Zambra y revuelo en la cacharrería del Gijón

Fue una noche en la que bajé en moto a lo loco por la Castellana, con los gemelos por corbata y el ánimo encendido. Iba de paquete, que todo hay que decirlo. ¿A qué? A ver al amigo Petón, con la excusa de la presentación de una novela sobre Melchor Rodríguez. Fui con otro amigo, Fernando García, una de las bibliotecas más importantes en España sobre la guerra civil. Presentaba Petón a los autores de Os salvaré la vida, Joaquín Leguina y Rubén Burén, bisnieto de Rodríguez, y el aragonés hizo lo que le dio la santísima gana con nosotros. Llevaba a la concurrencia como quien sube un balón desde la medular regateando a su propia sombra y empalmando un cañardo que terminó con el esférico besando la red. Gol. Melchor Rodríguez es conocido en este sitio, pero se le resume muy fácil para quien no sepa: como director de prisiones de Madrid paró las conocidas como «sacas de Paracuellos», lo que prueba que se podrían haber evitado de haberlo querido la autoridad competente. La novela está pensada para quien quiera hacerse una idea sencilla, sin grandes complejidades, del personaje y del momento. Y eso lo consigue. Parece que va…