«Una vez conocí a un dibujante de gran talento, a quien le dediqué un reportaje en Crónica […] Lo llevé a nuestra peña porque, recién llegado de la U.R.S.S., no conocía a nadie en Barcelona. Pero venía el muchacho con el sarampión comunista y en cuanto tomó confianza nos reprochó severamente la frivolidad de nuestros temas de charla. Habíamos de hablar sólo de comunismo. Interpretando el sentir general, como se dice en los banquetes cuando alguien se levanta a expresar la manida idea de que “se envíe el ramo de flores que adorna la mesa a la esposa del agasajado”, el más infeliz de la reunión le atizó una bofetada que nos libró del impertinente y del comunismo en el café».

Braulio Solsona. Evocaciones políticas y periodísticas, p. 48.

Crónica. 4/5/1930, página 12.