Viernes, 23 de junio

Salida de París acompañado de un guardaespaldas, que nos dijo que a los once años sufría de meningitis y desde entonces padece de ataques epilépticos leves. En el coche cama nos reunimos con Czapski, el editor de la revista polaca Cultura [i. e. Kultura], Sartre, que estaba sentado en el compartimiento vecino y viajaba a un congreso de teatro en Frankfurt, y el guardaespaldas, al que presentamos como Monsieur Despieux.


Józef Czapski, periodista y pintor polaco nacido en Praga (y muy parecido por cierto a mi amigo el pintor Joserra). Dirigió Kultura, la revista polaca editada en París desde 1947. Creo haber leído sobre el encuentro de Sartre y Koestler en el tren, quizá en Extraños en la plaza, quizá en Living with Koestler. Habían tenido sus más y sus menos, y me parece recordar que Koestler no hablaba mal de él y que su comportamiento era más franco si no tenía revoloteando a su alrededor a Simone de Beauvoir.


Diario de Mamaine Koestler

Viernes, 23 de junio de 1950

Partimos de la Gare de l’Est a las 8.20 de la noche en un coche cama hacia Frankfurt. Nos sorprendió que Bertaux nos ofreciera un guardaespaldas para llevarnos a la frontera. También encontramos a Sartre en el compartimento vecino – iba a un congreso de teatro en Frankfurt. Como no había coche comedor, el comisario de policía de la estación nos había traído unas cajas de comida y vino del buffet de la estación, así que invitamos a Sartre, el guardaespaldas y dos polacos (Czapski y otro editor de Kultura), que también iban de camino a Berlín, a nuestro compartimento para cenar. Este fue nuestro primer encuentro con Sartre desde la ruptura de las «relaciones diplomáticas» entre él y K. hace 18 meses. S. ya no bebe ni una gota de alcohol, pero toma Corydrane y parecía bastante enfermo. Estaba tan alegre como siempre, aunque dijo que ya casi no salía de noche porque se había vuelto muy difícil encontrar a alguien que compartiera sus opiniones políticas. El guardaespaldas (cuya identidad como policía le ocultamos a Sartre) nos divirtió a K. y a mí cuando nos explicó que sufría de ataques epilépticos leves y tendía a perder el conocimiento y a caerse a lo largo; añadió, sin embargo, que una dosis constante de sedante lo mantendría relativamente calmado.