Algo más sobre la muerte de Durruti

Colette Durruti

Colette Durruti (c) Luis Artime

En La biblioteca fantasma, hace ya tres años, se trató de la muerte de Buenaventura Durruti y de toda la mitografía establecida en torno a ella. Hace unos días recibí un correo de alguien a quien ya puedo considerar un amigo. Se trata de Luis Artime, autor de la impresionante fotografía de Colette Durruti con la que abro esta entrada y a quien agradezco públicamente su generosidad por permitirme reproducirlo todo. De alguna forma, corrobora algunos puntos tratados en su día y complementa otras informaciones. Adjunto el archivo en pdf que tan amablemente me mandó Luis. Procede de la revista Interviu y fue publicado en 1977.

Acceso al artículo en pdf (ca. 6 Mb)

Acceso al artículo en pdf (ca. 1,5 Mb)

La historia empieza en la desaparecida revista Posible, en el verano del ’77. En el mes de Junio, mi compañero Pedro Costa consigue entrevistar a Antonio Bonilla Albaladejo. Este sujeto tiene un papel estelar en la escena de la muerte de Durruti. Averiguamos que, pese al historial que figura en el Gotha anarquista oficial, y lo presenta como un heroico luchador de la libertad, creemos, por los indicios, que era alguien que se movía en ese brumoso ecosistema que comparten a menudo la anarquía y la delincuencia.
Pero esto es anecdótico. El caso es que, tras su exilio por varios países -R.Dominicana sobre todo- regresa en el ’74 a Zaragoza, donde ejerce de taxista; una vez localizado en Barcelona accede a ser entrevistado, con respecto al asunto que nos ocupa. Su testimonio, que he visto reproducido en algunos sitios de la red, relata en resumen que, siendo miembro  de la columna Durruti y veterano de las colectivizaciones de Aragón, se encuentra en Octubre/Noviembre del ’36 en uno de los batallones enzarzados en la toma/defensa del Clínico, de la Ciudad Universitaria de Madrid.
Su superior jerárquico, en vista de que la «veteranía» de aquellos aguerridos anarquistas se muestra manifiestamente ineficiente, cuando enfrente tienen unas fuerza del Tercio que llevan a cabo furiosos asaltos incesantes en el sector, fuerzas  tan distintas de las que débilmente defendían los pueblos de Aragón, lo envía a buscar a Durruti para tratar de suturarlos en torno a su liderazgo, e intentar detener las cada vez más frecuentes deserciones del combate.
Toma un coche con dos compañeros y llega al chalet de la calle Miguel Angel (donde hoy está instalado el hotel del mismo nombre) y reclama ver al dirigente anarquista. No le resulta fácil, pero finalmente Durruti manda traer el Packard, y embarca en él junto con Julio Graves y el sargento Manzanas. Esta afirmación categórica eliminaría la versión según la cual en el coche viajarían dos o tres milicianos más, como se  ha declarado frecuentemente.
Conduce unos metro por delante del Packard, a fin de evitar las rutas batidas, y finalmente desembocan en la calle Reina Victoria. Allí, en una de las miradas que echan atrás para controlar que les siguen, observan que el coche de Durruti se ha detenido ante un grupo de jóvenes que, presumiblemente, habían abandonado su puesto en el combate. Aquí Bonilla es categórico en su afirmación de que son dos personas las que descienden del coche y una de ellas es Buenaventura. Están a unos cincuenta metros de la escena, cuando ven derrumbarse a uno de ellos; en ese momento Bonilla no sabe cual de los dos, y presencian como Graves da la vuelta apresuradamente, tras meter en el vehículo al herido, y parte a toda velocidad en sentido contrario.
Bonilla no los sigue en el momento. Se acerca al puesto de mando y comenta con sus jefes lo ocurrido. Estos lo envían de nuevo al puesto de mando anarquista, para averiguar porqué Durruti no ha llegado hasta el frente. Cuando Bonilla llega a este, se encuentra con Manzanas en la puerta y tiene un altercado con él en el que, según su testimonio, están a punto de sacar sus armas. Manzano le habría declarado que Durruti se había tenido que ir a una reunión del Comité. Ante la evidente falsedad de esta afirmación Bonilla empieza a sospechar lo peor y parte de nuevo hacia el Clínico.
Cuando la noticia de la muerte de Durruti llega al día siguiente, la defensa de aquel enclave empieza a tornarse imposible para los batallones anarquistas y tienen que ser reemplazados por nuevas unidades, regresando a Aragón y Barcelona los restos de la Columna.
(c) BNE

(c) BNE

Bonilla declara estar convencido de que la muerte del líder no responde a las causas que expresa la versión oficial, y afirma, en un primer momento, que el disparo se produjo al lado del coche, accidentalmente o de forma alevosa. Más tarde, en la conversación, irán haciéndose más patentes sus sospechas con relación a Manzanas. A este respecto, es significativo la descripción pormenorizada en la que se extiende con relación al la personalidad de sargento. Dice, por ejemplo, que este se declaraba anarquista con mucha insistencia, pese a que, más o menos, se sabía que militaba o había militado en el Partido Comunista. Por otra parte, nunca se había fiado de los suboficiales que se había entregado, saliendo del cuartel de Las Atarazanas por una puerta lateral, tras haber participado activamente en la defensa previa a su rendición.

Así mismo, hacía incapié en la imposibilidad de la hipótesis del disparo involuntario, provocado por el sub-fusil «Naranjero»que manejaba habitualmente Manzanas. En su opinión, un experto en armas y reputado tirador como él, mantendría en perfecto estado de uso el arma; sobre todo, sabiendo que el cierre de este modelo era proclive a acerrojarse accidentalmente, como consecuencia de un muelle recuperador de escasa calidad y la ausencia de un seguro de retenida. Para acreditar todas estas afirmaciones contaba la anécdota, vivida por él, de un alarde de puntería de Manzanas, cuando disparó sobre el reloj de una casa en Aragón, pretestando que no toleraba que nada le condicionase su tiempo, cuando Buenaventura le había reprochado acudir con retraso a la cita de aquella reunión.
Al final de la entrevista, Bonilla se mostraba casi absolutamente seguro de la culpabilidad del sargento Manzanas.
A partir de ahí, empezamos a tener la sensación de que se habría la posibilidad de avanzar en esta apasionante encuesta, y tras haber leído todo lo que se había escrito sobre Durruti y su trágico final, empezamos a pensar en abrir nuevas vías de investigación, buscando testimonios inéditos.
Yo colaboraba habitualmente con la CNT, en el diseño de sus carteles, y tenía bastantes amigos entre los viejos militantes. Así es que los testimonios históricos de primera mano eran realitavemte frecuentes.
Así averiguamos los datos de la viuda y, por otra parte, conseguimos que Antonio Asensio, dueño de  Zeta, nos enviase a Quimper.

Entierro de Durruti. Fuente: El Rufián Melancólico

Émilienne vivía sola, pero su hija Colette habitaba muy cerca, y prácticamente formaban una familia. La anciana era todo un personaje. Había participado de la creación en los años ’30 de Mujeres Libres, asociación feminista avant la lettre, y poseía una solida formación intelectual. Fumadora empedernida a sus ochenta y seis años, exhibía una salud envidiable en un cuerpo pequeño y frágil. Su hija, claramente heredera del físico de su padre, era una mujer espléndida a sus cuarenta y tantos años, con un cierto aire a Sophia Loren.

Cuando nos presentamos, descubrimos que estaban curiosamente al tanto de los acontecimientos españoles y, en concreto, de la evolución de la nueva CNT y del interés suscitado por las figura histórica de Durruti  entre la juventud. Émilienne había recibido recientemente la visita del director Jaime Camino, que recogía datos sobre el líder, con vistas a un proyecto de película a propósito del anarquismo español.
La visita duró dos días y, al segundo de ellos, decidimos separar a la madre de la hija, porque intuimos que la anciana se sentiría más a su gusto sin la presencia de Colette, quien, en cierto modo, parecía ejercer una especie de freno en sus declaraciones. Pedro Costa, al no hablar francés, y rendido por el atractivo de la hija, que sí hablaba español, me encomendó hacerme cargo del «interrogatorio» de Émilienne.
El segundo día, pues, me la llevé a una crêperie a pasar la tarde, y entre aquellos exquisitos argumentos gastronómicos y mi exhibición del escanciado de sidra, al modo asturiano, que asombró a buena parte de los parroquianos, la viuda de Durruti pareció relajarse un tanto, y me contó otra historia. La misma, pero con matices muy esclarecedores. Nada que hoy no se sepa, pero en aquel momento estábamos en 1977, y todo era nuevo.
(c) BNE

(c) BNE

Cuando se acabó la guerra, regresó a su antigua profesión de secretaria y me pareció entender que se había alejado un tanto de los círculos exiliados. Se dedicó a una hija que ya tenía casi nueve años y a la que no le había dedicado demasiado tiempo. Pero en la primavera de 1940 los alemanes avanzaban rápidamente y decidieron plegar sus cosas rumbo al sur. Al armisticio, sus compañeros le recomendaron embarcarse hacia Méjico. Pero las cosas se complicaron y, al final, alguien le arrebató sus plazas en el barco que salía de Marsella.

Ante la perspectiva de vivir en un país ocupado, Émilienne empezó a deshacerse de todo lo que pudiera relacionarla con el pasado reciente. Papeles, archivos, cartas y, sobre todo, la mísera herencia de su marido. Una zamarra de cuero, un cinturón con una Colt ’45, una gorra y unos prismáticos. Todo ello dentro de la somera maleta que le entregó en su día el doctor Santamaría. Todo, salvo el arma, acabó en un fogón.
Siguiendo un itinerario mental parecido al de Bonilla, a medida que íbamos hablando, la figura de Manzanas se iba haciendo más aparente, hasta la declaración final, prudente pero inequívoca, de su convicción de la culpabilidad del sargento. Creo que mantenía una especie de pugna entre su fidelidad a la disciplina de la organización y su intuición más profunda. Me contó como la zamarra que le entregó el doctor presentaba un agujero de entrada chamuscado, sin la menor sombra de duda. Creo que, aunque no lo reconoció, el doctor fue quien le indujo las primeras sospechas. No hay que olvidar que Santamaría era uno de los amigos más sinceros y fieles del líder, junto con el cura Acerete. Ambos no anarquistas.
Y eso es todo. Pudo tener una suite, cuando localizamos el domicilio de Manzanas en Cuernavaca. Pero esta vez, a Asensió no le pareció interesante la aventura. Una pena.

 

← Entrada anterior

Entrada siguiente →

12 Comentarios

  1. Sexto Empírico

    Gracias a Bremaneur y, en especial, a Luís Artime por este testimonio, de enorme valía. Valioso especialmente el último punto y a parte, que habían descubierto al sargento José Manzana Vivó en Cuernava (México). ¡Que oportunidad perdida! Aunque probablemente hubiera repetido la historia oficial, ya que más de cuarenta años para decir otra cosa y no lo hizo. Murió en los setenta.

    La foto de Colette, que yo recuerdo de Interviu, en efecto sugería un parecido a Sofia Loren. En aquel tiempo también estaba en París, Rosa Durruti, hermana de Buenaventura.

    Con respecto a la muerte, a los dos días ya se sabía en España que le habían disparado por la espalda. Lo dijo Companys en el entierro de Durruti y lo recogió La Vanguardia. También se sabía que el autor había sido Manzana. Sólo Durruti, Manzana y Graves iban en el coche. Y Graves se quedó al volante cuando descendieron Durruti y Manzana. Al entrar de nuevo en el coche, le disparó por la espalda. Manzana era Campeón de tiro olimpico, habiendo recibido una medalla con el equipo militar español de tiro (está en la hemeroteca digital de la BNE).

    Lo del disparo fortuito fue idea de Juan García Oliver, con objeto de que los milicianos no se desanimaran y regresaran al combate, porque el rumor era que lo habían asesinado 'los chinos'. Para evitar una guerra dentre de la guerra, García Oliver, Marianet, Federica y otros dirigentes de la CNT prefirieron apoyar esta versión, que es la que ha continuado apoyando Abel Paz en su biografía de Durruti.

    Todos los que vieron la cazadora de Durruti, entre otros Antonio Ortiz, afirman que el fogonazo estaba en la espalda y que los rastros de la pólvora sólo pueden ocurrir si el disparo es a corta distancia. Igualmente, Durruti nunca llevó 'naranjero' sino un Colt. Además de que es imposible que por accidente su propia pistola le pegue un tiro por la espalda.

    La afirmación de Bonilla de que Manzana era del PCE no está confirmada, pero sí indica la dirección de la sospecha. Hay un dato más que es importante. Menos de un mes después de la muerte de Durruti, un agente soviético asesinó en Madrid a Hans Beimler, de las Brigadas Internacionales, de un modo parecido, de un disparo por la espalda, y como en el caso de Durruti se dijo que había sido una bala del enemigo. Martínez Amutio y Jacinto Toryho, independientemente uno del otro, hicieron examinar el cadaver de Beimler y los médicos no tenían duda sobre la forma en que fue asesinado. Toryho a través de los miembros del Grupo DAS desenterró el cadáver.

    En mi opinión, la única posibilidad para resolver de forma definitiva el 'misterio' reside en los archivos soviéticos. La muerte de Durruti y de Biemler tuvo que ir acompañada de un informe de los agentes destacados en España. Durruti y Beimler eran demasiado conocidos y demasiado importantes como para que no se hubiese enviado un informe a Moscú, incluso si 'los chinos' ellos no hubiesen sido los autores o inductores. Esperemos que en futuro no muy lejano 'alguien' pueda consultar este asunto en tales archivos y tenga éxito. Mis intentos no dieron resultado

    ¡Felicidades otra vez!

  2. Sexto Empírico

    Por cierto, en la pagina de Interviú hay un error. Se dice que el abogado de Durruti era Henri Torez, cuando en realidad había sido Henri Torres. Probablemente la pronunciación de Mimi confundió a Pedro Costa Muste.

  3. Bremaneur

    En este vídeo podemos ver a Durruti conversando con José Manzana (a partir del min. 2:20 más o menos). Es una película dirigida por Roman Karmen (por cierto, ¿alguien sabe dónde encontrar su ¡No pasarán! en español?) y está alojada en la página de Youtube del Ministerio de Cultura.

    http://www.youtube.com/watch?v=RKS4vDIx4pU&w=400

  4. Luis Artime

    Muchas gracias por tu comentario Sexto Empírico. Me gustaría hacer un par de comentarios sobre el arma de la que se suele admitir que partió el disparo. En toda la documentación que manejamos, previa al reportaje, he leído comentarios a cual más disparatado respecto de la misma. Desde que a Durriti se le habia "enganchado" el disparador en el estribo del coche al descender del mismo(!), hasta que llevaba el arma de manera descuidada durante el trayecto.
    El sub-fusil conocido en España como "naranjero", era una versión del Bergman MP18 I, diseñado por Hugo Schmeisser en 1918, fabricado bajo licencia por la Fábrica de Armas de La Coruña.
    Este arma presentaba un inconveniente desde sus inicios, en su versión original, que consistía en que, al tratarse de un mecanismo conocido como de "cierre abierto", es decir que la masa del mismo empujada por su muelle estaba constituída por una sola pieza, este dejaba la ventana de explulsión abierta, cuando el arma estaba montada, es decir lista para hacer fuego. Esto suponía una abertura por la que se podía introducir polvo u cualquier cuerpo extraño de pequeño tamaño en el interior del arma. Como consecuencia, y afín de que esto no ocurriera, los soldados solía portarla con el cierre adelantado que obturaba ese hueco. Pero en esa posición, y teniendo en cuenta que el muelle no era demasiado rígido, si el portador del arma golpeaba con cierta fuerza la cuata contra el suelo, el cierre podía deplazarse hacia atrás comprimiendo el muelle lo necesario para arrastar un cartucho e introducirlo en la recámara al regresar hacia adelante, y probablemente provocar un disparo accidental.
    Descartado el hecho de que Durruti portase un arma como esta, ya que nunca estuvo armado más que de su semiautomática Colt del '45, es poco probable que un reconocido experto en armas como era el sargento Manzanas, no conociera ese defecto del naranjero, y tomase las precauciones precisas. Con lo cual habría que descartar el disparo accidental del que habitualmente portaba.
    Pero aun hay más aspectos estraños en esta peripecia. El MP18 carecío del mecanismo de selección de tiro (ametrallador o tiro a tiro), hasta los últimos modelos usados en la Segunda Guerra Mundial. Esto nos lleva a conclusión de que solamente un experimentadísimo usuario de la misma sería capaz de dispara un único tiro, sin que la capacidad de fuego automático no dejase escapar una ráfaga, más o menos larga.
    Casi todos los relatos coinciden en que, pese a estar el coche de Durruti en una zona de la avenida más o menos abrigada del fuego procedente del Clínico y sus alrededores, estuvieron bajo ese fuego durante el incidente.
    ¿Cabe la posibilidad de que, en ese ambiente vertiginoso, el diparo que alcanzó al líder anarquista formase parte de una corta ráfaga, decartado el disparo único, dada la postura y los movimientos de Manzanas al descender o subir al automóvil? Perdonalmente me parece bastante improbable.
    Por otro lado, Manzanas tenia su mano derecha herida, como puede comprobarse en el mágnífico reportaje aportado por Bremaneur, y las fotos del entierro en Barcelona.
    Mi conclusión es que el disparo no partió del sub-fusil, sino de un arma corta.
    Esta hipótesis explicaría asi mismo la falta de detalle en los testimonios de los presentes, dada la mayor discreción que proporcionaría el uso de una pistola. Nunca se nos habló del calibre del proyectil. De hecho, al no ser operado Durruti, ni tampoco tener constancia de un orificio de salida, es de suponer que ese proyectil no atravesó el cuerpo del herido. Lo cual no hace más que acentuar el misterio, ya que un proyectil de un cartucho tan potente como el 9mm Largo (tanto en el caso del sub-fusil, como de una pistola militar), a corta distancia, debería haber dejado un orificio de salida. Desde luego, en la descripción de la chaqueta de cuero que Emillienne me hizo, ese agujero no figuraba.
    Por lo tanto, no todos los supuestos comunmente admitidos, respecto del arma, parecen fuera de toda duda.
    Perdonarme la extensión de esta nota.

  5. Sexto Empírico

    Luís, de nuevo gracias por tus precisiones, que comparto en gran medida. Hay un único punto en el que creo que puedes estar equivocado. Sí hubo orificio de salida y sí salió del cuerpo la bala. El disparo entró por atrás (por la espalda) como queda claro por el fogonazo en la cazadora y salió por debajo de la axila izquierda, a la altura del corazón, como puede apreciarse en la fotografía de Durruti en la cama moribundo.

    Creo que es correcta tu apreciación de que el tiro fue de un arma corta, sin poder precisar la marca, pero podría ser una Colt o una Campogiro a juzgar por la cartuchera que Manzana llevaba al cinto y que puede apreciarse en todas la fotografías. Con el brazo herido no podría sostener un naranjero [Bremaneur, quizás podría incorporar una fotografía de un 'naranjero' para que los lectores vieran en qué consistía]. Además, dado el cañon de este arma resulta mucho más dificil que quedase un rastro de pólvora.

    Con respecto al agujero de entrada en la cazadora (no hubo de salida en la cazadora), tal vez te interese la descripción que hizo Antonio Ortiz de dicha cazadora. Puede consultarse en el libro de Marquez y Gallardo, 'Ortiz, general sin dios ni amo' Ed. Hacer, Barcelona, 1999.

    Creo recordar (escribo de memoria) que Joan Llach, en su libro sobre la muerte de Durruti, narra que se entrevistó con el Dr. Santamaria y que éste le dijo que Durruti le había dicho quien le había disparado, que él, a su vez se lo dijo a García Oliver y que éste respondió de malas maneras, ante lo cual Santamaría optó por el silencio. Y tampoco se lo dijo a Llach. Lo que sugería todo ello es que no había sido un disparo accidental ni un accidente que había tenido Durruti.

  6. Luis Artime

    Anoto la precisión sobre el orificio de salida, que desconocia. Gracias Sexto. Eso descartaría entonces una posible bala procedente del Clínico, que era lo único que que me quedaba como duda. Un impacto a una distancia de 100 o 200 metros, incluso procedente de un calibre de 7,62 o 7,92, fusil o ametralladora, podría haber quedado alojada en el cuerpo. Si salió de este, la hipótesis de un disparo próximo es totalmente verosimil. Lástima que ese proyectil, que probablemente quedó incrustado en algún sitio del coche, no fuese extraído y examinado. Siempre me pregunté cómo Durruti, que tardó casi dos dias en morir, no habría contado a nadie lo sucedido en un momento de lucidez, durante ese período. Emilienne debió hablar bastante con Santamaría, en Francia, después de la guerra. Así que una confidencia de ese tipo es de suponer que se la habrá hecho. A lo largo de mi extensa charla con ella, nunca dejé de tener la impresión de que tenía descartada de antemano una acusación fromal contra nadie. Aún en 1977 pesaban mucho las siglas de la CNT. Creo que midió con mucha precisión lo que me dijo, aunque el mensaje implícito fuera muy claro.

  7. francisco lopez dabouza

    A Durruti, lo traslado su viuda a francia, hace algunos años tuve la oja de traslado que la vendieron por 25 pesetas en los encantes de barcelona.

  8. Aleardo

    Estimados todos:

    Mi muy admirada página y sus calidoscópicos componentes; llevo tiempo siguiéndoos y, como es mi primera intervención, es de caballeros saludar primero.

    Primero el saludo, luego el guante, y luego el quite: en el libro de Llarch, Joan: La Muerte de Durruti; Plaza y Janés S.A. Editores, Barcelona, 1973 no dice nada de eso. Los testimonios que recoge Llarch, principalmente son, los de Ricardo Sanz, que no estaba ahí, cuenta lo que oye de terceros. Y de terceras y cuartas remite (Pág.77 ) a un tal “Ragar”, que supuestamente circulaba en el Packard con el leonés. ¿Como desmadeja el ovillo indiciario Llarch? ... Remite, a su vez, al famoso “cura anarquista” Jesús Arnal Peña, que en los años ’70 se destapó como el secretario sacerdote de Durruti, figura berlanguiana donde las haya de la cual seguro tenemos ocasión de hablar en otro momento. El cura se confiesa a un periodista -Ángel Montoto- en un serial de cinco capítulos, afirmando que un Comisario de la 26, amigo del finado, le comentó haber presenciado el trance, que transcurrió, según la Versión Oficial Bis (es decir, Durruti murió por su propia mano al enganchársele el naranjero). No se hasta que punto será fácil de localizar la entrevista del tal Montoto (¿) ni la validez de una declaraciones después de tantos años -y que no aportaban nada nuevo-. Pero es que hay más, amiguitos míos; Llarch, en un tono setentero cercano a los actuales Mir, Alfonso Domingo y, quizás menos, Luis Romero, toda una institución en el arte de escribir sin citar, nos introduce a continuación un cuento -no se sabe de donde lo saca- respecto a que el cura, por ignotas razones, cambió su versión (sin que Llarch de más pistas sobre ello), al presentarse de improviso en la iglesia de Ballbona (Huesca) donde residía el sacerdote un tipo (el tal “Ragar”) que le recontó la historia por enésima vez (Págs. 78 a 88), estériles páginas preñadas de gráficos marcianos del vehículo y preguntas sin respuesta (sic.). No creo que debamos perder el tiempo en ello y me remito a las páginas citadas “ut supra”, habida cuenta de la ausencia de “quelle”.

    Más fuentes: Llarch cita (Págs. 141 y 142) otra versión, narrada por el chófer Graves (¡vaya apellidito! para el conductor de un cadáver) a Cánovas Cervantes, Don Ni-ni, que le tildó Unamuno. Viejo conocido de la Biblioteca Fantasma. Sería en ‘La Tierra’ o en el cielo, pero Llarch oculta siempre sus cartas. Recoge el impagable testimonio del Dr. Bastos Ansart, que pienso ya todos sabréis de él, por castizo y publicado (Pág. 145). Y ... si ... tras mucho insistir, nuestro bizarro autor consigue en Barcelona el testimonio de don José Santamaría Jaume, Jefe de Sanidad de la Columna Durruti (Págs. 159 a 162), pero aquel, el caso es que ni suelta ni pruna (“caso de saberlo tampoco se lo diría”) ni menta, en absoluto, a García Oliver, del cual tenemos cumplido testimonio de lo acontecido, narrado por Mera, en ‘El Eco’. Amén de lo que el propio Cipriano Mera recoge en su ‘Guerra, exilio y cárcel’.

    Del libro de Llarch, para los interesados, solo dos notitas: Recoge una encuesta de Sanz a Yoldi en el que éste refiere al de compañero de Durruti en ‘Los Solidarios’ que en el tiroteo fueron heridos él y Manzana, este último en el brazo (¡¡¡¡/!!!!). También se saca de la manga el as del pobre de Marianet, el por entonces despistado Secretario Nacional de la CNT -al que van a consultarle ocultamente a fin de revelar los presentes la auténtica versión de la muerte del sufrido Durruti-, haciéndole a éste en Madrid, cuando a esas horas (al parecer el exitus se confirmo a eso de las 4:00 del 20) soñaba el señor Rodríguez Vázquez en Valencia con los demoniettes libertarios, que no libertinos, que para todo hay clases -proletarias-.

    Creyendo pertinente refrescar, con el libro en la mano, la memoria de Sexto, sin otro ánimo que el de pasármelo bien, recibid todos mis calurosos saludos de nuevo.

    Aleardo Sforza

  9. Aleardo

    Revisito mi colección particular y, al hilo del comentario de la noche pasada, observo -sin sorpresa- que los datos y fuentes citados por Llarch en su 'Muerte de Durruti' están fusilados de la estupenda obra de Enzensberger, H.M.: El corto verano de la anarquía; paradójicamente el libro que consulto no tiene editor ni fecha de edición, pero partiendo de la base de que se publicó originalmente en 1972, pues eso ... ya sabemos de donde saca Llarch sus cartas marcadas.

    Para completistas, la entrevista de Jesús Arnal Pena, el cura "rojo" de Durruti, a tenor de las fuentes que cita Enzensberger, se realizó por Ángel Montoto Ferrer y se publicó en el Heraldo de Aragón de Zaragoza, entre el 4 y el 11 de diciembre de 1969. También cita unas ‘Memorias’ de Arnal, manuscrito inédito, páginas 91 a 99 y 106, así como una (nueva) declaración oral a Montoto en otoño de 1970. Mejor o peor, pienso que es como se deben de hacer las cosas. No repaso la obra de Enzensberger por que entiendo que engulle la de Llarch, pero me ratifico en todo lo que dije ayer.

    Saludos,

    Aleardo

  10. En el libro "yo fui secretario de Durruti" del cura Jesus Bernad (?) hay una copia del informe de un médico de Lérida que le atendió en el hospital de guerra del ¿Ritz? , donde detalla el sitio de entrada del disparo , la salida y la distancia... También una confidencia de Manzanas a Bernad una vez exiliados en Francia; así como el juramento a que obligo Federica Montseny a los testigos que iban con el en el coche para que afirmaran que no hubo accidente sino tiroteo con los fascistas.

    Insisto: libro " Yo fui secretario de Durruti"

  11. juan manzana

    tantos años . bueno , tengo bastante información que quizá quisieran tener . como es esto , soy juan manzana nieto de José . les dejo mi mail.

  12. Alain Segura

    Para Juan Manzana,

    ¿Que nos puede decir o revelar Usted?
    ¿Tiene unas informaciones que niegan el accidente?
    Un cordial saludo.

Deja un comentario

Tu dirección de correo electrónico no será publicada. Los campos obligatorios están marcados con *