Furia y diversión contra los franceses

La primera edición de Contra los franceses apareció en marzo de 1980 y fue publicada de forma anónima, conforme a la tradición secular de los libelos. Concebidos con intenciones vejatorias y difamatorias, el autor había de guardarse las espaldas de quienes recibían su burla o su ira, y, en cualquier caso, de su venganza, de ahí que normalmente ocultaran su nombre a la vista del público. Los libelos pueden entenderse como «literatura de acción» debido a su capacidad de movilizar a las masas en el caso de los libelos políticos, o a predisponerlas intelectualmente en contra de un movimiento, un régimen o alguien en concreto. Quizá sea la característica definitoria de este tipo de panfletos la exageración y la deformación, envoltorios que, por otro lado, guardan una crítica seria y tenaz. Estos recursos suelen ser los propios de la sátira, y de esta forma es como están escritos muchos de ellos, aprovechando el humor como una herramienta más de la injuria, acaso la más peligrosa de ellas. Contra los franceses fue recibido con cierta conmoción y mucho interés en ciertos círculos intelectuales españoles. Manuel Hidalgo recuerda que «fue devorado con regocijo y no poca estupefacción»; Félix de Azúa, que «los aficionados se lo…