Devoto como soy de don Ciro Bayo y Segurola, me ha causado estupor leer las páginas que le dedica el novelista Sergio del Molino en su ensayo La España vacía. En el capítulo dedicado a demostrar los vestigios que quedan del carlismo en las zonas más deshabitadas de la Península, el novelista Del Molino cita a Ciro Bayo y a Valle-Inclán como escritores carlistas. Se agradece que el novelista Del Molino elogie la literatura de don Ciro, pero cuando habla de su vida no da ni una. En primer lugar, dice de él que es un «escritor menor». Conviene puntualizar, entre otras cosas porque él mismo se muestra minucioso cuando habla de otros escritores (Julio Llamazares, por ejemplo, recibe una pequeña reprimenda por una nimiedad en su libro). Ciro Bayo podrá ser un escritor preterido, aunque es cierto que se le ha reeditado en los últimos años y se le han rescatado obras olvidadas, pero en absoluto puede ser calificado de escritor menor. Mi opinión es que debería ser incluido y honrado en cualquier nómina de la Generación del 98.

Sigue el novelista Del Molino diciendo que los orígenes familiares de Ciro Bayo son «oscuros». Lo cierto es que se sabe todo de sus padres, y el hecho de que su padre muriera cuando don Ciro apenas era un niño y que fuera criado por su padrastro no tiene nada ni de sombrío ni de incierto, dependiendo del significado que se le quiera dar al término «oscuro».

También dice que fue apadrinado y tutelado por Valle y por Baroja. Reconozco mi ignorancia: no sé de dónde ha podido obtener el dato. Y juraría que no es cierto. Don Ciro, tras su regreso de América, vivió la bohemia madrileña a salto de mata, pero se buscó el sustento por su cuenta traduciendo, publicando y haciendo diversos trabajos paleográficos. Su libro Lazarillo español ganó el premio Fastenrath de la Real Academia en 1911, birlándoselo a Baroja, creo recordar que a su novela El árbol de la ciencia.

Se sorprende también Del Molino de que fuera amigo de Baroja y Valle, «tan propensos a la denuncia social y a la censura moral». A mí me sorprende que se sorprenda.

Finalmente el novelista Del Molino se despeña por los barrancos del tremendismo, como en casi todo el libro, y dice: «Valle y Bayo [!] eran productos urbanos, la representación más acabada de toda la amoralidad y decadencia [!] que un buen tradicionalista [!] aspiraba a exterminar. No trabajaban [!], se dedicaban a escribir palabras impías [!], frecuentaban cafés y tabernas, consumían drogas [!], se relacionaban con sodomitas, prostitutas y pecadores, vivían del sablazo en buhardillas inmundas, dormían hasta el mediodía, eran vagos [!] y ofendían a Dios y al prójimo con sus indumentarias de vagabundo [!] Eran lo peor de Babel [!], la corrupción del arte [!], el fermento de las cloacas [!]»

En resumen: !!!!!!!!!!

Comenta el novelista Del Molino que don Ciro se reclamaba parte del carlismo, y que si se alistó en el ejército carlista fue porque los de la boina roja «estaban más cerca de una verdad, algo que no podía encontrarse en la ciudad […] que estaban en contacto con algo esencial y misterioso que no podía ser conocido desde la ciudad liberal». Pues mire usted: no. Si don Ciro se alistó en el ejército carlista fue porque le denegaron la admisión en el ejército de los liberales. Y así lo cuenta en su libro Con Dorregaray.

En cualquier caso, le agradezco al novelista Del Molino que me haya despertado de nuevo la curiosidad por el mítico bohemio, el andariego más contumaz de su generación. Una pulsión tan profesional como pasional me ha llevado a indagar de nuevo el nombre de don Ciro en algunas de las hemerotecas digitales que las instituciones españolas ofrecen de forma gratuita a sus ciudadanos. Así es como me gusta matar el rato, qué pasa. De esta forma he dado con el apunte más antiguo de don Ciro en la prensa española. Data de 1878 y lo recoge el periódico La Publicidad.

Jesús Alfonso Blázquez González, en su edición del libro De Barcelona a La Habana,  dice que el viaje de don Ciro a Cuba debió de iniciarse en la fragata Tetis en enero de 1878, que llegó a la capital de la isla el 23 de febrero y que debió de residir allí «hasta la primavera o el verano del mismo año; posiblemente, a finales de agosto o primeros de septiembre ya debía de estar de regreso en Barcelona».

La noticia de La Publicidad aporta datos exactos sobre el regreso de don Ciro a Europa. Partió de La Habana el 28 de abril de 1878 en el vapor José Baró.

EL VAPOR JOSÉ BARÓ

En plena fiebre del oro, Nicolau Hermanos compraron en La Habana el 21 de marzo de 1881 el vapor José Baró. El 27 de septiembre del mismo año vendieron una parte del barco a los hermanos Antoni, Emili y Rodolf Juncadella Oliva; otra a la sociedad Coma Ciuró Clavell y Borras, y otra a Joan Riberas Pomés. Sin embargo, dos semanas más tarde, el 8 de octubre de 1881, todos estos socios deciden profundizar y ampliar su relación (se incorporan además Josep Seriñana, Quirze Riberas y Francesc Subirach) constituyendo la Compañía Catalana de Vapores Transatlánticos, con un capital de 5.000.000 de pesetas, divididos en 10.000 acciones de 500 pesetas, de las cuales sólo se pondrían en circulación 6.480.
De hecho, en diciembre del mismo año el vapor José Baró pasaba a ser propiedad de la nueva C.C.V.T. Antes, en noviembre de 1881, habían comprado el vapor argentino Santiago (antes Po); y unas semanas más tarde, en enero de 1882, Quirze Riberas recibirá órdenes para comprar el vapor Nederland, propiedad hasta entonces de la Compañía Holandesa en Rotterdam.

El 19 de mayo de 1878 los viajeros del barco escribieron una carta de agradecimiento al capitán, don Juan Más, y al resto de la tripulación. Es la carta que publica el periódico y que transcribo aquí:

Señor Director de LA PUBLICIDAD.

Los pasajeros embarcados en el vapor José Baró el día 28 de abril próximo pasado, en el puerto de la Habana para Cádiz y Barcelona, no pueden dejar de manifestar al público, como premio de gratitud, la actividad, vigilancia, atención, trato y cuidado especial que les han tenido su digno capitan don Juan Más, y oficiales, mayordomo y todos los sirvientes de dicho vapor, prestándose todos gustosos y atentos a cuanto han pedido los que abajo firman, atendiendo igualmente, como tienen de costumbre, a las necesidades que en una travesía, nada menos de la Habana a Barcelona, exigen las señoras y niños; por lo que damos al referido capitán y demás arriba mencionados las más expresivas gracias, y seguros pueden estar de que jamás olvidaremos el recuerdo de la amabilidad, de todos los de a bordo, del viaje que con tanta felicidad hemos terminado.

A bordo del vapor José Baró, en el puerto de Barcelona a 19 de mayo de 1878.

M. Font, Pedro Maristany, José Menéndez, Juan Puig, Tomás Sala y Figuerola, José Feliu, Liborio Vila, José Arévalo, Benigno Longoria, Juan Miquel y Joval, Juan Benito Toraya, Juan Roca, Juan Pons, Pascual Otamendi, Francisco Esparza, Jaime Font, José Sarrasin, Margarita Font, Matilde Font de Rifa, María de la Concepción Sicre de Toraya, Concepcion Toraya, Juana Martínez, Juana Codina, Jaime Motta, Nila Toraya, Gonzalo Toraya, José Gibert, Juan Campmany, Sebastián Borras, pbro, Isidro Camps, Rita Puig de Soler, Joaquín Sierra, y su hija, Antonia Torrent de Agustí, Eusebio Pascual, Miguel Llibre, Ana Alberdi de Pujadas, Vicente Romea, José Ros, Jaime Mir, Ciro Bayo, Miguel Castells, Benito Castells, Dolores Cisneros, Martín Castejo, Jaime N, A. Pedemonte, Jaime Cutchet, C. Sanz, Antonio Recha, Gabriel Colomar, Antonio Jeppo, José Antonio Siete, Ramón Llibre, Juan Urgell, Magín Ivern, José Puig, esposa y tres hijos, Francisco Targalá, Salvador García, Francisco Soterno, Cayetano Valdepedo, Cristino Pascual, Carmelo Bas, María Casale, sposo Froro Pinto é tre figli, Enrique Marquet, Mateo Torres y Vallés, Juan Font y Berga, Luis Guerra, Domingo Rivera, Francisco Palahí, Tomás Font y Molina, Isidro Blanch y Guitart, Ramon Rafart, Joaquín Blanch y Guitart, Marcelino Figarola, Antonio Martra, Vicente Braet, Ángelo Lima, Luis Lamolle, Juan Lamolle, Antonio Liba, Rafael Agustí, José Torres y Mateu, José Thomás, José Rocafort, Cristóbal Soler, Andrés Briansó, Bernardo Catalán, Antonio Puig, Francisco Pons.

Ciro Bayo