Jueves [29 de junio]

Acudí a la reunión de organización a las nueve, que, gracias a la incapacidad de Lasky y Bondy para presidir la reunión, se hundió en un completo caos durante media hora. A las 11 de la noche, finalmente reuní un comité editorial para la resolución y el manifiesto, que me nombró presidente. Las únicas objeciones serias vinieron de Freddie Ayer y Trevor-Roper, pero a la 1:00 a.m. logramos un acuerdo unánime en todos los puntos menos en uno: «Los totalitarios no tienen derecho a ser miembros de la República del Espíritu Libre». Este punto fue presentado en el pleno de la tarde, donde lo dejé caer después de una breve discusión (para gran sorpresa de Burnham), de modo que llegamos a la completa unanimidad. Entre tanto, el almuerzo con el General Bourne. El oficial de educación encargado de organizar el almuerzo se había olvidado de darle a Freddie un lugar en la mesa, por lo que Freddie le explicó dos veces: «Considero esto una impertinencia. El mismo Oficial de Educación me había colocado a la derecha del General», lo que causó un silencio embarazoso y hostilidad. El general manco es un viejo amigo que, como Peter Tennant (ahora consejero político en Berlín) nos dijo más tarde, había molestado a su homólogo ruso bombardeándolo con preguntas como: ¿Dónde fue usted a la escuela? ¿A qué partido pertenece? ¿Cuáles son sus actividades de ocio? ¿Prefiere la cultura o los deportes?, etc.

Después del gran evento, Lasky, Sidney, Irving y yo nos dirigimos al Hotel am Zoo para conocer a los profesores Havemann (químico) y Hollitscher (filósofo) de la Zona Este.

Unos días antes, algunos delegados habían encontrado notas mecanografiadas en sus buzones que contenían una invitación del profesor Havemann para tomar el té con él el jueves a las 5 de la tarde en el “Hotel am Zoo”. Lasky respondió en nombre de estos delegados que no podíamos estar allí a las 5 en punto por nuestro gran evento, pero que estaríamos felices si fuera a las 7, ya fuera en el zoológico o, si lo preferían, en el sector oriental. Esa respuesta fue publicada en la prensa. Llegamos a las ocho menos cuarto al Hotel am Zoo, donde encontramos una multitud de periodistas, fotógrafos y gente de la radio del sector oriental. Después de una breve escaramuza preliminar nos sentamos en una mesa redonda, rodeados por toda la gente de la prensa —por un lado Havemann y Hollitscher, por el otro Lasky, Mater, Irving Brown y yo. Havemann objetó que éramos «cuatro contra dos», así que Irving y yo nos levantamos y nos sentamos en un rincón, sonriendo. Después Havemann leyó un comunicado de prensa diciendo que nunca habían cursado una invitación y que se había enterado de esta supuesta invitación por el periódico y que los habíamos conocido por pura casualidad en el Hotel am Zoo donde acababa de tomar el té con sus amigos.

Lasky y Sidney trataron de sonsacarles si  creían que Stalin era el mejor genetista, filólogo, etc. Havemann trató de escabullirse e introducir el tema de la bomba de hidrógeno. Pero cuando Hook y Lasky se impusieron con su habitual carácter, Havemann explicó que tenía que cenar primero y sugirió continuar a las 11 de la noche. Hook ofreció bocadillos en vano. Hollitscher le replicó: «Usted no es profesor de filosofía porque a) tiene malos modales y golpéo la mesa». Havemann dijo que volvería a las 11 pm, pero no lo hizo, así que Lasky fotografió las sillas vacías. En medio del episodio ofrecí a Havemann un coñac.

Como no regresaron, Lasky llamó a Havemann y se enteró de que estaban con Eisler. A la mañana siguiente recibió una carta firmada por Becher en la que aceptaba continuar la conversación bajo dos condiciones: a) sin Lasky, que era un informante de la policía americana, y b) la conversación tenía que tener lugar en el Centro Cultural Soviético en el sector oriental, porque en ese lugar sólo se garantizaba su integridad física y su libertad intelectual.


Nota de Stephan Lahrem sobre Havemann y Hollitscher:

Se refiere al último crítico del régimen, Robert Havemann, que en ese momento estaba aún completamente comprometido con el estalinismo y el profesor austriaco de filosofía Walter Hollitscher, que enseña en la Universidad de Humboldt, que fue arrestado en 1953 por razones aún desconocidas y luego regresó a su país de origen.

 

Diario de Mamaine.

Jueves [29 de junio]

Almuerzo con el General inglés Bourne, con Reuter y otros delegados ingleses­, incluyendo tres miembros del Parlamento: Amery, Christopher Hollis y Davis. Gran concentración pública en los jardines de la Funkturm, 15.000 personas. Intervienen: Rousset, Carlo Schmid, Amery, Silone, Kogon, un sudamericano [Germán Arciniegas], que alborotó un poco porque había viajado 6.000 kilómetros para dar su discurso y nadie le había hecho caso, Irving Brown, Nicolajewski. Todos los discursos, aburridos y demagógicos­; Rousset fue particularmente decepcionante: una especie de discurso de frente popular­ de 1936, qué tipo de antifascista era, en cuántos campos había estado, etc. Al final, K. leyó el manifiesto y terminó con la frase: «La libertad ha tomado la ofensiva» [die Freiheit hat die Offensive ergriffen!] Este manifiesto provenía casi en su totalidad de su mano y fue impulsado tan vehementemente por él, Burnham, Brown, Hook y Lasky que no se plantearon objeciones­, aunque Silone obviamente había aparecido con la intención de presentar algunas. Me senté junto a Herbert Read de nuevo, como en todas las sesiones anteriores. Fiesta por la noche en un hotel de Wannsee. Todo el congreso es una gran fiesta en cierto modo, donde se come­ y se bebe en diferentes grupos —la mayoría viejos amigos— a veces­ interrumpidos por fiestas reales.