Causa especial

 

 

Ya está a la venta el nuevo número de la revista Claves de razón práctica (270, mayo-junio de 2020). He colaborado con una reseña de varios libros dedicados al yudisi del prusés. Por razones de espacio, la han acortado un poco. La presento aquí completa.

 

Causa especial

El juicio a los líderes del fracasado proceso de independencia de Cataluña, la Causa Especial 20907/2017, tuvo lugar entre el 12 de febrero y el 12 de junio de 2019. Los acusados no fueron juzgados por sus ideas, por mucho que insistieran en ello los aparatos de propaganda nacionalista, pero a la hora de contar los hechos conviene tenerlas en cuenta. No es posible comprender el proceso sin su sustrato ideológico, que va de la agreste xenofobia de un personaje como Joaquim Forn, consejero de interior de la Generalidad, al racismo más descarnado y obsceno de Joaquim Torra o de Oriol Junqueras. Tras los atentados islamistas de Barcelona y Cambrils de 2017, Forn se apresuró en las primeras horas a distinguir entre víctimas catalanas y del resto de España; Junqueras escribió en 2008 un artículo en el diario Avui congratulándose a su habitual manera cenagosa y abacial por un estudio publicado en la revista Current Biology que, según él, destacaba las diferencias genéticas entre los catalanes y el resto de los españoles (y quizá no esté de más decir que el estudio no concluía eso de ningún modo); por su parte, Joaquim Torra ha dejado un denso reguero de artículos y de textos varios que supuran un racismo con ínfulas intelectuales que pugna por superar infructuosamente el aldeanismo más cernícalo que podamos hallar en Europa.

A la hora de elegir un libro sobre el «procés», conviene tener en cuenta cómo enfoca las ideas de estos políticos. Si las hurta al lector, se hará evidente el cariz propagandístico o falaz del libro y será, por tanto, despreciable. A la hora de valorar el resto habrá que tener en cuenta además una cuestión fundamental que responde al signo de los tiempos. Los libros sobre el proceso y muy especialmente los libros sobre el juicio tratan de temas que los ciudadanos hemos podido ver en directo. Por tanto, la relación del lector con la materia del libro es muy inmediata y el autor ha de tenerla en cuenta en su exposición y argumentario. Una escritura condicionada por este punto les añadirá más interés y valor. Como decía Azorín, no es lo mismo un escritor que ha visto que uno que ha sabido ver.

Sobre la materia del juicio, esto es, sobre la malograda independencia de Cataluña, creo que hay tres libros notables que la exponen con cierto interés y originalidad y que atienden al problema del racismo. Son libros que trascenderán de alguna manera el momento actual: soportarán el paso del tiempo. Sirven para guiarse ahora y servirán a generaciones futuras para desenredar el embrollo político y social creado por una élite privilegiada que pretende hacerse pasar por humillada, ofendida y esclavizada por un enemigo imaginario. Son los de Cristian Campos (La anomalía catalana, Deusto), Daniel Gascón (El golpe posmoderno, Debate) y Rafa Latorre (Habrá que jurar que todo esto ha ocurrido, La Esfera de los Libros). Del primero es más que apreciable su desenfado expositivo y su capacidad humorística; del segundo, sobresale el intento de análisis político que trata de darle sentido a ese espectáculo grotesco del que hemos sido testigos; Latorre, por su parte, ha hecho un gran trabajo desentramando los diferentes capítulos de esta historia, trenzados entre sí de una manera tan absurda que parece increíble que haya tenido lugar.

Respecto a los libros sobre el juicio, y regresando a la máxima azoriniana, comprobaremos que en Pulso al estado (Espasa), el juez José Antonio Vázquez Taín ha visto. Resume la dinámica del juicio y ofrece su opinión sobre cómo la élite política nacionalista lleva años trabajando en la quiebra de la convivencia en Cataluña. Reivindica la actuación del Tribunal Supremo, que demuestra el buen funcionamiento de la separación de poderes en España, aunque discrepa de la sentencia final, demasiado tibia para él. En esto difiere de otro escrito por un periodista que también ha visto. Ernesto Ekaizer, en Cataluña, año cero (Espasa), ha hecho un mayor esfuerzo y se ha adentrado en las bambalinas del juicio para dar fe de los trasuntos que se le hurtan al ciudadano. Ekaizer ha hecho un excelente trabajo de reportero, pero ha desaprovechado la ocasión de ejercer como periodista. Ha optado por imprimir a su libro el tono de una redacción escolar para la cual, sin embargo, no ha escatimado una ímproba documentación que se acumula inmisericorde ante el lector. Ekaizer cree que la prisión preventiva fue una barbaridad, que el proceso independentista fue una broma inane y que ha habido un exceso de severidad por parte de los poderes del Estado porque no hubo ni violencia, ni rebelión, ni sedición. Fuera de algunas intrigas de las que los ciudadanos no hemos podido ser testigos, el libro aporta poco más que un orden que el lector agradece y que más parece fruto de la editorial que del autor. De las motivaciones racistas o xenófobas de los condenados, ni una sola palabra.

Contrario a su parecer, aunque también ceñido estrictamente a lo que ha visto, es el periodista Julio Valdeón, que ha reunido las crónicas del juicio que escribió en el diario La Razón en el libro Separatistas ante los ropones (Deusto). Este libro demuestra el curioso proceso que sufren ciertas columnas periodísticas cuando se presentan agrupadas. Leídas una tras otra se atragantan un poco, pero en su día a día se aprovechaban más. Eran una pieza más en el puzzle informativo sobre el juicio que tratábamos de montar quienes lo seguíamos a diario. La crónica de Valdeón era la pieza colorista, el apunte amargo, que casaba bien con otras opiniones más temperadas por el análisis o por el humor. Leídas de golpe, se antojan ahora cargadas en exceso de ira y de sarcasmo grandilocuente.

Precisamente es el humor la refrescante novedad de este juicio. Sí, el proceso de secesión de Cataluña ha sido un grave capítulo de la historia de España, y ha sido dirigido por un poder político que ha manejado a sus ciudadanos afines como marionetas. Como explicó George Orwell, «el nacionalismo es el ansia de poder combinada con el autoengaño». Pese a todo, es inevitable señalar el carácter grotesco del «procés». Quizá el libro más divertido sea el de Javier Melero, muy a su pesar porque no es intencionado. Su libro ha sido el más exitoso sobre el juicio y la crítica ha sido unánime en el aplauso: su autor era el abogado no independentista de los independentistas. Estas cosas gustan mucho porque por sí solas parecen aparentar ecuanimidad, aunque bien vistas resulten superficiales. Entre aquellos que, como los demócratas antinacionalistas, tienen los pies en el suelo, y aquellos que, como los xenófobos independentistas, andan por las nubes, a la gente le resulta fascinante el espectáculo del que está en medio, en las alturas, haciendo esforzados equilibrios sobre un cable. Y ahí es donde se encuentra Melero, sin avanzar mucho, braceando con espasmódicos aspavientos para evitar no se sabe bien si la caída o la levitación.

El libro es hilarante por la pomposidad de su autor y por la pretenciosidad de su prosa de folletín decimonónico, en el que todos los personajes con los que habla Melero hablan como el propio Melero. Sus intentos de justificar su encargo llegan a sonrojar. Para él, en las jornadas de septiembre y octubre de 2018 hubo menos violencia que en cualquier partido de fútbol y esta es una historia de buenos y malvados: los dirigentes independentistas son simpaticotes querubines cuyo único inconveniente es su inocua obsesión independentista, y los malos son los jueces y fiscales; el Rey, el peor de todos.

Su tono alcanza el ridículo en su imitación de Raymond Chandler y cuando habla sobre boxeo, cuando se describe a sí mismo escupiendo en el suelo o cuando nos habla de los ojos y las miradas de sus interlocutores, cosa en la que se regodea con morbosa delectación: 66 veces aparece la palabra «mirada» en el libro; 81 veces la palabra «ojos», que describe siempre con adjetivos y expresiones folletinescas a la manera de Ponson du Terrail o de Fernández y González («un sudor pálido confería a sus rostros un tono cerúleo», «mi café, esa sangre de los hombres cansados», «la mirada de sus prominentes ojos oscuros era tranquila e imperturbable», «sus párpados pesados ocultaban una mirada azul», «sus grandes ojos castaños, de una timidez hostil»…

Comparemos: ante tanto ojo, tanto párpado y tanta mirada, las menciones a la xenofobia y el racismo se reducen casi a la nada: una breve referencia a los artículos de Torra y un ataque feroz a quienes llaman xenófobos a los dirigentes independentistas. Eso es todo. Melero demuestra ser un catalán moral e intelectualmente secuestrado por el nacionalismo y evidencia que la tercera Cataluña existe y es lamentable.

En contraposición al de Melero, el humor de Arcadi Espada en Sed de Lex (Funambulista), es pungente por intencionado. Espada ha sabido ver. Consciente de que sus crónicas se complementaban con lo que sus lectores habían visto en directo durante el juicio, o al menos con las informaciones que podían recabar del mismo periódico o a través de otros medios, ha extraído la esencia de los hechos presentándolos de una manera sintética a través del humor. Es posible que, dentro de unos años, las referencias que inserta Espada en sus columnas resulten un tanto incomprensibles y merezcan numerosas notas a pie de página, pero el lector contemporáneo no las necesita. Espada ha tenido el acierto de apuntalar los textos con las ilustraciones —cubierta incluida— del enigmático Giovannini, un artista que le acompaña desde hace meses en las entradas dominicales de su blog. Giovannini es un genio que consigue traducir la intención de Espada a su lenguaje, el de la ilustración grotesca, desmedida y divertidísima, sin perder un ápice de espíritu irónico.

La arriesgada apuesta de Espada funciona a la perfección. Quizá uno de los propósitos más nobles del escritor sea ridiculizar aquello que se nos ofrece falsamente como serio, comedido y noble. No deja de ser un compromiso con la verdad, y por lo tanto con la justicia.

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2 Comentarios

  1. Rafa Sanchez

    Estupenda reseña, muchas gracias, Sergio.

  2. viejecita

    Pues está claro que habrá que comprar el libro de Arcadi Espada, ¿ no ?.
    Y supongo que también el de Latorre
    Me los apunto

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