Revolución xenófoba en Cataluña

03/10/2017

«Lass responsabilidades máximas [del movimiento secesionista] pesan sobre quienes crearon un problema ficticio para servir medros y ambiciones políticas»

Enrique de Angulo. Diez horas de Estat Català: reportaje del 6 de octubre.

Entonces, llegado el momento de izarse el telón del drama catalán, como siempre ocurre, la grandeza y la miseria humanas comparecerían juntas y cogidas de la mano ante el patio de butacas de la Historia. En un lado del escenario, el eterno oportunismo impúdico de los arribistas, personificado esa vez en el jefe de los Mozos de Escuadra, el comandante Pérez Farrás. Primero, adulador del dictador Primo de Rivera, promotor entusiasta de una agrupación fascista, fanático patriotero hispano, perseguidor incansable de catalanes de cualquier pelaje, enemigo furibundo de las sardanas, fóbico hasta el espasmo nervioso y la convulsión epiléptica ante la mera presencia de una señera. Poco después, y sin solución de continuidad, mano derecha de Macià, revolucionario ejemplar, separatista de firme convicción y generalísimo laureado de la revuelta contra España. En el otro extremo de la tarima, Jaume Compte, el líder de un extraparlamentario Partit Català Proletari. Compte, el maridaje fatal entre la heroicidad y el absurdo, inevitable cuando se camina sobre esa delgada línea que separa lo trágico de lo grotesco. Con la batalla perdida y los cincuenta mil máuseres del Ejército catalán rendidos ya ante trescientos soldados de reemplazo, abochornado por la indignidad de sus escamots y enronquecido de gritarles “¡cobardes!”, de pronto exclama: “¡Ahora veréis cómo muere un catalán!”.

Luego, se dirige solo a un balcón situado justo enfrente a las baterías de artillería de Batet, y allí se inmola con el pecho horadado por una descarga.

Un comentario

  • Rafa Sánchez 06/10/2017en11:48

    Compte tenía vergüenza torera.

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