Jacinto Miquelarena nació en Bilbao 1891 y se tiró al metro de París setenta y un años después. Burgués fastuoso, periodista del Abc y miembro de la tertulia falangista de La Ballena Alegre, fue perseguido durante los primeros días de la guerra civil, cuando ya tenía billete para acudir a Berlín a cubrir las olimpiadas (fue el director del primer diario deportivo español, el Excelsior). Se ocultó en una embajada y escribió sobre ello un libro, El otro mundo, lleno de anécdotas y detalles sobre la vida de los refugiados en las diversas sedes diplomáticas de Madrid. Son interesantes los datos que aporta sobre García Atadell y especialmente sobre Pedro Luis de Gálvez y su relación con el portero de fútbol Ricardo Zamora, también refugiado.

Una vez terminada la guerra siguió trabajando en el diario Abc y fue enviado como corresponsal a Berlín en diciembre de 1940. De allí partió a diversos frentes y escribió crónicas con un estilo tan riguroso como aparentemente despreocupado sobre los avances del ejército alemán y sobre la vida cotidiana del Berlín racionado. Cuenta del restaurante Frasquita, refugio de españoles; escribe sobre las actuaciones de Charlie Rivel en el teatro Scala, de los bombardeos, las ruedas de prensa en la Wilhelmstrasse o los discursos de Hitler. Viaja a Praga, a Lemberg, a Atenas, a Cracovia o a Smolensko y cuenta de la invasión de Creta y del soldado alemán Max Schmelling, conocido boxeador.

Resulta curioso que su nombre no aparezca en los libros de los demás corresponsales españoles en Berlín. Debió de compartir tertulias y debates con ellos, pero parece olvidado hasta por sus propios colegas. Quizás fuera porque miraba el derrotero de la guerra con cierto distanciamiento e incluso con algo de humor, pese a las brutalidades que vio en los frentes; quizá por su evidente germanofilia. Vaya usted a saber. Hay algo de lo que no cabe duda: su olvido es injusto. Fue un buen escritor.

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