Baroja

por Sergio Campos

 

 

Este año leí Laura, o La soledad sin remedio, de Baroja, en la edición sin censura que se publicó recientemente. No la recordaba, porque imagino que la leí en aquella época en que me dejaba los ojos en las ediciones de Austral y de Bruguera. Fue como volver a casa, pero me impresionó sobre todo la libertad de Baroja a la hora de escribir y de armar sus novelas como le daba la santísima gana. Cada vez le tengo más aprecio a la libertad.

Tras acabar la novela de Azorín me apetecía acomodarme en un Baroja. Hace una semana, en Ágreda, contemplé los dieciséis volúmenes, que compré en su día en el Círculo de Lectores con mi primer sueldo. Se me antojaron incómodos y pensé que no sería mala idea recuperar con el tiempo sus libros, uno a uno. Un par de días después los ofrecía en trueque, un cambalache en el que ambas partes saldremos ganando.

Me decidí finalmente por este libro de Miguel Sánchez-Ostiz, Derrotero de Pío Baroja.  Es jugar sobre seguro y disfrutar doblemente, de don Pío y de don Miguel. Últimamente se leen mucho a jóvenes columnistas que parecen dejarse el alma en cada frase, y que se regodean en ellas hilándolas en sus columnas y aun en sus libros como si fabricaran collares de tuits. Son frases que gustan, pero al tercer ¡oh! en una misma página los mandas a la mierda.

Sánchez-Ostiz, en cambio, tiene una fluidez admirable. Me gustaría ser filólogo, pararme en cualquier capítulo de este libro y destriparlo como un relojero hace con los mecanismos de los relojes para hallar su secreto. Me basta ahora con disfrutar de sus melancólicos vericuetos y sus meandros, esa manera que tiene de ir y venir, de la lectura a la vida, de su juventud a la Baroja y por lo tanto a la nuestra, de las amistades a las conversaciones y las tertulias. Voy a estar muy bien acompañado estos días.

***

He hecho un roscón. Estoy escribiendo sobre Jan Valtin. He descubierto un artículo que demuestra que en La noche quedó atrás hay más verdades que mentiras, pese a que los putos comunistas pusieron toda la carne en el asador con sus infamias y su campaña de desprestigio desde que puso sus pies en Estados Unidos.

Y ayer habló el presidente. No lo escuché, me pone nervioso cómo su falsedad y su miseria se pega a la entonación de sus frases. Me ensucia. Sus socios van a aprovecharse. Vamos a sufrir una avalancha de propaganda leninista que será como poner a mil cerdos cagando frente a hipercinéticos molinos de viento. Su mierda va a llegar al rincón más profundo de nuestra alma.

 

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1 Comentario

  1. Joseba Aizpurua

    Esperando con ganas el texto sobre Jan Valtin. Guardo de mi madre una edición sudamericana de "La noche quedó atrás", Ediciones Cóndor, Valparaíso, 1944.

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