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El caso Orlov (I)

07/07/2013

Boris Volodarsky. El caso Orlov: los servicios secretos soviéticos en la guerra civil española. Madrid: Crítica, 2013.

 

Quizá las líneas más determinantes de este libro sean éstas: «Tal vez haya llegado el momento de empezar a escribir una nueva historia de la guerra civil española. Ha salido a la luz multitud de documentación nueva, incluida la del Archivo Presidencial de la Federación Rusa que contiene informes secretos de inteligencia, que nos permite comprender la posición de Stalin con mayor precisión». Y más adelante: «Lamentablemente, la mayor parte del sustancial archivo de la guerra civil española aún no ha sido desclasificado por el servicio de inteligencia ruso en el extranjero (SVR), así que queda mucho por hacer para futuros historiadores».

Francia, Suiza, todo el continente sudamericano, Inglaterra, Alemania, etc., tienen ya creada su prosopografía sobre los comunistas relacionados con su ámbito geográfico. En España no existe aún nada parecido. Desconozco cuáles son las dificultades logísticas y presupuestarias de los departamentos de Historia en las universidades o de las fundaciones que tienen como ámbito de estudio los movimientos revolucionarios españoles. En cualquier caso, no deja de ser llamativa la ausencia de obras de referencia sobre el asunto, cuando ha habido tanta farfolla y pandereta alrededor de la guerra civil y de sus muertos. O de una parte de ellos.

No me quito de la cabeza un párrafo de Stephen Spender, poeta inglés que acudió a España para participar en el congreso de la Alianza de Escritores Antifascistas: «Entramos en una taberna, y de inmediato nos encontramos en esa vehemente atmósfera española llena de puertas que sólo conducen a la retórica, al absurdo, a la violencia y a la canción».

Esa «vehemente atmósfera» se encuentra en todas partes, y de ella no escapan ni los debates historiográficos sobre la guerra. El libro de Volodarsky es muy importante, pese a que en algunos aspectos contextuales esté lastrado por la dependencia del punto de vista del historiador Paul Preston, cuyo libro El Holocausto español es un tostón lleno de incorrecciones y tergiversaciones, como ya dije en La biblioteca fantasma, e indigno de la menor atención. También se echan de menos algunas explicaciones y ampliaciones, como la presencia del alemán Erich Tacke en España o por qué sostiene que el arquitecto Lacasa pudo ser uno de los asesinos de Andrés Nin. El libro también peca de la construcción de telarañas onomásticas: nombres y nombres que se tejen, organismos que cambian de abreviaturas, relaciones entre unos y otros… Todo quedaría mucho más claro si se ahorraran palabras y se crearan esquemas y diagramas. Pero, en fin, todo esto son minucias ante la cantidad de información que ofrece Volodarsky sobre la presencia rusa en la guerra.

Confieso que aún no he acabado el libro, pero no he podido resistirme a escribir ahora debido al hallazgo de datos que responden a muchísimas preguntas que nos hicimos en su día en La biblioteca fantasma. Como los malos estudiantes, he subrayado casi todo el libro por la excitación de su lectura. Mi entusiasmo por la intrahistoria de la guerra me lleva a despistarme de continuo. Hoy he pasado la mañana localizando y traduciendo la entrevista -citada por Volodarsky- que O. Gorchakov hizo a Aurora Sánchez, mujer de Jan Berzin, en la que cuenta los detalles de la detención de éste en 1937. Sigo sorprendido e irritado a la vez por el hecho de que este tipo de informaciones sean aún desconocidas no sólo para los lectores españoles, sino también para los propios historiadores.

Continuaré hablando de este libro magnífico en próximas entradas.

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