Zambra y revuelo en la cacharrería del Gijón

Fue una noche en la que bajé en moto a lo loco por la Castellana, con los gemelos por corbata y el ánimo encendido. Iba de paquete, que todo hay que decirlo. ¿A qué? A ver al amigo Petón, con la excusa de la presentación de una novela sobre Melchor Rodríguez. Fui con otro amigo, Fernando García, una de las bibliotecas más importantes en España sobre la guerra civil. Presentaba Petón a los autores de Os salvaré la vida, Joaquín Leguina y Rubén Burén, bisnieto de Rodríguez, y el aragonés hizo lo que le dio la santísima gana con nosotros. Llevaba a la concurrencia como quien sube un balón desde la medular regateando a su propia sombra y empalmando un cañardo que terminó con el esférico besando la red. Gol. Melchor Rodríguez es conocido en este sitio, pero se le resume muy fácil para quien no sepa: como director de prisiones de Madrid paró las conocidas como «sacas de Paracuellos», lo que prueba que se podrían haber evitado de haberlo querido la autoridad competente. La novela está pensada para quien quiera hacerse una idea sencilla, sin grandes complejidades, del personaje y del momento. Y eso lo consigue. Parece que va…

La ley del odio

El Ayuntamiento de Madrid ha llevado a cabo la retirada de monumentos y placas conmemorativas acorde a lo ordenado por la Ley de la Memoria Histórica, LEY 52/2007, de 26 de diciembre, por la que se reconocen y amplían derechos y se establecen medidas en favor de quienes padecieron persecución o violencia durante la guerra civil y la dictadura. Las negritas son mías. Para cumplir con la Ley 52/2007 el Ayuntamiento encargó a dedo un informe a la Cátedra de Memoria Histórica de la Universidad Complutense, presidida por Mirta Núñez Díaz-Balart. La primera placa retirada, ubicada en la calle Arrieta, era la que en 1965 se erigió en memoria de José García Vara. García Vara fue asesinado el 2 de abril de 1935, año y medio antes de que comenzara la guerra civil. La retirada de la placa, pues, no se ajusta de ningún modo a lo establecido por la Ley 52/2007. Esto es un hecho. Mi opinión es que este despropósito no se debe a la inoperancia de quienes se han llevado 17.999 euros (más IVA) para hacer la lista de expurgo, sino que está motivado por cuestiones ideológicas basadas en la eliminación del contrario. Por ahora, esta eliminación se circunscribe únicamente a vestigios simbólicos….