Sábado, 24 de junio.

En Frankfurt, donde nuestros billetes deberían estar listos en el mostrador de American Express, no había billetes. Sólo dos delgadas colegialas americanas que se suponía que debían cuidar a los miembros del Congreso pero que no sabían nada de las entradas. Para el resto, véase el diario de Mamaine. Al llegar al hotel del congreso en la Steinplatz, notó que Lasky y Burnham, las dos figuras clave del Congreso, apenas se hablaban. Habían discutido durante una semana entera sobre si un cierto ruso llamado J. (ver el diario de M.) había sido un miembro destacado del Ejército de Vlasov o no y si debían o no poner su nombre en la lista de delegados. También si deben o no poner el país de origen entre paréntesis después de los nombres de los delegados. Cena con Silone y luego reunión con los Burnham en el Café Wien. Los Burnham trajeron con ellos a una terrible americana llamada Sra. Stone, de Nueva York, que escribe ficción ligera bajo el seudónimo de Ethel Vance. La llevaron a todas partes con ellos, incluso a la reunión, que iba a ser el gran encuentro político con Silone y Lasky. Esta mujer es una especie de imposición de James, al igual que el J. ruso y un tipo agradable, pero totalmente ingenuo e ineficiente llamado François Bondy (un viejo amigo de Leo), a quien James quiere colocar en el cargo de Lasky. Muy mal humor. A última hora de la tarde, James aceptó dejar su propuesta de poner entre corchetes el país de origen de los delegados —como una oferta de paz a Lasky.

P.D.: Escuché al llegar que Eisler nos había llamado informantes de la policía americana y monos literarios. Así que di una entrevista en la radio, en la que me dirigí a Eisler tuteándole en berlinés y le recordé nuestra anterior estancia en Le Vernet, cuando llevábamos juntos las letrinas – ver nuevos recortes de prensa.


Una nota de Stephan Lahrem da una pista de quién puede ser ese Leo: «probablemente se refiere a Leo Valiani, un antifascista italiano y luchador de la resistencia que Koestler había conocido en Le Vernet en 1939».

Hoy, en la Steinplatz, hay un hotel de lujo, quizá el mismo en el que se alojó Koestler. En esa plaza hay también dos monumentos, a las víctimas del estalinismo y del nazismo.

El caso de Eisler es curioso. Era el hermano de Ruth Fischer, renegada del comunismo, y que había participado junto a Lasky y a Franz Borkenau en la idea de organizar un congreso en Berlín y poner a los soviéticos «un infierno a las puertas de su infierno». En aquellos momentos Fischer pertenecía a una organización secreta creada por una CIA incipiente llamada The Pond. Koestler había coincidido con Eisler en el barracón número 13 de Le Vernet durante la guerra, como cuenta en Escoria de la tierra.

 

Diario de Mamaine.

Sábado 24 de junio

Al llegar a Frankfurt nos acompañó una colegiala americana que había sido enviada a reunirse con los polacos y con nosotros y a escoltarnos hasta el avión a Berlín. Pronto se hizo evidente que esto era demasiado para ella, porque nuestros billetes, reservas, etc. eran un completo caos. Y la mayoría de los aviones estaban llenos de gente que quería ir a un partido de fútbol en Berlín. Por iniciativa de K. pudimos escapar de la chica americana —que estaba acompañada por otro— y tomar un avión que aterrizó en Berlín a las 12.30 pm. Los polacos, menos hábiles, llegaron nueve horas más tarde. En Berlín me di cuenta de que los Burnham ya habían llegado y fueron con Marcia [Burnham] a visitar el Kurfürstendamm mientras K., Burnham y Lasky preparaban el congreso.

Cena con Silone, Darina [Silone] y una mujer india que habían recogido en Florencia y traído con ellos, nadie sabía por qué. Silone al principio muy despectivo, después más abierto, pero con K. sobre la mayoría de las cuestiones relacionadas con otras opiniones, especialmente en lo que respecta a una alianza con las derechas. S. dijo: 1) No se puede obligar a un profesor italiano que intenta imponer escuelas seculares en su pueblo contra la Iglesia a luchar contra el estalinismo; 2) ni tampoco puede uno en Abruzzo, donde una mitad de los campesinos son comunistas y la otra mitad no, pero todos juntos luchan contra el Príncipe Torlonia, llamar a la mitad no comunista a luchar contra los campesinos comunistas (S. siempre volvía tarde o temprano a los campesinos de Abruzzo y al Príncipe T.) 3) Relató la historia de su movimiento de resistencia durante la guerra y cómo echó a cualquiera que resultara ser de la inteligencia británica o americana porque quería dirigir ma guerre a moi con la conciencia tranquila; 4) piensa que la fuerza del frente anti-estalinista reside en sus diferencias internas. K. estuvo de acuerdo, pero dijo que en la guerra hay que tener una estrategia uniforme entre los aliados. Finalmente, Silone admitió muy a regañadientes que él también estaba totalmente a favor del Pacto del Atlántico.


Nota de Stephan Lahrem: las luchas mencionadas por Silone fueron probablemente sobre la expropiación de una gran zona pantanosa reclamada por los Torlonia.