Escatología de la revolución (a modo de preámbulo)

por El Rufián Melancólico

Milicianos de retaguardia. Madrid, agosto 1936

La matanza de Paracuellos es un salto cualitativo en el terror. Madrid se ha calentado a fuego vivo durante todo el verano y ahora hierve. Es difícil no salpicarse. Si lo observo en frío y sin desviar la mirada creo que no salvo a nadie o salvo a todos.

Unir y separar: Los que lo aconsejaron, los que lo planificaron y los que lo ejecutaron, los que sabiéndolo huyeron a Valencia, como Muñoz o Galarza, o los que hicieron como si no fuera con ellos, como el ministro de Justicia García Oliver.

El terror es de todos, como las “checas” , desde el primer día, desde el asalto a los cuarteles. Es un arma tan eficaz como el fusil que nadie quiere deponer. Se merca con el, se acumulan riquezas, se llega a pactos, a reglamentos, a compromisos, como la creación de “Fomento” o como la alianza de Atadell y Lino contra el comunista Méndez; también se ponen los huevos encima de la mesa si hace falta, como dice Melchor que hizo Rascón, o como harán los Guardias de Asalto que acompañen a Margarita la madrugada del 6 de noviembre en su visita a Manuel Muñoz.

Desde que estalla la guerra se crean comités depuradores que se reproducen como hongos; en los ministerios, en los colegios profesionales, en los talleres, en los periódicos, en la Alianza de Intelectuales Antifascistas. Aquí y allá se votan a mano alzada las listas de desafectos que se enviarán a Fomento. Se buscan traidores, “pacos” y emboscados en cada piso, en cada desván, en los sótanos y en los áticos. Los comités de depuración anidan hasta en la policía más fiel, la que se ha batido el cobre en Madrid y Barcelona, la Guardia de Asalto, cuya tremenda purga todavía está por contar.

Suma y sigue. En la Dirección General de Seguridad que encabeza Manuel Muñoz se dan generosamente carnés con licencia para investigar, registrar, detener, juzgar y ejecutar a checas y “chequitas”. Quien lo quiere lo tiene. A los republicanos de Azaña y a los Federeales de Barriobero el terror les excita y les hace revivir sus queridas estampas de Michelet; el Comité de Salud Pública. Así llaman algunos de ellos a Fomento en un lapsus revelador cuando comparecen años después ante los tribunales franquistas. Perderán la cabeza, como Robespierre y Saint Just.

La CNT-FAI no lo esconde, “la revolución justiciera marcha”, proclama en agosto el diario CNT y recomienda el camino a seguir: “acción y tiro certero”. Todos saben a que atenerse. Los socialistas, además del ministro de Gobernación, Galarza, tienen su brigada, su “gran Atadell” y en Claridad, el periódico ugetista de tendencia “Caballero”, se pide a las claras un escarmiento con los presos de la Modelo; los “militares traidores que se alzaron contra el pueblo”, los que celebran con champán las victorias enemigas. Tendrán la satisfacción que buscan el 22 de agosto.

Los comunistas son científicos o eso dicen y tienen “la fórmula”, la infalible, según Castro, el comandante jefe del 5º regimiento: Matar y matar, sin descanso, y luego, por fin, construir el socialismo. Así de sencillo, así de fácil. Ante Dolores, Castro presume con una media sonrisa que eso de matar es para él un “problema teórico” resuelto. No tardará en arrepentirse de su arrogancia.

Todos piden sangre, insaciables, todos menos Prieto, que clama por radio piedad para el enemigo de retaguardia. Es el único. En agosto no hay otro. Su grito: ¡No les imitéis! aparece en varios periódicos como ¡No les matéis! Al caso es lo mismo y suena igual. Pero no valdrá de nada.

Cuantificar, sumar… ¿cuándo sabremos la cifra aproximada de lo que se mató en Madrid entre julio del 36 y enero del 37? Da miedo imaginarla.

Paracuellos es el broche, el “grande finale” de un ajuste de cuentas implacable. Su apoteosis siniestra.

Paracuellos. Pintura de Carlos Sáenz de Tejada

¿A quien salvar? ¿A quien condenar?

Dice Castro:

España. Ni unos ni otros la querían como era… Las dos partes que no la querían como era se preparaban para destruirla… Cada parte tenía la ilusión de una España… Los comunistas de la suya.