Bestiario

 

 

Tanta letra, tanto discurso, tanto pensamiento… Y por otro lado, tanta imagen… Los periódicos digitales son un esperpéntico galimatías de titulares y fotografías, y aun en sus páginas impresas, donde todo debería ser orden y concierto, sobran las imágenes y sobre todo los alardes tipográficos. Se me juntan las letras, me estorba lo negro con tanto trabajo y tanta lectura, y las imágenes que vemos sin ton ni son en la web y sobre todo en las redes, hacen que el cuerpo me pida algo ordenado, conceptual como un disco de Pink Floyd, así que he pasado un rato hojeando este catálogo de Javier Pagola, con prólogo de Juan Manuel Bonet.

Pagola es un pintor prolífico, es decir, un trabajador apasionado. Lo pinta todo, hasta el papel que le sirve para tomar notas. Eso son estos diarios, papeles en los que anota Pagola un teléfono, un encargo («cajas de zapatos»), un lema («pocos y cumplirlos»), la lista de la compra. Y todo ello entre miles de dibujos, líneas, espacios y personajes que se combinan entre sí con mano maestra.

Durante unos años anduvo Pagola en Berlín, que es donde lo conocí. Su estudio estaba en un edificio de soviético encaje en la Storkowerstrasse, y todo lo que de gris tenía la arquitectura, la calle, el barrio y Berlín entero se llenó de color. A mí me alegró la vida, y donde antes solo había sombras encontré verdes inauditos, morados deslumbrantes y colores que solo las mujeres saben nombrar. Lo que más me atrajo, por encima de todo su buen hacer, fue el humor y su forma de combinarlo con el horror. Pagola es un cazador de rostros, como supo ver Sánchez-Ostiz en otros diarios suyos, y también un coleccionista de monstruos que esperan agazapados dentro de figuras donde lo grotesco se torna divertido. Como dice una de las frases escritas o dibujada en uno de estos diarios, «ya no espantamos a nadie».

El bestiario particular de Pagola lo forman autorretratos inquietantes, sombras desgarradas, duendecillos siniestros, rostros pánfilos, fantasmas y fantasmones, calaveras y apariciones que traen ecos de Kubin y de Goya con una mixtura muy personal. A mí Pagola me sigue espantando. Para bien. Porque dentro de ese aparente caos hay un orden que me sitúa en el mundo. En uno muy particular, acaso subconsciente, en el que convivo conmigo mismo, con mis monstruos que de tanto en tanto me arrancan carcajadas, rodeado de mi particular bestiario.

 

 

 

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3 Comentarios

  1. viejecita

    Anoche bajó mi chico con un poco de tiempo, y me supervisó mientras metía "El Lazarillo español " en mi kindle. Me pongo con él en cuanto termine los dos libros que tengo a medias allí.
    Me ha encantado lo de " colores que sólo las mujeres saben nombrar", nunca se me hubiera ocurrido pero no puede sonar más verdadero.
    Tengo un grabadito de Pagola, pero lo tengo metido en una caja, porque sé que si lo tuviera en la pared, me daría un susto cada vez que mi vista tropezase con él. También me ocurre con las cosas de Arturo Marian Llanos, que no las tendría nunca expuestas, pero que me encanta abrir SU caja, y disfrutar desentrañándolas, de vez en cuando, si ese día no estoy estresada, ni agobiada.
    A ver cuando esta racha se pase, y si sobrevivo a ella...

    Muchas gracias, en cualquier caso

  2. Sergio Campos

    Me alegro, Viejecita, de que pueda hincarle el diente al Lazarillo. Pagola, por cierto, también lo recomienda. ¡A disfrutar!

  3. Notas a pie de guerra

    Veo sus comentarios en el blog de Arcadi, me gustan y llego aquí. Firma usted como Bremaneur, ¿verdad?
    Me apunto como visitable. Tengo "la vida, modo de empleo" en mi lista creciente de lecturas pendientes. La expectativa es sacar al menos risas (esto es placer y salud).
    Encantado y nos leemos.

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