Arthur Koestler. Diario de Berlín (y VII)

 

 

Viernes [30 de junio]

Ver el diario de M.s. La discusión con los estudiantes de la Universidad Libre fue realmente uno de los puntos más destacados —ver comentarios introductorios.

Discusión con Suhrkamp en el restaurante. Me negué por dos razones:
a) por las razones mencionadas por M. y
b) porque esta reunión tendría que ser o bien secreta —y no quiero comprometerme a callar lo que dijo Brecht— o bien semioficial, y entonces no tendría sentido.

El punto es que soy libre de decir lo que quiera, pero Brecht no lo es, y eso hace imposible un intercambio real y serio. Cuando Becher envió una nota, le recordó que yo me había hecho cargo de su apartamento en 1938, donde había vivido con Lili Korbus y donde la policía encontró más tarde mapas militares en  la cisterna del inodoro, que contribuyeron a llevarme al campo de concentración [de Le Vernet]. Estoy seguro de que a Becher, que tiene sentido del humor, le gustaría enviarme una nota similar a través de las líneas, pero el punto es el mismo otra vez: yo puedo permitírmelo, él no puede.

Sábado [1 de julio]

Restaurante: Un joven con un ramo de flores: un simpático cerebro de robot del que están hechos estos Jakowlews. Completamente condicionado en el espíritu del Brave new world. Reaccionó a todas las discusiones sobre la libertad de expresión, etc. con: «Sí, pero no las necesitamos, estamos en un período de transición». Mentalidad berlinesa: «nüchterne Leidenschaft und leidenschaftliche Nüchternheit» [Pasión sobria y sobriedad apasionada]. Si Berlín sobrevive, para lo cual apenas hay posibilidades, podría crearse allí una nueva identidad europea… de un espíritu puro.

 

Diario de Mamaine.

Viernes [30 de junio] Dormí hasta tarde y luego fui al zoológico con Greta Neumann, K. y nuestros dos guardaespaldas. Hay un zoológico de animales para niños allí, muy dulce. Un día muy caluroso. – Almuerzo­ con un miembro del ejército de Vlasov llamado Yakovlev [Boris Yakovlev, editor de la revista rusa en el exilio Literaturny Sovremennik] y las­ siguientes personas: Arthur Schlesinger, Sydney Hook, Solomon Schwartz, Sheba Strunsky y K.

Yakovlev es un neo-neandertal rubio y alto que­ contó la historia de su vida en frases cortas traducidas por una joven americana; ella viene de alguna universidad de estudios eslavos y anda por ahí con él. Mientras Y. hablaba, su rostro permanecía sin expresión, y no nos miraba a ninguno de nosotros. Ejemplo: Y. habla en ruso por un rato, mirando al aire o a la mesa; traductor: «Fui entonces capturado por los alemanes­. De 30.000 prisioneros rusos, 28.000 murieron de hambre». (­Otra breve declaración rusa de Y.); Traductor: «Morir de hambre es mejor que morir por la NKVD». (Más ruso, interpretado con la misma inexpresividad); Traductor: «Contrariamente a los prejuicios populares,­ la muerte por inanición ­es­ casi una muerte alegre». Y así continuó. Miré fascinada a Y. como un animal en un zoológico; me sorprendió completamente cuando de repente me miró y sonrió. Y. vive en Múnich, dice que siempre camina por medio de la calle. K. dijo: «Si quieres que la gente te apoye, guarda tus opiniones políticas para ti para que la mayor cantidad de gente posible­ pueda aliarse contigo contra el enemigo común­». De hecho, los puntos de vista políticos de Y. seguían siendo un misterio; aunque continuó hablando­ de la monarquía ­por­ alguna razón, estaba claro que estaba en contra de ella.

Copas con Greta y James. G. dijo que algunos grupos de Berlín que­ son políticamente activos en la Zona Oriental­ escribieron documentos muy sectarios —por ejemplo,­ los neo-socialistas ­anti-estalinistas­ anti-americanos— y luego esperaban que su gente arriesgara sus vidas para distribuirlos. Ella y Burnham discutieron la posibilidad de hacer una película sobre los campos, un largometraje de alto nivel artístico.

K. asistió a la Universidad Libre. Muy impresionado. Copas con Suhrkamp, quien­ sugirió que K. se reuniera con Bert Brecht, pero K. se negó alegando que no podía haber valores fundamentales compartidos con alguien que todavía estaba unido al partido­, a pesar de que su esposa había desaparecido en Rusia y probablemente estaba muerta (ver el diario de K.) Después de la cena se sentó con Jim Farrell, cuyas impresiones sobre Berlín eran exactamente las mismas que las de K., a saber, que el­ antiguo espíritu académico alemán en la tradición de Kant, Hegel y Schopenhauer­ había sido reemplazado por una fusión más fuerte de teoría y­ realidad.

El sábado 1 de julio, visito de nuevo el sector oriental por la mañana con Jacobsen y un­ general danés muy simpático­. Una sensación parecida a la de Moscú a la vista del asombroso monumento del Ejército Rojo en el Parque de  Treptow. Sus esculturas fueron creadas por un escultor y ganador del Premio Stalin en un estilo que recuerda al arte nazi, excepto que las figuras tienen barba, llevan camisas rusas, etc. y están obviamente destinadas­ a representar a los trabajadores. Al final del complejo —que está bellamente mantenido y regado por varios jardineros— subimos a una especie de capilla, sobre la que se levanta un soldado del Ejército Rojo de 12 metros de altura. Un Volksschutzpolizist nos dio información sobre el tamaño del monumento y sobre los miles de colores diferentes del mosaico de la pared. El sector ruso incluye la calle Unter den Linden y Alexanderplatz; termina en la Potsdamer Platz y la Puerta de Brandenburgo. Sin embargo, el enorme monumento ruso del soldado desconocido del Ejército Rojo en el lado de Tiergarten de la Puerta de Brandenburgo­ en el sector británico. Todos se rieron mucho de la reunión de ayer con los dos profesores del sector oriental, Havemann y Hollitscher (véase el diario de K.) Copas con Peter Tennant, ahora consejero político del General Bourne, y­ miembros de su personal. Justo cuando K. hablaba de la situación en Corea, donde las cosas se ven bastante mal en este momento, una típica representante de la clase alta —cara blanca, collar de perlas, sombrerito, etc.— entró y dijo: «Lo siento, llego tarde, pero Alan estaba en el partido de cricket».  Nos reímos, pero obviamente ella no entendió la broma. El cabo, que ahora trabaja con Peter T., estaba­ presente. Cena en casa de Lasky con los Silone, los Burnham y los Bondy; no fue una velada particularmente alegre­, aunque K. se esforzó en beber una cantidad considerable de vino. Pasó buena parte de la velada explicando a Silone una y otra vez que, aunque tenía grandes sentimientos fraternales­ hacia­ él, Silone­ había hecho más bien difícil su relación, a) porque Silone había estado leyendo el periódico todo el tiempo en la primera cena juntos en Roma y b) porque Silone siempre se comportó como si fuera un campesino de los Abruzos y K., en cambio, era una especie de gigoló cosmopolita. Silone parecía estar muy aburrido de esto, pero dio algunas respuestas amistosas, que sin embargo no satisfacían a K.­ porque estaba demasiado borracho para entenderlas. Así que continuó con sus acusaciones, al parecer con cierto éxito, porque más tarde nos dijeron­ que después de que habíamos dejado a Silone dijo: “Me temo que piensa que le considero un gigoló». K. muy infeliz, porque pensaba que faltaba una­ relación realmente fraternal con S., Burnham, Lasky y los demás. Me mantuvo despierto con este tema hasta las 3:30.

Domingo [2 de julio]

K. (con resaca) dio una muy buena conferencia en la reunión del «Grupo de Batalla» de Hildebrandt: contó la historia de los dos profesores orientales como un ejemplo de Selbstentmenschlichung [autohumanización] y la historia del joven comunista que me­ trajo ayer un ramo de flores y que le dijo a K.: «He leído su Testamento español y estoy seguro de que no puede ser un informante de la policía, como se afirma, y que en realidad debe estar todavía de nuestro lado». Este es un­ ejemplo de cómo educar a la gente bajo el dominio ruso. Habló bien, y fue un gran éxito. Voló a­ Frankfurt en ­el avión militar a las 6 en punto. ­Las cosas van mal en Corea, y los rusos acusan a los estadounidenses de abusar del puente aéreo para propagar la plaga de escarabajos de la patata.


Nota de Stephen Lahrem: la referencia a la mujer de Brecht quizá sea en realidad a la actriz alemana Carola Neher, que trabajó junto con Brecht en el teatro, había sido sentenciada a diez años en Moscú en 1937, y murió en 1942 en un campo cerca de Orenburg. Sin embargo, no era la esposa de Brecht.

 

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6 Comentarios

  1. Joseba Aizpurua

    Muy interesante el texto. Y gracias por el buen trabajo de traducción. ¿Podremos verlo algún día editado en formato ebook?

  2. Sergio Campos

    Gracias, Joseba. Estoy esperando a recibir el original en inglés. Solo entonces haré la traducción definitiva y veremos qué se hace con ella. ¿Qué tal andas? Me quité del FB para aprovechar el tiempo (y a fe que lo he conseguido) y os he perdido el rastro a algunos.

  3. viejecita

    A ver si me deja :
    Esa mujer tan guapa, ( aunque los pies los tenga mejor colocados la otra) , ¿ Es la que se suicidó con K , que estaba enfermo, porque no quería seguir viviendo sin él ?

  4. viejecita

    Vaya por los dioses, la foto era otra, me he equivocado. Ya siento

  5. Sergio Campos

    No, Viejecita. La foto a la que se refiere usted es la de Mamaine, que era entonces la mujer de Koestler. Se separó de ella algo más tarde y se casó con su secretaria, que fue con la que se suicidó.

  6. viejecita

    Muchas gracias , Sergio.

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