Cataño

Ni siquiera la memoria digital me puede ayudar. No sé cómo nos hicimos amigos. Yo leía su blog De rastros y encantes, y quizá por casualidad le compré un par de libros que vendía a través de internet: uno de Souchy sobre Erich Mühsam y las memorias del nieto de Pedro Luis de Gálvez (luego vinieron más, y al final fue él quien terminó comprándome libros a mí).

Comenzamos a intercambiar correos y un día me pidieron de la revista Turia una reseña sobre el libro que surgió de aquel blog suyo. También se llamó De rastros y encantes. Si no recuerdo mal, la primera vez que nos vimos en persona fue el año pasado, cuando presenté en Barcelona Mi fe se perdió en Moscú, de Enrique Castro Delgado. Vino trajeado y con sombrero, fino y elegante. Luego nos hemos visto muchos domingos de este último año en el Mercado de San Antonio. Ya en verano, iba con camisa o guayabera, muy marinero él. Siempre afable, sonriente, simpático y un punto socarrón cuando hablaba del mundo de la edición.

Escribió y publicó sus diarios, excelentes. Me impresionó especialmente La vida figurada,  con su continuo deambular por una Barcelona a la que consiguió vestir de poesía. Son páginas en las que aparecen bares, libros, rastros y encantes y sobre todo ese camino suyo que hacía y deshacía, como me dijo en un correo: «¡Cuando yo nací para ir a la contra! ¡Para construir y borrar, a lo fiera, mi sendero!»

Estaba muy contento de que PreTextos, al fin, hubiera publicado su obra poética. Le sorprendió, por cierto, que yo quisiera un ejemplar para mí y no para venderlo. No me hacía lector de poesía (y no lo soy tanto como quisiera, pero sí lector suyo). Esperaba con ansia que Abelardo Linares echara por fin a la imprenta el último volumen de sus diarios, El porvenir del horizonte.

Le esperaba siempre a primera hora en San Antonio. Nos saludábamos con alegría, charlábamos un rato, miraba con sabiduría lo que tengo en el tenderete y casi siempre se llevaba algo. Le echaré de menos. Su elegancia, la cadencia de su acento canario, su colgante con la estrella de David, sus ironía al hablar del mundo editorial. Quisiera haberle puesto el contrapunto a estas líneas con algún defecto, algo que me molestara de él, para moldearlo humano. Me ha sido imposible.

José Carlos Cataño (La Laguna, 30 de agosto de 1954; Barcelona, 9 de agosto de 2019).

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1 Comentario

  1. Qué bonito homenaje. Ya me han dado ganas de leer al poeta Cataño.

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