso algunos elementos de la Quinta Columna actuaban desde Consulados y Embajadas. De allí que se dieron a lo largo de la guerra civil los asaltos los Consulados de Finlandia y Perú así como a la Embajada de Turquía por parte de los agentes del SIM utilizando a un infiltrado dentro de la Falange Española llamado Alberto Castilla Olivarria quien parece ser que al final de la guerra civil fue ejecutado pero no sabría decir si por garrote o fusilamiento. Fue una participación conjunta, en una de las fuentes que he leído para mi Tesis estuvo presente un agente de la NKVD en uno de esos asaltos.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *