Cuando la mentira no es hija de la ignorancia

23/03/2017

Al parecer, este blog es falangista y está vinculado a la Fundación José Antonio Primo de Rivera. La afirmación es tan abracadabrante que solo puedo tomármela con buen humor, aunque provenga de un señor que «simpatiza» con la izquierda abertzale; es decir, de un señor que «simpatiza» con eta y que, por supuesto, justifica la violencia aunque parezca negarlo con el subterfugio adversativo del «pero», tan pueril como la artimaña del niño que cierra los ojos para no ser visto: «Detesto la violencia, pero entiendo que la lucha armada es el recurso dictado por la impotencia».

«La puntualización que me han hecho […] no demuestra nada». Hombre, demuestro que el historiador Joan Maria Thomàs ha manipulado un documento. Esa manipulación le descalifica como historiador, y la burda naturaleza de la manipulación, la forma tan perezosa y desaliñada de mentir, le descalifica incluso como falsario. No se puede ser más cutre.

A la mentira del historiador, el periodista añade la suya propia. Ya no puede alegar ignorancia. Y cuando la mentira no es hija de la ignorancia, se envilece aún más su naturaleza ficticia convirtiéndose en herramienta propagandística. ¿Herramienta? Maticemos: arma.

3 comentarios

  • Juan Gijón 24/03/2017en10:40

    Buenos días, escribir sobre temas espinosos en el mundo de la investigación o la literatura tiene este problema. Metes la mano y sales con un par de púas debidamente incrustadas. Son las cornadas del oficio de realizar ensayos literarios sobre nuestra contienda o historiar la guerra y sus lados más oscuros. Afortunadamente existe la libertad de expresión que es algo que se confunde con el insulto en ocasiones.
    Cuando el historiador inventa queda señalado. Probablemente el científico no tenía nada que contar y de esta manera añade un “descubrimiento” que suele surgir de vez en cuando en la labor cansada de leer documentación en archivos, libros y otras fuentes. Para ahorrar trabajo se cocina un texto de un personaje polémico y así añade algo de sabor a un texto insípido. Un buen caldo tiene su tiempo y querer acelerar el proceso provoca sabores agridulces y hasta una mala digestión. Como consecuencia de ello aparecen flatulencias.
    Un saludo desde las trincheras de la educación.

  • Rafa Sánchez 24/03/2017en12:03

    Sale gratis meterse con los del bando nacional, la mayoría de los artículos sobre este tema entran dentro del subgénero onanista, solo buscan una compensación inmediata.

  • Manuel Álvarez 24/03/2017en19:05

    Estimado Sergio:

    Dejaste claro todo en la entrada anterior y ahora rematas. Seguiré leyendo este blog joseantoniano.

    Abrazo limeño.

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