Arthur Koestler. Diario de Berlín (I)

 

 

Conviene ser escueto en los grandes momentos. Hasta hace un momento no se ha concretado lo que era solo una intuición difusa: Koestler escribió más de lo que ha aparecido en sus libros publicados sobre sus días en Berlín en 1950, cuando organizó el Congreso por la Libertad de la Cultura. La biblioteca de la Universidad de Edimburgo conserva en sus archivos un fondo de Koestler que incluye los diarios de esos días. No sé si los cita Scammell en su biografía (imagino que sí, pero nunca había llegado a ello). Los he encontrado en un artículo de Stephan Lahrem, «Freunde, die Freiheit hat die Offensive ergriffen!» Están traducidos al alemán y, antes de que me mande una copia de los originales la universidad escocesa, los ofrezco aquí re-traducidos al español. De un tirón, ya disculparán las molestias.

* * *

Arthur Koestler (23 de junio a 30 de junio de 1950)

Berlín se ha convertido en una ciudad completamente diferente después de 18 años. No es la primera vez que, después de unos años, vuelvo a un lugar donde había vivido, pero París, después de siete años de guerra, y Tel Aviv, que volví a visitar en 1945 después de un período de siete años, no habían cambiado mucho. Tel Aviv había duplicado su población, pasado por su fase terrorista y se había convertido en la capital de un nuevo estado; pero el espíritu de la ciudad había permanecido inalterado. El París de la posguerra era sombrío y gris, pero la gente se había vuelto un poco más antisocial e ingeniosa y la vida pública un poco más corrupta y fratricida. La gran mentira de la Resistencia había carcomido la mentalidad de todos, de modo que la atmósfera había permanecido irreal, cargada de agresión enraizada en la impotencia y la culpa. Aparte de todo esto, en París en 1946/47 había una atmósfera de constante pánico y cobardía ante la amenaza comunista.

La forma en que Berlín reaccionó a las incomparablemente más trágicas experiencias de la última década es tan diferente que uno está tentado de creer con los nazis en la superioridad de la raza alemana. Pero esto no es un fenómeno alemán, es el fenómeno de Berlín. Los alemanes suizos son tan egoístas y duros como siempre; los alemanes occidentales caen de nuevo en una engreída complacencia con fuertes tendencias neonazis. Los jóvenes de Alemania del Este marchan tan apasionadamente en la FDJ [Juventudes Comunistas] como antes en la HJ [Juventudes Hitlerianas]. Pero Berlín es una ciudad en pleno frente, con la piel expuesta, dotada de nervios sensibles. Su experiencia vivida estimuló su desarrollo moral e intelectual, aceptó el «desafío de su entorno», para usar las palabras de Toynbee. Probablemente nunca he tenido una audiencia más alerta mentalmente y más responsable moralmente que la de los estudiantes de la Universidad Libre y los diversos grupos de resistencia estudiantil que operan en la Zona Este, ni he conocido una mejor muestra representativa de la población —desde taxistas hasta reporteros de radio, editores de noticias y profesores universitarios— que durante estos últimos días. Por supuesto, también hay algo de selección natural en juego: alrededor de un tercio de los habitantes, el elemento blando y débil, han abandonado la ciudad hacia el oeste, y sólo los decididos han permanecido como un puesto de avanzada, la guarnición de una ciudad asediada, que es de hecho una isla, ciento cincuenta kilómetros detrás del Telón de Acero. Cuando se considera lo lejos que está Francia de la ocupación rusa, se puede apreciar la determinación que se necesita para vivir aquí.

Otro hecho que hace que los berlineses de hoy en día sean un fenómeno tan notable es su constante contacto con la Zona Este, con la realidad soviética. Hay por lo menos 20 grupos diferentes, todos los cuales realizan trabajos clandestinos de una u otra manera en el sector oriental: grupos de estudiantes que trabajan de manera descentralizada e independiente, el «Kampfgruppe gegen Unmenschlichkeit» [Grupo de batalla contra la Inhumanidad] y las diversas organizaciones de partidos políticos. Para estos grupos y su entorno, que de una forma u otra involucran a casi toda la población, la libertad —como la democracia y el resto— no es sólo una palabra, sino la realidad.

Pero el factor decisivo en la mentalidad de los berlineses es algo completamente nuevo en la mentalidad alemana: la unidad de abstracción y realidad. En cuanto a los conceptos políticos, este proceso se explica en el párrafo anterior. Pero se vuelve particularmente sorprendente cuando uno habla con estudiantes y profesores universitarios sub specie aeternitatis. Empirismo, ya no Hegel o Kant, sino Hume y Locke —la intensidad de la experiencia es el patrón para un nuevo tipo de Europa.

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3 Comentarios

  1. marquesdecubaslibres

    Sensacional, Sergio.

  2. Onagro

    Sensacional, sí, don Sergio Campos. Juntos una de las mejores versiones de la Ilustración escocesa y el valor que se necesita en los momentos históricos más peligrosos para mantenerla en pie.
    Y al menos esta partida insular de alemanes no queda tan mal parada como comúnmente de los alemanes se piensa.
    Gracias.

  3. viejecita

    Me ha sabido a poco. Lo he imprimido a ver si había más , pero no. Espero que lo de todo seguido signifique que va a haber más, y más, cada día. Y una gozada. Nada de molestias.
    Y Muchas Gracias

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